Siempre encontramos el camino de vuelta

Capitulo Nueve ♡

Hay personas que desaparecen durante años.

Y, aun así, cuando vuelven, hablan con vos como si el tiempo jamás hubiera pasado.

Eso fue exactamente lo que ocurrió con Tayler.

Lo conocía desde antes de conocer a Dylan.

Éramos de esos amigos que nunca necesitaban explicaciones. Nos pasábamos meses sin hablar y, cuando volvíamos a encontrarnos, la conversación seguía exactamente donde había quedado.

Después se fue del país.

Europa, creo.

Nunca terminé de entender muy bien qué hacía allá.

Solo sabía que siempre estaba viajando.

Una tarde, mientras doblaba ropa en casa, el celular vibró.

Tayler.

Fruncí el ceño.

Hacía años que no veía ese nombre.

"Volví."

Así, sin más.

Sonreí sin querer.

"¿En serio?"

"¿Te olvidaste de mí?"

"No seas dramático."

"Nos vemos mañana."

Le respondí con un simple "dale", pero ya estaba riéndome sola.

Escuché la puerta abrirse.

Dylan volvió del trabajo.

Se acercó por detrás y dejó un beso distraído sobre mi cabeza mientras yo seguía mirando el teléfono.

—¿Qué pasó?

Le mostré la pantalla.

—¿Te acordás de Tayler?

Leyó el nombre.

Después me devolvió el celular.

—El que se fue del país.

—Ese mismo.

Volvió.

Qué loco, ¿no?

Dylan sonrió con esa tranquilidad de siempre.

—Me alegro.

No hizo más preguntas.

Ni una sola.

Y yo tampoco imaginé que ese mensaje tan simple iba a cambiar varias semanas de nuestra vida.

El primer café con Tayler terminó durando cuatro horas.

Seguía siendo igual.

Hablaba rápido.

Gesticulaba demasiado.

Interrumpía sus propias historias para empezar otras nuevas.

Y se reía con todo el cuerpo.

—No puedo creer que sigas haciendo esa cara cuando pensás.

Lo miré confundida.

—¿Qué cara?

—Esa.

Fruncís la nariz.

Soltás el aire.

Y después cambias de tema.

Me reí.

—Nunca hice eso.

—Lo acabas de hacer.

Negué con la cabeza.

—Sos insoportable.

—Y vos seguís siendo igual de dramática.

—No soy dramática.

Tayler levantó una ceja.

Los dos nos reímos.

Cuando miré el reloj eran casi las nueve de la noche.

—Uy...

Me levanté de golpe.

—¿Qué pasó?

—Le dije a Dylan que volvía temprano.

Pagué el café casi corriendo.

Tayler negó con la cabeza mientras se ponía la campera.

—Seguís llegando tarde a todos lados.

—No llego tarde.

Solo...

se me pasa el tiempo.

—Exactamente.

Cuando llegué a casa encontré la mesa servida.

Dos platos.

La comida todavía caliente.

Dylan estaba sentado en el sillón leyendo.

Levantó la vista apenas entré.

Sonrió.

—Hola.

Me acerqué para darle un beso.

—Perdón...

Se me pasó la hora.

—No pasa nada.

¿La pasaste bien?

—Sí.

Muchísimo.

Nos sentamos a cenar.

Empecé a contarle todas las anécdotas.

Las historias del viaje.

Las locuras que había vivido Tayler.

Cómo seguía olvidándose nombres.

Cómo todavía hablaba con cualquiera en la calle.

Dylan escuchaba.

Como siempre.

Asentía de vez en cuando.

Sonreía.

Hacía alguna pregunta.

Pero había algo distinto.

No sabía decir qué.

Simplemente...

había algo.

Los días empezaron a repetirse.

—Hoy voy a ver a Tayler.

—Bueno.

—Capaz llego tarde.

—Está bien.

—Nos invitó a recorrer un lugar nuevo.

—Qué lindo.

Siempre respondía igual.

Siempre tranquilo.

Siempre con esa paciencia que parecía no acabarse nunca.

Y justamente por eso...

yo nunca me detuve a mirar más allá de sus palabras.

Hasta que una noche ocurrió algo muy pequeño.

Tan pequeño...

que cualquier otra persona lo habría dejado pasar.

Estábamos mirando una película.

Mi cabeza descansaba sobre su hombro.

El celular vibró.

Tayler.

Sonreí sin pensarlo.

—Es un segundo.

Me levanté.

Atendí.

Salí al balcón.

La conversación duró bastante más que un segundo.

Cuando volví...

la televisión estaba apagada.

Dylan recogía los vasos de la mesa.

—¿La seguimos viendo?

Pregunté con total naturalidad.

Él levantó apenas la vista.

—Pensé que hoy ya no tenías ganas.

Había algo en esa frase.

Algo tan suave...

que casi pasaba desapercibido.

Casi.

Lo miré unos segundos.

—Sí quiero.

Él asintió.

Volvió a encender el televisor.

La película siguió.

Pero yo ya no pude concentrarme.

Porque, por primera vez en semanas...

sentí la extraña sensación de que Dylan estaba cada vez más cerca de mí...

y, al mismo tiempo...

un poquito más lejos.

.

.

.

Nota de autora: 💌

Bueno... Necesito saber qué opinan después de este capítulo Jajaj 👀




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