Si yo hubiera contado la Historia

Capítulo 18 — La promesa bajo la nieve

Una vez, Yuki se retrasó más de lo debido y el dolor apareció.

Cuando Yuki cruzó la frontera hacia el bosque nevado, Milori la esperaba con esa calma serena que solo él parecía tener. Al verla, notó de inmediato que algo había cambiado en su mirada. Estaba más seria. Más reflexiva. Como si hubiera crecido de golpe en tan solo unos días.

—Algo te ha ocurrido —le dijo tomándola entre sus brazos y mirándola a los ojos—. Lo leo en tu semblante. ¿Te han hecho daño? ¿Te han descubierto?

Yuki negó con la cabeza y apoyó la frente en su pecho, sintiendo el alivio de estar por fin a salvo, donde nadie la juzgaba ni la temía.

—No me han descubierto —respondió ella suavemente—. Pero he escuchado cosas. Palabras que me han llenado de temor. Dicen que si alguien como yo existiera… sería apartada. Separada de todos. Dicen que rompo el orden.

Milori la abrazó con tanta fuerza que Yuki sintió que todo su ser se llenaba de su calor y su protección.

—Eso dicen quienes temen lo que no comprenden —le dijo él con voz firme y a la vez tierna—. El orden del mundo no es algo que se haya escrito para siempre. Lo cambian quienes tienen el valor de ser distintos. Y tú, hija mía, eres precisamente eso: valor hecho persona. No les des la razón. No dejes que sus miedos se conviertan en los tuyos.

La apartó un poco para mirarla a los ojos y le acarició el rostro con infinita ternura.

—Si algún día vienen por ti —le prometió con voz profunda y segura—, tendrán que pasar primero por encima de mí. Ningún rey, ninguna ley, ningún miedo ajeno tendrá poder para arrebatármela. Eres mi hija. La luz más grande que existe en mi vida. Y te protegeré incluso si debo enfrentarme a ambos mundos por ti.

Yuki sintió lágrimas llenársele los ojos, pero ya no eran lágrimas de temor. Eran lágrimas de alivio. De amor. De saber que mientras él viviera, nadie la separaría de su lado.

—Lo sé —susurró ella abrazándolo de nuevo—. Y yo… también te protegeré a ti. No dejaré que nadie te lastime por mi causa. Seré fuerte. Seré prudente. Y esperaré. Algún día… podremos caminar juntos sin escondernos.

Milori no respondió con palabras. Solo la apretó contra sí y permanecieron así largo rato, bajo la nieve que caía suave y silenciosa, sellando entre los dos una promesa que ni el tiempo ni las leyes podrían romper.

Comprendió entonces que su cuerpo también tenía límites sagrados.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.