Siempre encontramos el camino de vuelta

Capitulo Dieciseis ♡

¹⁶

Alison

El primer día viviendo sola fue extraño.

No triste.

Extraño.

Esa era la palabra.

Porque durante años imaginé que tener mi propio espacio significaba libertad.

Poder hacer lo que quisiera.

Dormirme tarde.

Comer cuando quisiera.

No tener que explicar nada.

Y sí.

Todo eso estaba.

Pero había algo que no había considerado.

El silencio.

La casa estaba demasiado silenciosa.

No había pasos en la habitación de al lado.

No había una voz preguntando si ya había comido.

No había nadie que me molestara porque dejaba las cosas en lugares donde no correspondían.

No había nadie diciéndome:

—Al, otra vez dejaste el vaso arriba de la mesa.

Y lo peor era que extrañaba que me lo dijera.

Ridículo.

Completamente ridículo.

Me senté en el sillón mirando la sala.

Nuestro sillón.

Porque aunque Dylan ya no estaba ahí...

todo seguía teniendo algo de él.

La taza que usaba.

La manta que siempre terminaba robándome.

El libro que dejó sobre la mesa porque dijo que lo iba a terminar "mañana".

Ese mañana nunca llegó.

Sonreí.

Porque incluso sus cosas tenían su personalidad.

Esa noche intenté convencerme de que estaba bien.

Me hice la cena.

Vi una película.

Ordené algunas cosas.

Incluso logré distraerme.

Hasta que llegó la hora de dormir.

Ahí fue cuando entendí la diferencia.

No extrañaba solamente tener pareja.

Extrañaba tenerlo a él.

A Dylan.

La persona que conocía mis silencios.

La persona que sabía cuándo necesitaba hablar y cuándo solo necesitaba un abrazo.

Me acosté mirando al techo.

Y pensé algo que me molestó admitir.

Quizás nunca había tenido miedo de perder mi libertad.

Quizás tenía miedo de necesitar a alguien.

Porque necesitar a alguien significaba aceptar que esa persona podía doler.

Dylan

El departamento era demasiado ordenado.

Ese fue mi primer pensamiento.

Demasiado.

Porque nadie dejaba una taza olvidada.

Nadie abría una ventana porque tenía calor.

Nadie ponía música mientras cocinaba.

Nadie cantaba mal a propósito para molestarme.

Al principio pensé que eso era bueno.

Tranquilidad.

Paz.

Pero después de unas horas entendí algo.

La tranquilidad no siempre es felicidad.

A veces solo es ausencia de ruido.

Y yo extrañaba el ruido.

Extrañaba a Ali.

Incluso cuando hacía cosas que me volvían loco.

Especialmente esas cosas.

No estaba enojado con ella.

Ese era el problema.

Quizás habría sido más fácil si estuviera enojado.

Pero no podía.

Porque conocía a Alison.

Sabía que cuando se alejaba no era porque no quisiera.

Era porque tenía miedo.

El problema era que a veces su miedo terminaba lastimándonos a los dos.

Me quedé mirando el teléfono.

Su nombre seguía ahí.

Alison.

Mi primer impulso fue escribirle.

Preguntarle si había comido.

Decirle que la extrañaba.

Pero no lo hice.

Porque esta vez quería respetar lo que habíamos decidido.

Aunque doliera.

Pasó exactamente un día.

Uno.

Ni siquiera llegamos a demostrar que podíamos vivir separados.

Porque al final ambos hicimos lo mismo.

Nos buscamos.

El mensaje llegó a las ocho de la noche.

De ella.

"¿Seguís despierto?"

Me quedé mirando la pantalla varios segundos.

Sonreí sin querer.

Respondí:

"Sí."

Tres puntos aparecieron.

Desaparecieron.

Aparecieron otra vez.

Con Alison siempre era así.

Podía enfrentar cualquier cosa menos escribir un mensaje sencillo.

Finalmente llegó:

"Tenemos la reunión con los chicos este fin de semana."

Sonreí.

"Lo sé."

"¿Vas a ir?"

Miré la pregunta.

Porque sabía que no hablaba solamente de la reunión.

Respondí:

"Sí, Al."

Pasaron unos segundos.

"Bueno."

Y después:

"Me alegra."

La reunión era algo simple.

Una salida con amigos.

Nada especial.

O eso creíamos.

Nos encontramos en un restaurante del centro.

Al principio fue raro.

Verla enfrente mío.

No en nuestra casa.

No en nuestro sillón.

No como antes.

Pero también fue familiar.

Porque algunas personas tienen esa capacidad.

Puedes pasar días sin verlas...

y cuando aparecen todo vuelve a encajar.

—¿Estás bien?

Me preguntó.

Asentí.

—¿Vos?

Sonrió apenas.

—Estoy intentando.

Esa respuesta me gustó.

Porque era honesta.

No perfecta.

Honesta.

La noche avanzó tranquila.

Hasta que llegaron algunos conocidos más.

Entre ellos alguien que yo no esperaba ver.

Alguien que Alison reconoció primero.

—¿Tayler?

Él apareció con una sonrisa enorme.

—Ali.

Ella se levantó inmediatamente para abrazarlo.

Y no sé por qué...

pero sentí algo extraño.

No era celos.

O quizás sí.

Era algo más incómodo.

La sensación de estar viendo una parte de ella donde yo no estaba.

Porque con Tayler ella era diferente.

Más despreocupada.

Más ligera.

Y aunque sabía quién era él...

aunque confiaba en ella...

una parte de mí recordó lo que había sentido antes.

Ser alguien que estaba cerca.

Pero no siempre elegido.

Alison

Me di cuenta tarde.

Demasiado tarde.

Porque estaba feliz.

Tayler era un amigo de años.

Una persona con la que podía hablar de cosas absurdas.

Recordar historias.

Reírme.

Y no pensé en cómo podía verse desde afuera.

Hasta que vi la expresión de Dyl.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.