La Reina Clarion llamó a su lado con semblante serio y triste.
Los días pasaban y la tensión crecía como sombra alargada. Las miradas sobre Yuki eran cada vez más insistentes. Las preguntas, más directas. Nadie decía abiertamente que sospechaban, pero todos la observaban esperando que cometiera un desliz.
Una tarde, Clarion llamó a Yuki a su lado. La miró con seriedad y tristeza a la vez, como si cargara con un peso que apenas podía sostener.
—Han venido a hablarme —le dijo suavemente—. Le han dicho que hay una joven que desaparece de noche y regresa al amanecer. Que lleva en sí algo que no pertenece a este lugar. Quieren saber quién eres. De dónde vienes. Y a dónde vas.
El corazón de Yuki dio un vuelco, pero se obligó a mantenerse tranquila.
—¿Y qué les has dicho?
—Les he dicho que eres mi hija. Que tu corazón es libre y que caminas donde quieres. Que no hay nada que explicar. Pero no les ha bastado. Dicen que si sigues desapareciendo, te seguirán. Que descubrirán a dónde vas. Y si descubren con quién te reúnes… todo se romperá.
Clarion tomó las manos de Yuki entre las suyas y le habló con voz firme y llena de temor:
—Escúchame bien, hija mía. Si te descubren, no dudarán en culparlo a él. Dirán que ha venido a tentarte. Que ha roto las leyes por ti. Y entonces… lo apartarán de su pueblo. Le prohibirán volver a cruzar la frontera. Quizás algo peor. Tú debes cuidarlo. Con tu silencio, con tu prudencia, con tu cuidado. Porque si caes tú… caerá él también.
Yuki sintió aquellas palabras como hielo en el pecho. Comprendió entonces que su secreto no era solo suyo. Era también la protección de él. Y que si hablaba o se descuidaba, con una sola palabra podría destruirlo todo.
—Lo protegeré —prometió ella con voz quebrada pero firme—. No diré nada. No haré nada que lo ponga en peligro. Si debo dejar de verlo un tiempo… lo haré. Pero no permitiré que nadie le haga daño.
Clarion la abrazó con fuerza, y en aquel abrazo Yuki sintió que su madre también temía. Que también cargaba con el mismo miedo. Y comprendió que el amor de sus padres, aunque hermoso, era también algo frágil. Y que ella debía ser su fortaleza.
Y supo entonces que su secreto no era solo suyo, sino de todos.