No me preguntes cómo me siento.
Porque, lo más seguro, es que te diga “bien”.
Y aunque esa palabra suene firme,
por dentro sea una completa mentira.
Diré que comí, aunque no haya probado bocado.
Y si insistes en saber qué comí,
te recitaré un menú imaginario,
uno que me he aprendido de memoria
para que no hagas más preguntas.
He perfeccionado el arte de mentir,
como si de eso dependiera mi paz.
No me preguntes si he dormido,
porque te diré que sí,
que más de ocho horas, incluso.
Pero la verdad es que no he dormido
ni la mitad de eso.
Mi mente no descansa,
mi cuerpo tampoco.
No me preguntes cómo han sido mis días.
Te pintaré escenas felices,
te contaré anécdotas absurdas,
sonreiré como si el mundo fuera perfecto.
Mis palabras lanzarán confeti,
cuando en realidad deberían llover lágrimas.
Un torrente capaz de arrasar con todo,
como mi tristeza que se desliza sin freno.
No me preguntes si tengo amigos.
Te recitaré una lista extensa,
nombres y más nombres,
pero todos son máscaras.
La verdad es que a veces
ni yo me tengo a mí misma.
No me preguntes cómo estoy.
Porque fingir se ha vuelto mi idioma.
Porque responder con alegría vacía
es más fácil que explicar este caos interno.
La mayoría pregunta por cortesía.
No por interés real,
no por querer cargar un poco de este peso.
Y los que de verdad quieren saber,
los que lo preguntan con el corazón,
también recibirán la misma mentira.
¿Sabes por qué?
Porque aunque lo diga, aunque lo explique,
aunque lo grite con detalles,
no lo entenderías.
No sentirías lo que siento,
no podrías cargar este nudo que llevo en el pecho,
ni las noches sin sueño,
ni las lágrimas que no se ven.
No podrías vivir mi dolor,
ni cambiar nada.
Lo único que pasaría
es que tú sabrías lo que a mí me destroza.
Y entonces, ¿para qué?
¿Para que lo lleves como un secreto triste?
¿Para que se convierta en una charla sin solución?
No, gracias.
He aprendido que el silencio duele menos
que la incomprensión.
He vivido la experiencia de hablar
y sentir que no cambió nada.
Por eso te lo pido,
te lo suplico:
no preguntes.
No preguntes nada,
y menos, cómo me siento.
Porque ya estoy cansada de mentir.
Porque nunca, nunca te diré la verdad de como me siento.
ﮩ٨ـﮩﮩ٨ـﮩ٨ـﮩﮩ٨ـﮩ٨ـﮩﮩ٨ـﮩ٨ـﮩﮩ٨ـ🧠🫀ﮩ٨ـﮩﮩ٨ـﮩ٨ـﮩﮩ٨ـﮩ٨ـﮩﮩ٨ـﮩ٨ـﮩﮩ٨