Los Sick Boys deben de estar enterados de lo que pasa. Lo mejor que puedo hacer es ver encontrar el origen, pero determinarlo me llevará mucho tiempo para averiguarlo.
En ese momento escuchó ruidos de sirenas, me dirijo a la puerta principal. Lisandro y los miembros del equipo entran lo más rápido posible.
—Sandy , me alegro que estés bien — dice Lisandro.
—Sí, es una coincidencia que nos topemos nuevamente — digo con tono un poco irónico.
Llevó a Lisandro a una de las computadoras para que puedan analizarlo con varios de sus equipos.
—Necesito saber alguna información — digo abruptamente.
—Es el colectivo “Thyrum” , crearon su propia criptomoneda a base de transacciones fraudulentas de grandes bancos internacionales. Su moneda se considera la más poderosa, quieren competir con Bitcoin, pero no lo han logrado.
—Nunca escuche de ellos — digo.
—Es porque trabajan a profundidad. Creemos que son una secta demasiado exclusiva — dice Lisandro.
Sin duda hay colectivos de todo tipo en el mundo, pero es la primera vez que escucho uno de esta categoría.
—Crees que hay miembros del banco en esa secta — digo.
—Es posible — afirma Lisandro.
Las computadoras tardan bastante en darnos un diagnóstico certero, me siento ansiosa y nerviosa de que puede pasar. Creo que es la emoción, es la excitación de resolver un caso; me siento tan viva y con deseo de seguir viviendo la adrenalina.
—Conozco la sensación — dice Bosu.
—Disculpa —
—Esa sensación de averiguar qué pasa, saber que tienes razón y capturar lo malo. Es incomparable — dice Bosu.
Supongo que tiene razón con lo que dice. Estoy recapitulando si esto es una señal de la vida o destino para que yo tenga que formar parte de los Sick Boys.
—Lo tenemos — dice Lisandro.
La computadora muestra que la fuente de origen viene de un teléfono corporativo. Lo cual eso me parece absurdo, la mayoría de empresas y principalmente del giro bancario deben proteger sus dispositivos ante cualquier ataque cibernético, la única forma de lograr eso es que alguien interno plantará el virus en una aplicación o archivo.
—Eso es imposible — digo.
—Sí, conocemos que la mayoría de políticas internas de ciberseguridad no se puede romper solo así — dice Lisandro.
La computadora muestra que tenemos al menos dos horas para poder resolver esto.
—¿Cómo encontramos quien filtró la información?
—Es casi imposible, son muchos dispositivos — dice Lisandro.
—La computadora del jefe tenía un sistema inalámbrico — digo.
En ese momento el equipo y yo corremos a la oficina. La computadora seguía allí, pero el dispositivo no.
—Carajos — digo.
—Creo que el jefe está involucrado — dice Lisandro.
—No es posible— digo.
—Tengo una llamada de Lepta — indica Lisandro.
Coloca el dispositivo en el altavoz.
—Dame nuevas noticias Lepta — indica Lisandro ansioso.
—No es un virus, es simplemente un malware, pero no hay amenaza real — indica Lepta.
—Explica eso — dice Lisandro.
—Resulta que lo que vemos en los dispositivos solo es manipulación, pero no es un virus dañino, esto es la distracción solamente. Al parecer están desviando fondos electrónicos a diferentes criptomonedas a cuentas irrastreables — dice Lepta.
—El único lugar en dónde no se han infiltrado sería en la bóveda de depósitos electrónicos — digo.
—El único lugar en dónde no entraría, más que de la forma más común — dice Lisandro.
Yo y los Sick Boys nos dirigimos a la bóveda electrónica. Es como las bóvedas que se guarda el oro, pero en este se encuentran todos los activos digitales de los clientes o los que desean guardar su capital en un lugar más seguro. Esta protegido por innumerables capas de protección cibernética y lo peor de todo es que si desean hacer transacciones, necesitan autorización del jefe.
Al llegar a la bóveda, podemos ver que está abierta. Lisandro y Bosu sacan sus armas por si son hostiles las personas que están adentro. Entran lentamente mientras vigilamos los alrededores, podemos ver la computadora central conectada a algo.
—¿Qué es el dispositivo externo?
—Posiblemente algo para rastrear las transacciones o están hurtando datos para chantajear a los clientes — dice Bosu.
Me acerco a la computadora para ver qué está haciendo. En ese momento escuchó el ruido de unos pasos acercándose, mi jefe trató de golpearme con una silla de plástico, pero logró quitarme. Bosu lo golpea en la rodilla para ponerlo de rodillas y poderlo someter.
—Es increíble que haga esto — digo.
—Solo hice lo necesario por mis hermanos — dice.
—La secta — réplico.