Si yo hubiera contado la Historia

Capítulo 24 — El nuevo refugio

El lugar elegido era un rincón escondido entre árboles altos y silenciosos..

El lugar que Milori eligió era un rincón escondido entre montañas, donde los árboles eran tan altos y tan juntos que apenas dejaban ver el cielo. El suelo estaba cubierto de musgo blanco y nieve suave, y un pequeño arroyo corría en silencio, como si también supiera guardar secretos. Allí nadie llegaba. Allí el mundo parecía olvidarlos.

—Aquí estamos a salvo —le dijo él tomándole la mano—. Nadie se atreve a subir tan lejos. Creen que el frío es demasiado fuerte y que el bosque está lleno de peligros. Nadie sabe que tú eres la única que puede caminar por aquí sin daño.

Yuki miró a su alrededor. Se sentía protegida. Los árboles los guardaban. El silencio los cuidaba. Y él estaba allí, junto a ella, respirando el mismo aire, bajo el mismo techo de ramas y estrellas.

—Es hermoso —susurró ella—. Es como un hogar escondido.

—Es nuestro hogar, mientras debamos vivir ocultos —respondió él—. Pero escúchame bien: el camino hasta aquí es largo. Y cada paso que das expone tu ausencia. Debes calcular bien el tiempo. Debes irte antes de que amanezca. Debes regresar cuando aún todos duerman. Si te retrasas, si te buscan y no te encuentran… empezarán a esperar tu regreso. Y entonces, te vigilarán con más fuerza que antes.

Yuki lo escuchó con atención, grabando cada palabra en el corazón. Sabía que él no se lo decía por miedo, sino por amor. Que cada advertencia era una forma de cuidarla. Que si algo le ocurría, sería él quien más sufriría.

—Lo haré bien —prometió ella—. Calcularé el tiempo. Saldré cuando todos duerman profundamente. Regresaré antes de que despierte el sol. Nadie sabrá que me fui. Nadie sabrá a dónde fui.

Milori la atrajo hacia sí y la abrazó con fuerza, como si quisiera grabar su calor en el pecho de ella para el camino de vuelta. Y en aquel rincón escondido, entre el murmullo del arroyo y el silencio de los pinos, padre e hija sellaron su nuevo pacto: se verían en la sombra, en lo alto, en el lugar donde nadie llegaría. Y se cuidarían mutuamente, sin importar cuánto costara.

Y allí sellaron su pacto: se protegerían sin importar qué viniera.




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