Llegamos a nuestra humilde morada. Bajamos del auto y caminamos hasta nuestra habitación. Me cambio y me alisto para mi comida.
Me pongo un vestido blanco hasta la rodilla y unos tenis blancos.
Mientras espero, me pongo a hacer mis proyectos de la escuela, que, aunque no son muchos, no me gusta dejar todo para el último momento.
Me llega una notificación a mi celular; reviso de quién es y es un mensaje de Hanni.
Hanni: Hola, cumpleañera, ya voy para tu casa.
Salgo de mi habitación y bajo al patio. Ya está oscureciendo y el cielo es de un color rosa y naranja; se ve muy lindo.
—Hasta que bajas —escucho la fastidiosa voz de Jack.
—¿Por qué debería haber bajado antes si todavía no está lista mi cena? —me volteo para poder mirarlo.
Él me mira atentamente, pero sin ninguna expresión en su cara, y después le sonrío. Lo dejo allí parado y voy a cenar en un columpio. Porque es obvio que no me importan los regalos, bueno, ya no. Antes me emocionaban los regalos que me daban, pero después descubrí que lo que realmente vale más es que las personas con las que más convives se acuerden de tu cumpleaños.
—¿Ya le diste su regalo? Porque siempre lo que le importa es el regalo —yo lo miro indignada.
Ya que hay personas que te felicitan a pesar de que no están presentes en tu vida, y el que se acuerden de ti y de tu cumpleaños, eso sin duda alguna es algo que se aprecia.
—No es cierto, el regalo no importa mucho —me meto en su plática.
Mi hermano me mira y me sonríe; me da esa sonrisa que solo pocas personas tenemos la oportunidad de apreciar. Es una sonrisa de cariño que demuestra su felicidad.
Jack y mi hermano solo mueven la cabeza en forma de saludo.
—Hola, chicos —escucho la voz de Hanni y me levanto del columpio para ir a su encuentro.
—Llegaste, ven —no le doy tiempo de que me entregue su regalo cuando la jalo para que nos sentemos en los columpios.
—Jack, Hanni, ¿cómo están? Parece que ya van a servir la cena —caminamos hasta donde está mi mamá.
Jack y Hanni saludan a mi mamá y vamos al comedor que está en el jardín.
Cenamos entre risas y pláticas alegres. Después parto mi pastel y les cuento a mis papás el regalo que me hicieron mis compañeros.
Para ser sincera, al principio no nos caíamos bien; estaba todo muy dividido: por una parte los becados y por la otra los que no lo eran. Tardamos un semestre en poder llevarnos bien. Yo le hablaba a casi todos, al igual que Hanni, pero después de un viaje de estudios que hicimos, eso nos motivó a conocernos mejor.
El motivo que nos disgustó fue el comportamiento del docente encargado del viaje; él quería que le cubriéramos todos sus gastos.
Y después de eso nos llevamos bien. No somos el grupo más unido, pero sí el que menos problemas y disgustos tiene.
Volviendo a mi cena de cumpleaños, ya que creo que me desvié un poco.
Todavía estamos en el comedor del patio. Hanni está al lado de mí y enfrente tengo a Jack, ya que al otro lado está mi mamá y enfrente de ella está Liam.
—Oye, Mia, te tengo un rumor que, si es cierto, puede ser la oportunidad para que al final seamos familia —me dice Hanni en un susurro mientras me mira con sus ojos brillantes, demostrando cuán emocionada está.
—Por fin mi hermano se dio cuenta de sus sentimientos hacia ti —le respondo igual de emocionada, con una sonrisa en la cara.
—Mia, no te he dado mi regalo —y todos en la mesa miramos a Jack.
Saca una cajita negra cuadrada; yo lo miro curiosa por el regalo, ya que desde que tengo uso de razón y todas las veces que ha asistido a mis cumpleaños, nunca, pero nunca me ha regalado algo.
Siento cómo Hanni me pega sutilmente con su codo. Jack me desliza la cajita y yo lo miro dudosa de su contenido.
En su mirada hay un destello de nerviosismo; no estoy segura de por qué, porque Jack jamás se pone nervioso.
Cuando tomo la caja, nuestros dedos se alcanzan a tocar y los dos nos miramos, aunque creo que solo yo sentí algo en mi estómago, porque si son las famosísimas mariposas, las tengo que ahogar con agua.
Jalo la caja y tomo agua.
—Gracias, Jack, realmente voy a apreciar tu primer y, creo, que último regalo que me has hecho —digo con voz alegre.
Porque estoy feliz, tal vez sea porque es mi cumpleaños.
Levanto la vista y puedo ver la confusión en la cara de Jack, y miro a mi hermano, que se está aguantando la risa. Regreso mi vista al regalo.
—Ábrelo, hija —me dice mi mamá.
—Sí, Mia, ábrelo —le sigue Hanni, emocionada.
Empiezo a destapar el regalo y me encuentro con un collar que tiene algo escrito en árabe, supongo. Miro el collar; la figura es pequeña, de oro, y al final veo que trae un rubí.
Es hermoso, aunque mi confusión es mayor, porque no esperaba un regalo de parte de Jack, y mucho menos uno así. Por la calidad del collar, se ve que no es barato.
—¿No te gustó? —me interrumpe Jack de mis pensamientos—. Si no te gusta, dámelo y te doy otra cosa.
Veo que extiende su brazo con intención de arrebatarme el collar, pero se lo impido.
—No, digo, sí me gustó tu collar, aunque no sé qué quiere decir la frase. Gracias, Jack, realmente voy a apreciar esto —le muestro el collar—, no vaya a ser el primero y último de tu parte.
—De tanto juntarte con Hanni, hasta siento que empiezas a tener su misma actitud —comenta mi hermano mirando a Hanni.
Lo miro y veo cómo ella lo ve, pero lo más curioso es que cada uno lo hace de manera diferente: mi hermano la ve como algo inalcanzable y Hanni lo ve con desprecio.
Yo me río y me muerdo los labios para evitar hacerlo más fuerte, porque ¿cómo es posible que ellos no vean y acepten lo que sienten?
Cosas de enamorados.
—No entiendo ni me interesa entender tu opinión; por suerte, nunca me interesó —responde Hanni de manera rápida, algo que a mí se me hubiera ocurrido tres horas después.