Siempre encontramos el camino de vuelta

Capitulo Once ⁠♡

¹¹

No recuerdo cuánto tiempo permanecimos en silencio.

Quizás fueron segundos.

Quizás varios minutos.

Cuando alguien termina de decir una verdad tan grande...

el tiempo deja de importar.

Seguía mirándolo.

Pero ya no veía a Dylan.

Me veía a mí.

Me veía saliendo apurada.

Cancelando planes.

Contestando mensajes mientras él me hablaba.

Prometiendo "después".

Siempre después.

Y entendí algo horrible.

Nunca había querido hacerlo sentir solo.

Pero lo había hecho igual.

Las lágrimas empezaron a caer antes de que pudiera detenerlas.

—Perdón...

Mi voz apenas salió.

Él dio un paso.

Después se detuvo.

Como si todavía no supiera si tenía derecho a acercarse.

Eso me terminó de romper.

Porque el hombre que siempre había sentido como un refugio...

ahora tenía miedo de invadir mi espacio.

Todo por culpa mía.

Negué con la cabeza una y otra vez.

—No...

No, no...

Dylan...

No era eso...

Él esperó.

Siempre esperaba.

Y esta vez esa paciencia me dolía.

Porque no la merecía.

Me cubrí la cara con las manos.

Lloraba como una nena.

No por vergüenza.

Por culpa.

—No me di cuenta...

Las palabras salían entrecortadas.

—Te juro que no me di cuenta...

Nunca quise dejarte solo...

Nunca...

Nunca...

Sentí unos pasos.

Después dos manos envolvieron con cuidado mis muñecas.

No para apartarlas.

Para sostenerlas.

Bajé despacio las manos.

Él estaba muy cerca.

Tenía los ojos brillosos.

No lloraba.

Pero le había dolido tanto como a mí.

—Lo sé.

Dos palabras.

Solo dos.

Y fueron suficientes para que empezara a llorar todavía más.

Porque me creyó.

Nunca dudó de mis intenciones.

Solo de mi ausencia.

Lo abracé con una fuerza desesperada.

Como si quisiera recuperar en un segundo todas las veces que había estado distraída.

Sentí sus brazos rodearme enseguida.

Firmes.

Seguros.

Como siempre.

Apoyé la cara contra su cuello.

Las lágrimas mojaban la tela de su camisa.

—Perdón...

repetía una y otra vez.

—Perdón...

Él acariciaba despacio mi espalda.

Sin apuro.

Esperando que el llanto pasara.

—Ali...

Negué con la cabeza.

—No...

déjame hablar...

Necesito decir esto.

Respiré como pude.

—Siempre tuve miedo de que alguien me quitara la libertad...

Por eso cuando Tayler volvió...

sentí que estaba recuperando una parte de mi vida.

Una amistad.

Algo mío.

Levanté apenas la cabeza para mirarlo.

—Pero confundí independencia...

con olvidarme de cuidar lo que más amo.

Sus ojos nunca dejaron los míos.

No había reproches.

Solo atención.

Como siempre.

—Y vos...

vos nunca intentaste prohibirme nada.

Nunca.

Ni una vez.

Lo único que me pediste...

fue que no dejara de caminar al lado tuyo.

Sentí que una lágrima resbalaba también por su mejilla.

Muy despacio.

Tan despacio que, si hubiera parpadeado, quizás no la veía.

Con el pulgar la limpié con cuidado.

Él sonrió apenas.

—No llores.

Solté una risa entre lágrimas.

—¿Cómo no voy a llorar?

Me dejaste hablar cinco minutos y descubrí que soy un desastre.

Eso hizo que él también riera.

Muy bajito.

Y, curiosamente...

esa pequeña risa alivió toda la habitación.

Apoyó su frente contra la mía.

—No sos un desastre.

—¿No?

—No.

Pensás demasiado.

Hablas demasiado.

A veces no ves lo evidente.

Y otras veces te perdés dentro de tu propia cabeza.

Pero nunca dejaste de quererme.

Las lágrimas volvieron.

—No.

Nunca.

Jamás.

Él cerró los ojos un instante.

—Entonces todavía estamos a tiempo.

Nos quedamos inmóviles.

Respirando el mismo aire.

Hasta que murmuré, casi avergonzada:

—Mañana voy a llamar a Tayler.

Él abrió los ojos.

—¿Para qué?

—Porque necesito aprender algo.

Frunció apenas el ceño.

—¿Qué cosa?

Tomé una de sus manos entre las mías.

—Que amar también es poner límites.

No para dejar de querer a los demás.

Sino para no dejar solo a quien elegí caminar conmigo.

Él no respondió.

Solo besó despacio mi frente.

Y, por primera vez desde que Tayler había regresado...

sentí que la casa volvía a parecerse a un hogar.

Porque comprendí algo que nadie me había enseñado nunca.

El amor no se rompe únicamente cuando aparece otra persona.

A veces empieza a romperse cuando dejamos de prestar atención a los pequeños lugares donde el otro nos esperaba todos los días.

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💌 Nota de autora

Que fuerteeee 😭 ¿Que les pareció lo que leyeron? A mí me dejó anonadada, no les voy a mentir jajajaja. Me encantó este capítulo y espero que a ustedes también.

Nos leemos en el próximo capítulo. 🥰




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