Si yo hubiera contado la Historia

Capítulo 36 — Los días en calma

Por un tiempo, la paz envolvió sus vidas como un manto suave.

Pasaron las semanas y la vida pareció aquietarse por fin. Yuki cumplía su tiempo en cada lugar sin prisas, sin miedo, sin que nadie vigilara cada uno de sus pasos. En el prado cálido, las hadas la saludaban con naturalidad; ya no la miraban con desconfianza ni la interrogaban sobre sus ausencias. Habían aprendido a respetar su silencio, su forma de ser, esos momentos en que se apartaba sola para mirar hacia el norte con una sonrisa suave y lejana.

Cuando estaba junto a él, el tiempo parecía correr más despacio. Caminaban juntos por los senderos del bosque nevado, y Milori le hablaba de las estaciones, de cómo todo cambia y sin embargo permanece igual en el fondo. Le enseñó a reconocer las señales del cielo, el viento que anuncia nieve, el brillo que avisa días tranquilos. Yuki aprendió a leer el mundo igual que él: con calma, con sabiduría, sin temor a lo que cambia.

—Nada se mantiene igual para siempre —le decía él mientras contemplaban caer los copos—. Y sin embargo, nada se pierde del todo. Lo que es tuyo, lo que llevas en el alma… siempre regresa a ti. Igual que tú vuelves a mí.

Yuki escuchaba y guardaba cada palabra en el corazón. Aquellos días de calma no eran solo descanso. Eran también preparación. Como si ambos supieran que la paz no duraría para siempre, y que debían fortalecerse mientras pudieran, para cuando llegaran de nuevo las tormentas. Pero por ahora… solo vivían. Solo amaban. Solo estaban juntos. Y era suficiente.

Y se prometieron que ningún tiempo ni distancia los separaría jamás.




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