Salimos de la universidad todavía comentando lo ocurrido con Samantha y Valeria.
—¿Viste su cara? —pregunta Hanni mientras caminamos hacia la salida.
—¿La de Samantha? —le respondo.
Hanni se ríe.
—Sin duda. Se ve que ellas están acostumbradas a escuchar lo que quieren. La verdad, no entiendo cómo es posible que Jack deje que Valeria ande diciendo que son novios —me dice, moviendo los brazos mientras intenta expresar también su enojo.
Yo la miro divertida. Siempre es lo mismo: se molesta en cuanto escucha el nombre de Liam o algo relacionado con él.
—Estás un poquito enojada —le digo, mostrándole con mis dedos qué tan poquito.
—No —me responde mirando a su alrededor.
Yo la miro sonriendo y asiento con la cabeza.
Ella me voltea a ver y se pone seria.
—Bueno, tal vez un poquito —dice, mostrándome también con sus dedos.
Yo niego con la cabeza, aguantando la risa.
—Está bien, sí estoy molesta, muy molesta. La verdad, no sé qué me molesta más: que Jack permita que Valeria ande diciendo que son novios o que Samantha piense que puede haber algo más entre ella y el tonto, nada coherente, de Liam —me dice toda cansada, como si hubiera corrido una carrera—. Pero más por lo que dije de Liam.
Me echo a reír y Hanni se me une. Seguimos caminando hasta cruzar la avenida.
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Cuando llegamos a casa, empujo la puerta principal y entramos.
—¡Ya llegamos! —grito.
No escuchamos voces, así que subimos a mi habitación.
Dejamos nuestras mochilas en el piso. Yo me siento en la cama y Hanni camina por toda mi habitación. No tarda en preguntar por él.
—¿Y tu hermano? ¿No está? —pregunta.
Yo la miro con una sonrisa.
—¡No! No es lo que piensas. Es solo que no me quiero topar con ese tonto.
—No está. Ya deja de fingir que no te gusta Liam —le digo con burla.
Ella me saca la lengua y se deja caer en la cama.
—¿Y tú cuándo vas a admitir que te gusta mi primo Jack? —me dice con burla.
Yo niego.
—No. Tú sabes que a mí no me gusta Jack. Más bien, Christopher —le cuento, acostándome también al lado de ella.
—Ay, por Dios. Al diablo ese tal Christopher. Ni te habla; tal vez ni tu nombre sabe —me responde Hanni.
—Ya, olvídalo —me levanto de la cama y enciendo mi computadora.
Hanni se acomoda y me sonríe.
—Pues, ¿qué irá a pensar Christopher cuando se entere de que utilizas un regalo muy especial de Jack? —dice, alargando mucho la “u” de “muy”.
—Más bien querrás decir qué va a pensar Valeria cuando se entere. Creo que ese va a ser mi motivo para no utilizarlo. No quiero que Valeria se enoje conmigo por algo tan tonto.
La miro y ella me hace una mala cara.
—¿Qué opinas acerca del viaje? —me pregunta de repente, emocionada.
—Que está bien, supongo. ¿Y tú? Vas a ir al viaje, ¿no? —le respondo.
—Pues sí. ¿Por qué no iría? —me dice ella, y podría jurar que hasta su voz suena indignada—. Es Gibly. Todo el mundo quiere conocer Gibly.
—Sigo sin entender qué tiene de especial —le respondo para molestarla.
Hanni es una gran fan de esa empresa.
Hanni se gira hacia mí como si acabara de insultar algo sagrado.
—¿Qué tiene de especial? Mia, es una de las empresas tecnológicas más importantes del país.
Mientras me cuenta eso, puedo ver que sus ojos brillan de lo emocionada que está.
—Lo sé —le respondo, tratando de aguantar la risa.
—Y vamos a conocer las oficinas principales.
—Lo sé.
—Y posiblemente a ingenieros, directivos y personas que trabajan ahí.
Cada respuesta suya demuestra lo emocionada que está por conocer las instalaciones de Gibly.
—Entonces deja de actuar como si te estuvieran invitando a otro viaje con el profesor Miller —responde, y hasta puedo escuchar cierto cansancio en su voz, como si hubiera corrido un maratón.
—Lo sé.
Yo me echo a reír y Hanni se me queda viendo mal. Después se une a mis risas.
Después de eso, se nos va la tarde viendo películas, hasta que a Hanni le llega un mensaje de su papá diciéndole que pasará por ella. Acomodamos las cosas y bajamos a la planta baja.
Nos sentamos en el sofá.
—Hola, mi amor —me saluda mi mamá cuando nos escucha llegar a la sala—. Hola, Hanni. ¿Cómo estuvo su día hoy, chicas?
—Hola, señora Sabrina —la saluda con un beso en la mejilla.
—Hola, mamá —imito la acción de Hanni—. Bien. Hoy nos hablaron sobre el viaje a Gibly.
—Qué bueno. Me alegra que Liam sí pudiera gestionar ese viaje. Estaba un poco estresado porque creía que no iban a aceptar la solicitud. Además, solo tu salón irá a ese viaje —nos dice mientras se sienta también en el sofá.
—Sí, nada más nosotros —le respondo.
—Sí, los encargados dijeron que nos escogieron por nuestro gran desempeño y, como siempre, demostrando por qué estamos en esta prestigiosa universidad —agrega Hanni.
Yo le doy un leve codazo.
Hanni se me queda viendo y escucho cómo mi mamá se ríe.
—Ay, niñas, ustedes nunca cambian. Tu mamá me mandó un mensaje diciendo que no tarda en llegar tu papá por ti, Hanni. Espero que realmente no hayan tenido tareas —nos comenta mi mamá.
Antes de que respondamos, escuchamos un pitido y, seguido de eso, la señora del servicio nos avisa que ya llegaron por Hanni.
Caminamos hacia la puerta, donde nos encontramos con su papá.
—Mucho gusto, Sabrina. Realmente espero que Hanni no haya causado molestias en su casa —le dice mientras le extiende la mano para saludarla.
—Por supuesto que no. Hanni siempre ha sido una niña muy tranquila —responde mi mamá mientras le devuelve el saludo.
—Ay, papá, yo siempre me porto bien —dice Hanni, colgándose del brazo de su papá.
—Y porque te conozco es que lo digo. Bueno, nos retiramos. Fue un gusto pasar a saludarlas.
Hanni se despide con un beso en la mejilla de mi mamá y mío.
Vemos cómo se suben al coche y se alejan de la casa.