Si yo hubiera contado la Historia

Capítulo 29 — El silencio que llega tras la despedida

Los días siguientes fueron los más largos que Yuki hubiera vivido

Los días siguientes fueron los más difíciles que Yuki hubiera vivido jamás. Antes, al menos tenía la esperanza del encuentro. Contaba los días sabiendo que pronto lo vería. Ahora… solo quedaba esperar. Sin fecha. Sin certeza. Sin saber cuándo volvería a escuchar su voz.

Cada noche, cuando todos dormían, salía al jardín y miraba hacia el norte. Buscaba aquella estrella solitaria sobre el pino más alto. Algunas noches la veía brillar suavemente, y entonces su corazón se aliviaba un poco: él estaba allí. Cerca. Bien. Otras noches el cielo estaba cubierto y no podía verla, y entonces sentía que el pecho se le partía en dos, temiendo que algo le hubiera ocurrido, temiendo que se hubiera olvidado de ella.

Pero no fue solo la ausencia lo que la lastimó. Fue también el silencio que lo rodeaba todo. Sin reuniones, sin caminos, sin secretos que compartir, se sentía vacía. Caminaba entre las demás hadas escuchando sus risas y conversaciones, y se sentía como una extraña en su propio mundo. Nadie sabía lo que llevaba dentro. Nadie sabía que cada noche miraba hacia el norte esperando una señal. Nadie sabía que su corazón vivía al otro lado de la frontera, escondido entre la nieve.

Una tarde, Rosetta se acercó y la miró con preocupación.

—Te veo diferente —le dijo suavemente—. Como si hubieras perdido algo muy valioso. ¿Has dejado de ir a ese lugar? ¿Te han prohibido ver a esa persona?

Yuki asintió despacio, sin poder contenerse más, y las lágrimas se le escaparon de los ojos.

—Sí —respondió ella con voz quebrada—. Hemos tenido que separarnos. Porque si nos descubren… nos destruirían. Y ahora solo puedo esperar. Y mirar al cielo. Y rezar para que estuviera bien.

Rosetta la abrazó sin hacer preguntas más. La sostuvo mientras lloraba en silencio, y le prometió que estaría a su lado. Que la ayudaría a vigilar. Que cuando él volviera, ella sería la primera en saberlo. Y en aquel abrazo, Yuki comprendió que no estaba tan sola como creía. Que incluso en medio del secreto y el peligro, había amor que la sostenía.

Y aprendió que esperar también es una forma de amar.




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