Siempre encontramos el camino de vuelta

Capitulo Uno

La primera vez que pensé que podía perder a Dylan fue una noche cualquiera.

Y eso fue lo más injusto de todo.

Porque las cosas importantes nunca avisan.

Empiezan mientras elegís qué comer.

Mientras discutís por un postre.

Mientras decidís si pedir otra copa de vino.

El restaurante era exactamente el tipo de lugar que yo habría elegido.

Luces cálidas.

Música de piano apenas audible.

Mesas lo suficientemente separadas como para creer que cada pareja tenía el mundo entero para sí.

—¿Vas a pedir lo mismo de siempre? —preguntó Dylan sin levantar la vista del menú.

Sonreí.

—No. Hoy quiero sorprenderte.

—Eso me preocupa un poco.

—Qué exagerado.

—La última vez que dijiste eso terminamos comiendo pulpo.

—Y sobreviviste.

—De milagro.

Reí.

Él también.

Siempre era así.

Con Dylan todo parecía sencillo.

Tan sencillo que una parte de mí desconfiaba.

No de él.

De la tranquilidad.

Porque las cosas demasiado tranquilas suelen romperse de golpe.

Apoyé los codos sobre la mesa.

Empecé a contarle una historia absurda que me había pasado esa mañana.

Él escuchaba.

Asentía de vez en cuando.

Hasta que dejó de hacerlo.

No fue brusco.

Fue apenas un cambio.

Una distracción mínima.

Primero respondió con un "ajá".

Después con un "mmm".

Y finalmente dejó de responder.

Su mirada pasó por encima de mi hombro.

Una vez.

Dos.

Tres.

Esperé.

Pensé que volvería.

No volvió.

Giré apenas la cabeza.

Había una mujer unos metros detrás de mí.

Elegante.

Segura de sí misma.

Conversaba con otras personas mientras revisaba unos documentos.

Volví a mirarlo.

Seguía observándola.

Sentí un pinchazo diminuto en el pecho.

No era celos.

Todavía no.

Era algo peor.

La sensación de haber desaparecido de la conversación.

—¿Dylan?

No respondió.

Parecía estar pensando muy lejos de esa mesa.

Apoyé despacio los cubiertos sobre el plato.

El sonido lo hizo volver.

—¿Qué pasó?

Lo observé unos segundos.

Buscando alguna explicación en su cara.

No encontré ninguna.

—Cambiemos de lugar.

Frunció el ceño.

—¿Ahora?

—Sí.

No preguntó por qué.

Simplemente se levantó.

Intercambiamos los lugares.

Ahora era él quien tenía una vista perfecta del salón.

Y yo podía verlo a él.

Eso era suficiente.

Bastó menos de un minuto.

Volvió a mirarla.

Después otra vez.

Después una tercera.

No era casualidad.

La estaba buscando.

Respiré hondo.

Muy hondo.

—¿Se puede saber qué tiene esa mesa que no tiene la nuestra?

Esta vez tardó demasiado en responder.

Como si estuviera ordenando algo dentro de su cabeza.

—¿Podés hacerme un favor?

Lo miré sin decir nada.

—¿Podrías ir al baño cinco minutos?

Creí no haber escuchado bien.

—¿Perdón?

—Solo cinco minutos.

El estómago se me cerró.

—¿Para qué?

Él volvió a mirar a la mujer.

Después a mí.

—Necesito hablar con ella.

El mundo siguió exactamente igual.

La música.

Los mozos.

Las conversaciones.

Las copas.

Pero yo dejé de escuchar todo.

Solo existía esa frase.

"Necesito hablar con ella."

Sonreí.

Una sonrisa pequeña.

Cansada.

—Entiendo.

Él pareció relajarse.

Pensó que realmente había entendido.

Qué ironía.

Jamás nos habíamos entendido menos que en ese instante.

Tomé mi cartera.

Me puse de pie.

Él hizo lo mismo.

—Ali...

Negué con la cabeza.

No quería llorar ahí.

No delante de desconocidos.

Lo miré unos segundos.

Esperando.

No sabía exactamente qué esperaba.

Quizás una explicación.

Quizás un "esperá".

Quizás cualquier cosa que me hiciera sentir otra vez parte de su mundo.

No llegó.

—Siempre pensé que eras distinto.

Mi voz sonó increíblemente tranquila.

Demasiado tranquila.

—Eso era lo que más admiraba de vos.

Él abrió la boca.

—No es lo que parece.

—No.

Lo interrumpí con una sonrisa triste.

—Nunca lo es.

Me di vuelta.

Y empecé a caminar hacia la salida.

No corrí.

No hice una escena.

Solo caminé.

Porque cuando una persona se rompe de verdad...

casi siempre lo hace en silencio.

Y Dylan todavía no sabía que, sin querer...

acababa de abrir la primera grieta de una historia que ninguno de los dos estaba preparado para vivir.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.