Siblings Forever

"Hermanos para Siempre I"

-Érase una fría velada, hace tantos años que cayó en el olvido, una de tantas casas entre los árboles. Destacaba por sus colores suaves entre la oscuridad de la noche y la incesante lluvia. La paz permanecía en el entorno como el aroma a tierra húmeda que no se marcharía, mientras que los residentes de aquel hogar estaban en los brazos de Morfeo, sin ninguna preocupación. Sin embargo, no todos lograron conciliar el sueño debidamente esa noche.

¡Mamá! ¡Papá!

¡Auxilio! ¡Ayúdenme!

Gritos desesperados rebotaron a través de las paredes de aquel hogar, extendiéndose rápidamente a los oídos de todos los presentes, quienes pronto acudieron a ese cuarto con los rostros llenos de preocupación. Entonces vieron a su pequeño hijo menor, acurrucado bajo las cobijas azules de su cama sin dejar de exclamar con temor. Así que, la mujer con incertidumbre se acercó lentamente al pequeño, para quitarle la tela de encima, de inmediato fue abrazado por los regordetes brazos de su hijo de ocho años, quien lloraba sin cesar.

—¡Mamá! ¡Papá! ¡Hay alguien ahí! — chilló señalando frenéticamente hacia una esquina sombría de su habitación.

Ambos adultos voltearon hacia dicho lugar, siendo suavemente deslumbrado por los relámpagos en el exterior, el padre del infante, con movimientos lentos encendió la luz del cuarto. Sin embargo, no había nada, simplemente una silla con algunos libros y toallas, por lo que la madre se dedicó a consolar a su pequeño, quien insistía en lo que había visto, así que no logró conciliar el sueño de nuevo, sino que se mantuvo despierto mientras temblaba sujetando sus cobijas azules. Debido a esto, su madre bajó a la cocina para prepararle leche tibia para ayudarlo a dormir, su padre, quién estaba exhausto de tanto trabajar regresó a la cama, murmurando entre dientes como lo había asustado; aquel niño sólo se quedó en un rincón de su cama mientras intentaba esconderse incluso de la lluvia del exterior con su cobija. De repente, unos pasos se acercaron, creyó que era su madre, pero se encontró con un rostro similar al suyo que lo llenó de alegría.

— Hola hermanito, ¿Cómo te sientes? — preguntó un muchacho de cabellos castaños y ojos grises, asomándose con una sonrisa por el marco de la puerta.

Ante esto el pequeño infante de inmediato se sentó en la cama, se quitó la cobija y le sonrió con emoción, lleno de alivio— ¡Jake!... No, no me siento bien— respondió con duda.

Debido a su reacción, Jake, el hermano mayor de la familia, se acercó con curiosidad hacia su cama, viendo gracias a los relámpagos a través de la ventana, la mirada asustada de su hermanito. Luego de sentarse en la cama, una vez más le preguntó cómo se sentía, sin respuesta, así que lo invitó a explicar lo sucedido en su mente tan profunda.

— Es que... Ví algo horrible, tenía mucho miedo.... Todo estaba muy oscuro... Había muchos gritos... Y eso estaba ahí, una cosa enorme, enorme, enorme— relató el niño, su voz temblorosa y llena de temor, usando sus manos para lograr expresarse y ser entendido— Además, esa... Cosa, tenía ojos azules enormes, no dejaba de mirarme... Mamá y papá no me creen... Pero es verdad, estaba ahí, estaba ahí.

A pesar de su preocupación, el joven de cabellos castaños sólo pudo soltar un suspiro, con la mirada desviada, pero luego la regresó a la pequeña figura frente a él— ¿Estás seguro? — preguntó en voz baja.

— ¡Si! ¡Muy seguro! — respondió de forma insistente el menor— Mamá fue a la cocina a hacerme algo de leche, después me dejará solo de nuevo, por favor, no me dejes, no quiero estar solo con esa cosa— suplicó, consumido por el miedo, aferrándose a su figura más alta.

El jovencito lo pensó varias veces, el día de mañana tendría muchas cosas importantes que hacer en la escuela, así que deseaba solo volver a la cama e ignorar esa posible pesadilla. Sin embargo, esa mirada consternada y llena de pánico en los grandes ojos de su hermanito lo convenció, por lo que apartó al niño con cuidado y lo sentó frente a él.

— Escucha Mike... Ehm... Admito que no sé cómo ayudarte, pero me voy a quedar, ¿Sí? No te dejaré solo, pero debes decirme lo que veas, sino volverás a molestar a papá— Explicó con seriedad mientras lo tomaba de los antebrazos.

— ¿Lo prometes? ¿Por el meñique? — preguntó en voz baja frente a él, luego extendió su mano hacia él y por ende su meñique izquierdo levantado.

El joven se quedó viendo su mano de forma dudosa, tomó un respiro profundo y juntó su meñique derecho con el de su hermano, pronto recobró su sonrisa anterior— Yo, Jake Parker, prometo proteger a este mocoso de la figura interestelar que apareció — declaró con orgullo y barbilla en alto como juego.

Mientras que el pequeño soltó unas risas y siguió el juego— Y yo, Michael Parker, prometo ser el espía de la noche— declaró con emoción, abandonando finalmente el pánico que lo carcomía.

Wow...

Ay pequeños niños...

Recuerden bien, las promesas no siempre son eternas...

Y la vida siempre te dará vueltas sin fin...

Tan rápido pasaba el tiempo, al igual que las hojas que caían de sus árboles con gracia al suelo, aquellos niños como polluelos rompieron sus cascarones para ver el mundo por su propia cuenta, salvo que como dicta la naturaleza y siempre lo hará, uno de esos pobres niños vino a la tierra con un defecto que le costará mucho. Ambos padres sólo podían observar a sus primogénitos dejar en el suelo pequeños sacos para dormir cada fin de semana por esos sueños, recordando el pasado con nostalgia.




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