Si yo hubiera contado la Historia

Capítulo 19 — El invierno en el corazón

Milori sintió que algo no andaba bien mucho antes de verla llegar.

Los días que Yuki pasaba en el bosque invernal eran los más tranquilos de su vida. Allí no debía ocultarse. Allí sus alas podían brillar con toda su fuerza, mitad flores y mitad hielo, sin que nadie la mirara con extrañeza ni temor. Solo él la veía. Solo él la conocía por completo.

Una mañana, mientras caminaban juntos por un valle cubierto de nieve virgen, Yuki se detuvo y miró a su alrededor. Todo era silencio y blancura. El aire estaba tan puro que parecía limpiarle el alma con cada respiración.

—Papá —dijo ella suavemente—, aquí me siento yo misma. Como si una parte de mí hubiera vivido siempre en este lugar. ¿Por qué no puedo estar aquí siempre? ¿Por qué debo irme?

Milori se detuvo a su lado y miró el horizonte donde las montañas se alzaban cubiertas de escarcha. Suspiró antes de responder, como si cada palabra le costara un esfuerzo inmenso.

—Porque tú eres también de allá, hija mía. Tu corazón lleva la luz de tu madre y la calidez de su mundo. Si te quedaras aquí demasiado tiempo, el frío empezaría a herirte. No porque te odie… sino porque no fuiste hecha para vivir en un solo lugar. Fuiste hecha para llevar ambos mundos dentro de ti. Y eso significa que debes aprender a caminar entre los dos, sin quedarte en ninguno para siempre.

Yuki bajó la mirada hacia sus manos, que descansaban libres sobre la nieve sin sentir frío ni dolor.

—Es difícil —confesó con voz pequeña—. Amar dos lugares y no poder pertenecer a ninguno del todo.

—Lo sé —respondió él suavemente, poniéndole una mano sobre el hombro—. Pero piénsalo así: llevas ambos mundos en tu pecho. Dondequiera que estés, llevas contigo el invierno y la primavera. No necesitas estar en un lugar para pertenecerle. Lo llevas en el alma. Para siempre.

Yuki pensó en aquellas palabras mientras regresaban al refugio. Comprendió entonces que su verdadero hogar no era un terreno ni un clima. Era aquello que llevaba dentro. Era el amor de sus padres, unido en ella. Y mientras lo llevara consigo, nunca estaría lejos de casa, sin importar en qué lado de la frontera se encontrara.

Y el miedo de perderla fue más fuerte que cualquier otra cosa.




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