Siempre encontramos el camino de vuelta

Capítulo Diecisiete ⁠♡

¹⁷

La noche había recuperado el ritmo.

Las copas volvían a llenarse.

Las risas se mezclaban con la música del bar.

Después de la tensión de los últimos días, por primera vez todos parecían relajados.

Incluso yo.

Mateo contaba una anécdota completamente absurda de un viaje que nadie le creía.

Tayler discutía con él solo por llevarle la contra.

Y Dylan...

Dylan estaba sentado frente a mí.

No hablaba demasiado.

Nunca lo hacía.

Pero de vez en cuando levantaba la vista y nuestras miradas se cruzaban apenas un instante.

Ya no dolía.

Todavía existía distancia entre nosotros.

Pero también existía algo que seguía negándose a romperse.

No hacía falta ponerle nombre.

Estaba ahí.

Entonces ocurrió.

Una chica atravesó el salón caminando demasiado rápido.

Vestía un vestido rojo sencillo y un saco negro que apenas le cubría los hombros.

No parecía estar disfrutando la noche.

Parecía querer salir de ella.

Miró hacia atrás.

Después otra vez.

Y entonces nuestros ojos se encontraron.

Fue apenas un segundo.

Pero alcanzó para entender una cosa.

Tenía miedo.

Seguí su recorrido con la mirada.

Pasó junto a nuestra mesa.

No dijo nada.

Solo aceleró el paso.

—¿La vieron? —pregunté en voz baja.

Mateo siguió hablando.

Nadie respondió.

Excepto Dylan.

Él también la estaba mirando.

Y esa fue toda la respuesta que necesité.

Un instante después entraron dos hombres.

Vestían de forma elegante.

Pero había algo en ellos que incomodaba.

No caminaban como clientes.

Caminaban buscando a alguien.

Uno señaló discretamente hacia el fondo del salón.

El otro asintió.

Los dos fueron directamente hacia la chica.

La alcanzaron cerca de la barra.

Uno de ellos le tomó el brazo.

Ella intentó soltarse.

No gritó.

Solo negó con la cabeza.

Vi cómo sus labios formaban una frase.

—No quiero hablar con ustedes.

Sentí un escalofrío.

Antes de que pudiera reaccionar, Dylan ya se había puesto de pie.

—Dyl...

Lo llamé casi por reflejo.

Él solo me miró un instante.

Después caminó hacia ellos.

No con agresividad.

Con tranquilidad.

Como si simplemente fuera a preguntar la hora.

Se detuvo a unos pasos.

—Disculpen.

Los tres se giraron.

—Creo que la señorita acaba de decir que no quiere hablar con ustedes.

Uno de los hombres soltó una risa seca.

—No te metas.

Dylan mantuvo el mismo tono sereno.

—Entonces escúchenla.

Si quiere irse, déjenla ir.

Por un momento pensé que todo iba a empeorar.

Hasta que escuché la voz de Tayler detrás de mí.

—Ya llamé a seguridad.

Los hombres intercambiaron una mirada.

Uno soltó el brazo de la chica con evidente fastidio.

A los pocos segundos aparecieron dos empleados del bar junto al encargado.

La situación empezó a aclararse casi de inmediato.

Los hombres terminaron retirándose entre protestas.

La chica permaneció inmóvil unos segundos.

Respirando hondo.

Como si recién pudiera volver a hacerlo.

Después caminó hacia nuestra mesa.

Nos observó uno por uno.

Hasta detenerse frente a Dylan.

—Gracias.

Su voz era suave.

Muy cansada.

—Me llamo Emma.

No esperaba que nadie interviniera.

Dylan negó apenas con la cabeza.

—No tenés que agradecer.

Ella sonrió con tristeza.

—Sí.

Porque muchas personas miran...

pero muy pocas hacen algo.

Nos dedicó una última mirada.

Después tomó su cartera y salió del bar acompañada por un empleado.

Ninguno volvió a verla.

Durante unos segundos nadie dijo nada.

La música seguía sonando.

Las personas continuaban con sus conversaciones.

Como si nada hubiera ocurrido.

Mateo rompió el silencio.

—Bueno...

miró a Dylan y soltó una risa nerviosa.

—Yo ya estaba buscando la salida de emergencia.

Todos nos reímos.

Incluso Dylan.

La tensión terminó desarmándose poco a poco.

La noche siguió.

Hubo otra ronda de bebidas.

Más historias.

Más bromas.

Pero yo ya no podía concentrarme del todo.

Cada tanto lo miraba.

Él seguía siendo el mismo.

Callado.

Tranquilo.

Como si lo que acababa de hacer no hubiera tenido ninguna importancia.

Y quizás por eso me impresionó todavía más.

Siempre había pensado que era un hombre paciente.

Esa noche descubrí otra parte de él.

No era tranquilo porque tuviera miedo.

Era tranquilo porque elegía serlo.

Pero cuando alguien necesitaba ayuda...

era incapaz de mirar hacia otro lado.

No dije nada.

Solo seguí observándolo en silencio.

Y por primera vez desde que nos habíamos separado...

sentí una certeza extraña.

Todavía había muchas cosas de Dylan que no conocía.

Y, por alguna razón, quería descubrirlas todas.




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