—Tal vez Jack realmente no sabía lo que decía el collar y se lo vendieron pensando que decía otra cosa. Sí, ha de ser eso.
Miro mi reflejo y mis ojos están más brillantes, y mi estómago se siente más extraño. Me coloco el collar y observo cómo se me ve. Una sonrisa involuntaria aparece en mis labios.
—No, Mía —exclamo, poniéndome de pie frente al espejo. Toco el collar y vuelvo a sonreír—. Estoy segura de que él piensa que dice otra cosa. Aparte, a ti te gusta Christopher, ¿verdad?
Me digo mirándome en el espejo.
Tomo mi bolsa y, con el pensamiento de preguntarle a Hanni si sabe qué dice el collar, salgo de mi habitación.
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Cuando llegamos al campo deportivo, me sorprendo al ver la cantidad de personas que hay.
La música aumentó de volumen cuando ambos equipos salieron al campo.
Los estudiantes comenzaron a aplaudir y gritar. Algunos se pusieron de pie para saludar a los jugadores mientras la banda hacía retumbar las gradas con cada nota.
Observé distraídamente el campo hasta que sentí un ligero golpe en el brazo.
—Mía.
Giré hacia Hanni. Ella me hizo una seña con la cabeza.
Seguí la dirección de su mirada y encontré a Jack y Liam de pie al pie de las gradas, como si estuvieran buscando dónde sentarse.
Liam levantó una mano al verme.
Le respondí el saludo con cierta timidez y, por instinto, miré los tres asientos vacíos que quedaban junto a nosotras.
No tardaron en subir.
Liam se dejó caer al lado de Hanni con toda la confianza del mundo, mientras Jack ocupó el asiento junto al mío.
Sentí el leve roce de su brazo cuando se acomodó.
—Qué bueno que sí se animaron a venir —comentó Liam.
—Le prometimos a James que vendríamos —respondió Hanni—. Lleva semanas recordándonos este partido. Si no aparecíamos hoy, nos lo habría echado en cara durante el resto del semestre.
—No exagera —añadí riendo.
James alzo el brazo desde el campo al reconocernos.
Las dos le devolvimos el saludo.
—Traes el collar.
La voz de Jack hizo que bajara la vista de inmediato.
Él señalaba mi cuello.
Por alguna razón, sentí calor en las mejillas.
—Sí...
—¿Ves? Te dije que no decía nada malo.
Lo miré de reojo, intentando descubrir si hablaba en serio o si simplemente se estaba burlando de mí.
—La verdad sí me sorprendió que dijera girasol —respondí.
Del otro lado, Hanni soltó una carcajada.
—¿No?, ¿En serio dice eso?
—¿Qué tiene de raro? —pregunté frunciendo el ceño.
Jack dejó escapar una risa por lo bajo.
—Tonta.
Lo fulminé con la mirada.
—Te escuché.
—Qué mala suerte.
Rodé los ojos mientras llevaba una mano al collar.
Por un instante dudé otra vez.
¿Y si de verdad sabía lo que decía?
Antes de que pudiera preguntárselo, el silbatazo inicial hizo vibrar todo el estadio.
Los aplausos estallaron alrededor de nosotros.
—¡Vamos, equipo! —gritó alguien desde las primeras filas.
La banda comenzó a tocar y el balón empezó a rodar.
James recibió el primer pase apenas unos segundos después.
Avanzó por la banda con rapidez, esquivó a un rival, pero un defensor consiguió arrebatarle el balón.
—Duró menos de lo que esperaba —comentó Jack.
Lo miré.
Él seguía observando el partido con los brazos cruzados, completamente serio.
—Acaban de empezar.
—Precisamente.
No pude evitar sonreír.
Había algo desesperantemente divertido en él.
El equipo rival intentó organizar un ataque, pero uno de nuestros defensas recuperó el balón antes de que llegaran al área.
—¡Vamos, James! —gritó Hanni, llevándose las manos a la boca.
Como si realmente pudiera escucharla entre todo el ruido, James levantó un brazo pidiendo el balón.
Esta vez controló el pase con facilidad.
Corrió unos metros antes de enviarlo al centro con precisión. Las gradas estallaron en aplausos.
—Nada mal —admitió Liam.
Hanni sonrió orgullosa.
—¿Ves? Ya no te puedes burlar.
—Todavía falta mucho partido.
Yo los observé de reojo.
Si supiera...
Era increíble que Liam siguiera convencido de que a Hanni le gustaba James.
El partido continuó de un lado a otro.
Cada vez que uno de los equipos recuperaba el balón, las gradas reaccionaban como si el touchdowns fuera inminente.
Los tambores de la banda no dejaban de sonar.Las porristas agitaban los pompones. El ambiente era tan ruidoso que apenas podía escuchar mis propios pensamientos.
En una jugada rápida, James recibió un pase largo.
—¡Corre! —gritó Hanni, poniéndose de pie de un salto.
Yo también contuve la respiración.
James dejó atrás a un defensor.
Después a otro.
Entró al área.
Todo el estadio pareció guardar silencio durante un segundo. Disparó.
El balón pasó rozando el travesaño.
Un coro de quejas recorrió las gradas.
—¡No!
James se llevó ambas manos a la cabeza mientras varios de sus compañeros corrían a darle unas palmadas en la espalda.
—Estuvo muy cerca —murmuré.
—Demasiado cerca.
Giré la cabeza, Jack también me estaba mirando.
No dijo nada, solo sonrió apenas.
Esa sonrisa tranquila que aparecía tan de repente que siempre conseguía descolocarme.
Desvié la vista antes de que notara que llevaba demasiado tiempo observándolo.
Un nuevo grito hizo que todos volviéramos la atención al campo.
James volvía a tener el balón.Y esta vez, por la forma en que corría, parecía decidido a no desperdiciar otra oportunidad.
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Después de los cuarenta minutos más intrigantes de mi vida, la universidad se llevó la victoria, con un James premiado por anotar más touchdowns. Hanni y yo aplaudimos y festejamos su victoria.
—Mía, ¿realmente vas a ir a la fiesta y a la cena del equipo por su victoria? —me pregunta Liam cuando empezamos a evacuar las gradas.