Érase una vez, hace aproximadamente 13.800 millones de años, cuando el universo observable que se conoce hoy en día comenzó como una pequeña partícula —mucho menor que un protón— comprendida en un campo de energía interna conocido como Inflatón, donde el tiempo funcionaba de manera acelerada.
El cosmos estaba comprimido, pues toda la materia se hallaba concentrada en un mismo lugar, con regiones coordinadas bajo una misma temperatura y densidad. A medida que este universo naciente se expandía y enfriaba, el Inflatón alcanzó una temperatura crítica, lo que provocó que se congelara de forma repentina. Fue entonces cuando dicha partícula atravesó una fase de transición, incrementando su tamaño hasta alcanzar el de una pelota de fútbol. Con apenas un nanosegundo de edad, comenzó a expandirse a un ritmo mucho más lento.
Como consecuencia de ello, surgieron fluctuaciones que impidieron que el universo fuera completamente uniforme. Gracias a esto existen galaxias, estrellas, cometas, nebulosas, meteoritos, asteroides, agujeros negros y, desde luego, los famosos planetas. Hasta aquí, todo ocurre de acuerdo con lo que establece la ciencia. ¡Pero cuidado!, porque es a partir de este punto cuando sucede un acontecimiento que muchos desconocen por completo: la vida en el espacio.
Editado: 02.08.2026