Si yo hubiera contado la Historia

Capítulo 33 — El equilibrio recuperado

Yuki volvió a encontrar su ritmo entre los dos mundos.

Los días siguientes se volvieron suaves, como el aire que ahora ya no parecía vigilarlos. Yuki recuperó su ritmo: veinte días en el prado cálido, veinte en el bosque invernal, contando cada jornada con cuidado, respetando siempre los límites que protegían su vida. El cristal sobre su pecho brillaba con luz constante, recordándole quién era y a dónde pertenecía.

Cuando estaba en el bosque, Milori la llevaba consigo a lugares que nadie más conocía: cascadas de hielo que cantaban al viento, valles cubiertos de flores blancas que florecían solo bajo la nieve, rincones donde el sol del invierno caía suave y dorado sobre las ramas. Le enseñaba a escuchar el bosque, a leer el cambio de estación, a saber cuándo el frío se volvería fuerte y cuándo cedería paso a días más suaves.

—Tu cuerpo debe aprender a sentir el tiempo sin necesidad de contar cada hora —le decía mientras caminaban—. Debes saber cuándo es momento de irte, antes de que el dolor empiece a formarse. Tu naturaleza te avisará si la escuchas. Confía en ti misma. Confía en lo que llevas dentro. Eres ambas cosas, Yuki. Aprende a vivir como tal.

Yuki aprendió. Aprendió a sentir cuándo el calor empezaba a pesarle demasiado. Aprendió a saber cuándo su alma pedía el frío, sin que nadie tuviera que recordárselo. Y en aquel equilibrio recuperado, sintió por fin que su vida dejaba de ser una lucha entre dos mundos para convertirse en algo propio: un camino que ella misma construía, un paso en cada lugar, un corazón latiendo en dos tiempos a la vez, sin romperse jamás.

Y comprendió que pertenecía a ambos, sin tener que elegir.




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