Si yo hubiera contado la Historia

Capítulo 15 — La sospecha crece

"En el prado cálido, las miradas sobre ella se volvieron más largas."

Los días transcurrían y Yuki cumplía su promesa con esmero. Contaba cada hora, cuidaba de no excederse en ningún lugar, y ocultaba sus alas bajo su capa siempre que alguien se acercaba. Sin embargo, algo en ella empezaba a llamar la atención con mayor frecuencia. Cuando caminaba por los jardines, las flores se abrían con más fuerza a su paso y el aire a su alrededor se sentía siempre más fresco, como si llevara consigo una brisa que no pertenecía a aquel lugar.

Una tarde, mientras las demás hadas descansaban bajo el sol, Rosetta se acercó a ella y la miró con una expresión seria, sin la amabilidad acostumbrada.

—Yuki, debo preguntarte algo —le dijo con voz baja—. Cada vez que apareces, todo cambia. El aire se refresca, las flores se cubren de un brillo extraño… y he visto que a veces, cuando crees que nadie te mira, tus alas brillan con dos luces distintas. No es como las nuestras. ¿Qué eres?

El corazón de Yuki dio un vuelco en su pecho, pero se obligó a mantener la calma. Apretó levemente el cristal que llevaba escondido y respondió con suavidad, sin levantar la mirada demasiado.

—Soy igual a ti, Rosetta. Solo… quizás tengo una forma distinta de ver y sentir las cosas. No es nada extraordinario.

—No estás respondiendo a mi pregunta —insistió ella, acercándose un poco más—. Ninguna de nosotras tiene lo que tú llevas dentro. Y tú lo sabes. Hay algo que ocultas. Algo que nos mantiene alejadas de conocerte de verdad.

Yuki sintió el peso de aquellas palabras. Sabía que Rosetta no le hacía daño a propósito, simplemente veía lo que era evidente para quien prestaba atención. Y sin embargo, no podía decírselo. No podía arriesgarse a que su secreto se esparciera como el viento.

—Lo que llevo dentro es algo que debo guardar —respondió Yuki con voz firme pero amable—. No por maldad ni por desconfianza hacia ti. Sino porque hay cosas que aún no están listas para ser dichas. Te pido que tengas paciencia conmigo. Algún día… quizás entonces podré contártelo todo.

Rosetta la miró largo rato, confundida y a la vez compasiva. Al final asintió despacio.

—Espero que ese día llegue pronto. Porque no me gusta sentir que te conozco y al mismo tiempo no sé quién eres en verdad.

Yuki se alejó en silencio, con el corazón encogido. Aquella conversación le había demostrado que cada día era más difícil ocultarse. Que su naturaleza quería salir a la luz, y que tarde o temprano tendría que elegir entre seguir callada o arriesgarlo todo.

"Cada sospecha era una sombra que amenazaba con acercarse demasiado."




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