Siempre encontramos el camino de vuelta

Capitulo cinco ♡

Siempre pensé que convivir con alguien debía ser una experiencia profundamente romántica.

Qué ingenua.

La convivencia no era romántica.

Era ridícula.

Absolutamente ridícula.

El primer descubrimiento fue que Dylan hablaba dormido.

No mucho.

Solo frases completamente inútiles.

La primera vez me desperté sobresaltada.

—No...

abracen al pingüino...

Abrí un ojo.

Lo miré.

Seguía profundamente dormido.

Esperé unos segundos.

Nada.

Volvió a darse vuelta.

Pensé que había terminado.

—...el pingüino está trabajando...

Silencio.

No pude evitar largarme a reír.

A la mañana siguiente intenté preguntarle.

—¿Sabías que hablas dormido?

Levantó apenas una ceja.

—No.

—Anoche defendiste laboralmente a un pingüino.

Se quedó mirándome.

Muy serio.

Cinco segundos.

Diez.

Pensé que iba a preguntarme si estaba bien de la cabeza.

En cambio dijo:

—Espero que le hayan aumentado el sueldo.

Tuve que apoyar la taza sobre la mesa porque casi escupí el café de la risa.

—Sos un idiota.

—Eso parece.

Negó con la cabeza mientras seguía desayunando como si acabara de decir la cosa más normal del mundo.

Otra de las cosas que descubrí era que Dylan no sabía encontrar nada.

Absolutamente nada.

Podía perder el celular mientras hablaba por teléfono.

Las llaves estando en la mano.

Hasta una remera que estaba exactamente frente a él.

—Ali.

—¿Qué?

—¿Viste mi buzo gris?

Levanté apenas la vista del libro.

Lo tenía puesto.

Respiré profundo.

Muy profundo.

—Dylan...

—¿Sí?

—Mira para abajo.

Bajó la cabeza.

Permaneció inmóvil unos segundos.

Después volvió a mirarme.

—Ah.

—Ajá.

—Bueno...

—¿Bueno?

—Lo encontré.

Volví a mirar el libro.

—Felicitaciones.

Escuché su risa bajita detrás de mí.

Y, aunque intenté resistirme...

terminé riéndome también.

Había días en los que me preguntaba seriamente cómo podía ser tan brillante para resolver problemas en el trabajo...

y tan inútil para encontrar un buzo.

Pero supongo que todos tenemos talentos específicos.

El suyo era tenerme una paciencia infinita.

El mío...

reírme de él cada vez que podía.

Y, extrañamente...

eso también era una forma de decir "te quiero".

Porque un día entendí algo.

El amor casi nunca se parece a las películas.

No está hecho de música de fondo.

Ni de flores.

Ni de discursos perfectos.

A veces...

el amor simplemente es descubrir que la persona con la que elegiste compartir la vida lleva diez minutos buscando algo que tiene puesto.

Y pensar, mientras lo miras:

"Menos mal que es lindo."

.

_

Nota de autora: 💌

Holaaa 🥹

Si llegaste hasta acá, gracias de verdad por darle una oportunidad a esta historia. Me hace muchísima ilusión saber que alguien está leyendo algo que escribí yo.

Si te está gustando, podés dejarme una estrellita o contarme en los comentarios qué te pareció. Me encanta leerlos y saber qué están pensando mientras avanzan con la historia.

También pueden encontrarme en X (Twitter). Ahí podemos hablar de cada capítulos, teorías, personajes o simplemente charlar un rato.

X: @Aldanaabiigail_

Gracias por estar acá. Nos leemos en el próximo capítulo 🫶🏻✨




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