Siempre encontramos el camino de vuelta

Capitulo Diez ♡

¹⁰

Hay silencios que pesan más que cualquier discusión.

Tardé demasiado en descubrirlo.

Todo empezó un sábado.

Hacía semanas que Dylan y yo habíamos quedado en salir temprano.

Nada especial.

Solo caminar.

Comprar un helado.

Perdernos un rato por la ciudad, como hacíamos siempre.

Era nuestro plan favorito.

Porque no necesitábamos hacer grandes cosas para pasarla bien.

Mientras terminaba de cambiarme, el celular vibró.

Tayler.

"¿Estás despierta?"

"Sí."

"Encontré un café nuevo. Tenes que conocerlo."

Sonreí.

"Hoy no puedo."

"Dale. Una hora. Después haces tus planes."

Miré el reloj.

Una hora.

No era tanto.

Le escribí a Dylan.

"¿Te molesta si salgo un rato con Tayler? Vuelvo enseguida."

La respuesta llegó casi al instante.

"Claro. Anda tranquila."

No lo dudé.

Agarré la campera y salí.

La hora se convirtió en dos.

Después en tres.

Y, como siempre...

el tiempo decidió correr mucho más rápido que yo.

Cuando volví a mirar el teléfono tenía varias llamadas perdidas.

No de Dylan.

De mi mamá.

Y un solo mensaje suyo.

"No te preocupes. Ya será otro día."

Eso fue todo.

Ningún reclamo.

Ninguna cara enojada.

Nada.

Sentí una molestia rara en el pecho.

Le respondí enseguida.

"Perdón. Ya voy para casa."

No contestó.

Entré casi corriendo.

La casa estaba impecable.

Demasiado.

Él estaba doblando una manta en el sillón.

Levantó la vista.

Sonrió apenas.

—Hola.

—Perdón...

Se me hizo tarde otra vez.

—Sí.

Nada más.

Ese "sí" me incomodó más que cualquier reproche.

Me acerqué.

—¿Seguimos saliendo?

Negó despacio.

—Ya no hace falta.

—¿Por?

—Se hizo tarde.

Miré el reloj.

Tenía razón.

La tarde prácticamente había terminado.

Sentí culpa.

Mucha.

Pero seguía creyendo que bastaba con pedir perdón.

Todavía no entendía que había cosas que empezaban mucho antes del "perdón".

Esa noche cenamos casi en silencio.

No era un silencio incómodo.

Era peor.

Era un silencio resignado.

Él lavaba los platos.

Yo secaba los vasos.

Hasta que no soporté más.

—¿Te pasa algo?

No respondió enseguida.

Siguió lavando.

El agua corría.

El plato hacía ruido contra la pileta.

Después cerró la canilla.

Se secó las manos.

Y recién entonces habló.

—¿Querés que sea sincero?

Asentí.

Muy despacio.

Porque, de golpe...

tuve miedo de escuchar la respuesta.

Se apoyó contra la mesada.

No cruzó los brazos.

No levantó la voz.

Solo me miró.

Y esa mirada...

esa sí dolía.

—Te extraño.

Fruncí el ceño.

—Pero si vivo con vos.

Sonrió apenas.

Una sonrisa triste.

—Ese es el problema.

No entendí.

Él respiró hondo.

—Hace semanas que siento que compartimos la misma casa...

pero ya no compartimos los días.

Sentí que algo se acomodaba dentro de mí.

Algo que venía evitando mirar.

—Dylan...

Levantó una mano.

No para callarme.

Para pedirme un minuto.

—No creo que te guste Tayler.

Nunca pensé eso.

Ni un segundo.

Respiré aliviada.

Pero el alivio duró poco.

—Lo que sí siento...

es que hace semanas soy la última persona en enterarme de lo que te pasa.

Bajé la mirada.

Él continuó.

—Antes llegabas y lo primero que hacías era contarme tu día.

Ahora muchas veces ya me lo contaste a él.

Antes nuestros planes eran prioridad.

Ahora siempre pueden esperar.

Y yo...

yo también empecé a esperar.

Cada palabra caía despacio.

Sin enojo.

Sin acusaciones.

Solo verdad.

Y eso las hacía muchísimo más pesadas.

Sentí un nudo enorme en la garganta.

Porque, mientras hablaba...

empecé a recordar.

Las llamadas.

Los cafés.

Las salidas.

Las veces que había dicho:

"Después hablamos."

Y ese después...

muchas veces nunca llegaba.

Las lágrimas empezaron a arderme en los ojos.

—Yo...

No pude terminar.

Él negó despacio.

—No quiero que dejes de ver a tu amigo.

Jamás te pediría eso.

Lo único que quería...

era no dejar de sentir que soy tu compañero.

Silencio.

Muy largo.

Hasta que dijo la frase que terminó de romperme.

—Extraño ser el lugar al que volvías.

No pude sostenerle la mirada.

Porque entendí.

Por fin entendí.

No estaba celoso de Tayler.

Estaba llorando, a su manera...

la ausencia de nosotros.

Y eso era infinitamente peor.




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