Si yo hubiera contado la Historia

Capítulo 25 — El peso del silencio en casa

En el prado, las preguntas empezaron a llegar de forma suave.

Los días siguientes fueron pesados para Yuki. En el prado cálido, las miradas sobre ella se hacían cada vez más frecuentes. Las conversaciones se interrumpían cuando ella llegaba. Las preguntas, aunque suaves, eran insistentes.

Una tarde, mientras descansaba junto a la ventana de su habitación, escuchó que alguien llamaba a la puerta. Era Rosetta. Entró con paso lento y semblante serio. Se sentó a su lado y permaneció en silencio un momento, como buscando las palabras adecuadas.

—Yuki —dijo al fin con voz suave—, sé que hay algo que no me cuentas. Sé que desapareces de noche. Sé que regresas al amanecer, cansada y con ropa empapada de rocío o escarcha. No te pregunto para hacerte daño. Te lo pregunto porque me preocupo por ti. ¿A dónde vas? ¿Quién te espera allá fuera?

Yuki sintió que el corazón se le encogía. Quería decírselo. Quería confiar en ella. Quería decirle que su padre era Lord Milori, que vivía aquel secreto por amor, que cada despedida le partía el alma. Pero sabía que no podía. Que si hablaba, pondría en peligro a todos. Que incluso la persona más bondadosa podría temer lo que no entendía.

—Voy a un lugar que debo visitar —respondió Yuki con voz tranquila, aunque por dentro temblaba—. No puedo decirte dónde. Ni con quién. No porque no confíe en ti. Sino porque aún no es el momento. Y si lo supieras ahora… también a ti te pondrían en peligro.

Rosetta la miró con tristeza.

—¿No confías en mí lo suficiente para saber que guardaría tu secreto?

—Confío en ti más de lo que imaginas —dijo Yuki tomándole la mano—. Pero hay cosas que no dependen solo de mi confianza. Hay vidas que proteger. Amores que deben vivir en silencio para no ser destruidos. Por favor… ten paciencia conmigo. Algún día, cuando todo esté seguro, te contaré cada detalle. Hasta entonces… ayúdame guardando silencio. Si te preguntan por mí, di que duermo. Di que estaba contigo. Di lo que sea necesario para que no me descubran.

Rosetta apretó su mano y asintió despacio.

—Lo haré. Te protegeré. Pero te pido una cosa: ten cuidado. Hay quienes hablan de ti con malicia. Dicen que traes algo extraño entre nosotras. Que cambias las cosas a tu paso. Ten mucho cuidado. Porque si te descubren… no serán tan amables como yo.

Yuki asintió con lágrimas en los ojos. Aquel era el precio de su amor: vivir en silencio. Que incluso sus amigos debieran guardar silencio por ella. Y prometió en su corazón que algún día, cuando ya no fuera peligroso, les contaría todo. Que les mostraría que lo que llevaba dentro no era peligro ni extrañeza… sino amor.

Y calló, porque sabía que su silencio era también amor.




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