Si yo hubiera contado la Historia

Capítulo 16 — El consejo de la reina

Yuki intentó guardar silencio, pero su corazón hablaba por ella.

Esa misma tarde, Yuki buscó refugio junto a su madre. Sabía que la Reina Clarion también cargaba con aquel secreto, y que quizás ella podría darle la guía que tanto necesitaba. La encontró sentada bajo la sombra de un gran roble, observando el horizonte con una expresión llena de melancolía.

Al ver llegar a su hija, Clarion le sonrió con ternura y le hizo seña de sentarse a su lado.

—Te veo inquieta, hija mía —le dijo acariciándole suavemente la mano—. Algo te pesa en el pecho. ¿Quieres hablarlo?

Yuki miró a su madre, a esos ojos que brillaban con luz cálida y serena, y sintió que las palabras se le atoraban en la garganta.

—Madre… cada día me cuesta más ocultarme. Me preguntan quién soy. Por qué soy distinta. Y siento que si no digo la verdad pronto, empezarán a desconfiar de mí. Quizás incluso a temerme. ¿Hasta cuándo debo callar? ¿Hasta cuándo debo fingir que soy igual a todas, cuando sé que no lo soy?

Clarion guardó silencio un instante, mirando hacia el norte, hacia donde se alzaba el bosque invernal. Suspiró hondo y luego posó su mirada sobre Yuki.

—Entiendo tu dolor —le dijo con voz suave y pausada—. Creer que debes ocultarte duele más que cualquier castigo. Pero escúchame bien: hay momentos en que la verdad no protege, sino que pone en peligro lo que más amas. Si ahora se supiera quién eres, si se descubriera lo que significas… todo lo que hemos cuidado durante años podría desmoronarse. Habría miedo. Habría juicio. Y quizás, también, intentarían separarnos para siempre.

Apretó con suavidad la mano de su hija y añadió con firmeza:

—No digas nada todavía. Espera. El momento adecuado llegará cuando menos lo esperes, y entonces sabrás exactamente qué hacer. Mientras tanto… ten paciencia. Oculta lo que debas ocultar. Y confía en que este silencio que llevas no es prisión, sino protección.

Yuki escuchó aquellas palabras y sintió cómo su corazón se aliviaba un poco. Su madre no le pedía que dejara de ser ella misma, sino que esperara el momento justo para mostrarse. Asintió despacio.

—Esperaré. Y callaré. Pero madre… dime: ¿algún día podré ser yo misma ante todos? ¿O viviré siempre escondiendo una parte de mí?

Clarion la abrazó con fuerza y le susurró al oído:

—Eres luz y eres escarcha. Nadie puede pedirte que renuncies a ninguna de las dos. Algún día, cuando los mundos aprendan a mirarse sin temor, podrás ser ambas cosas a la vez. Solo entonces… serás libre por completo.

Y supo que callar era también una forma de amar.




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