Siempre Fuimos

Las complicaciones del mañana, son los placeres del ayer.

 

     "La Elegida". Tenía mucho tiempo sin escuchar ese par de palabras. Exactamente desde que Daniel fue exiliado de la tierra y devuelto a donde todos decían que pertenecía.

     Me dio vértigo ser nombrada de ese modo y mis instintos de supervivencia me llevaron a mirar a Lusian, en un interrogatorio silencioso. ¿Le había dicho algo sobre mí?

     Antes de poder hacer cualquier tipo de pregunta, la morena me tomó de manera brusca por el mentón y aunque intenté apartarla rápido, no pude. Vi dos manos en lugar de una. Debía dejar de tomar o me caería sobre mi trasero en cuanto me pusiera de pie.

     Lo que sí pasó, y pasó muy rápido, fue que Lusian se levantó con ferocidad y la apretó de la muñeca, gruñéndole al mirarla fijamente a los ojos cuando la apartó de mí.

     —No vuelvas a tocarla— amenazó mi amigo.

La morena pareció asustarse, porque sus ojos se abrieron desmesuradamente al observarlo y la vi tragar con dificultad, dando un paso torpe hacía atrás. Se recuperó un segundo después y elevando el mentón, le plantó cara a Lusian.

     —Quieto, León. No le voy a hacer nada... por ahora —dijo Zarah, mostrando todos sus dientes en una sonrisa siniestra, y se zafó del fuerte amarre de Lu.

     No supe si fueron ideas mías o el efecto del alcohol ya estaba pasando sus límites, pero escuché en la voz de Lusian algo distinto, una voz por encima de la suya...

     —Aléjate de ella — amenazó Lusian de nuevo, pero esa vez su gran mano rodeó el cuello de la mujer, como si quisiera ahorcarla.

     Joshua se levantó al mismo tiempo que yo de su asiento y le puso una mano en el hombro para intentar calmarlo.

     —Ey, amigo. Tranquilo —dijo Joshua, sacudiendo a Lu.

     Pero Lusian no se calmó... su mano se apretó más, hasta el punto en que la morena intento quitárselo de encima.

     Entonces recordé algo similar que había ocurrido tiempo atrás, en un encuentro desafortunado que tuvo con Kathara.

     Con astucia me interpuse entre los dos y logré que Lusian soltará a Zarah cuando me miró. Jadeé cuando vi que los ojos de Lusian se habían sumergido en el más oscuro y letal negro, haciendo desaparecer cualquier tono blanquizco de sus globos oculares.

     Mi feroz amigo respiraba con dificultad.

     Lo abracé con fuerza, acariciando su mejilla con la punta de mi nariz, algo que hice por puro instinto, porque ni siquiera pensé antes de actuar.

     —Golfo, cierra tus ojos, por favor — pedí en un susurró tranquilizador, sintiendo poco a poco como su respiración se iba calmando —. Joshie está mirando y querrá explicaciones.

     Por encima del hombro de Lu, vi a Joshua mirándonos con los ojos entrecerrados. Tal vez no logró ver lo anormal en los ojos de Lusian, pero la escena no era algo que ocurriera con frecuencia entre Lusian y yo.

     —Es más fuerte de lo que pensé— dijo Zarah a mis espaldas, sorprendida y casi emocionada.

     —Oigan, creo que deberíamos parar aquí la fiesta —opinó Joshua, dudoso de si acercarse más a nosotros o no.

     Me quise asegurar de que Lusian estuviera más tranquilo y tomé su rostro con ambas manos, invitándolo a que abriera sus ojos y me mirara.

     Lo hizo, y me alivió ver que habían vuelto a la normalidad.

     —Lo siento, terror —me dijo Lusian, casi sonando arrepentido —. ¿Estás bien?

     Asentí en respuesta y como si me hubiesen dado una descarga eléctrica lo solté, apartándome unos centímetros.

     —¿Por qué no te vas? —Dije, girándome para poder tener contacto visual con la morena—. Lusian ya te dijo que te esfumaras. No sé por qué sabes lo que sabes y no me interesa, pero no te quiero cerca de mí y te prohíbo que vuelvas a tocarme.

     —Al menos tienes carácter —dijo Zarah, ladeando su cabeza al observarme con curiosidad —. Pero eres simple como un hielo.

     Ella no me gustaba por muchas razones, pero existía una en especial que me hacía sentir casi odiarla.

     La verdad yo nunca figuré entre la gente como una persona prejuiciosa, me daba igual si eran de mi agrado o no, siempre me limité a tener tratos cordiales con los recién conocidos y muy pocas veces lograba conectar confortablemente, y si su presencia me molestaba, procuraba ignorarlos y que no alteraran mi paz mental. Sin embrago, con Zarah, había algo diferente, necesitaba que supiera que me provocaba malestar y que la quería lejos de mí, y de Lusian. Eso me confundía, sumándole que su presencia hostil me parecía familiar, como si la conociera. Incluso su rostro se me hacía bastante conocido, pero no lograba atinar en donde es que probablemente pude haberla visto o tratado.

     —Largo —volví a decirle, aquella vez con un tono de voz más alto.

     —No puedes echarme porque trabajo aquí —contestó con desdén.

     —Seguro de prostituta o algo — comenté con tono jocoso.

     Un instante después sentí la palma de su mano chocar contra mi mejilla. Ni siquiera lo vi venir.

     Descolocada di un paso atrás.

     Joshua, soltando una maldición, me tomó de la cintura, antes de que mi desequilibrio por el alcohol y la bofetada me llevaran directo al piso, ayudándome a mantenerme de pie.

     Sólo fui capaz de escuchar un rugido, que sobresalió por encima del ruido de la música, antes de que Lusian desapareciera entre la multitud que se había acumulado a nuestro alrededor. Llevaba a Zarah con brusquedad de un brazo, tirando de ella sin ninguna consideración. Ojala le arrancara el brazo. Ya era molesto ver que él la tocaba, aunque fuese para alejarla de mí.

     —¿Estás bien? —Me preguntó Joshie, tocando cuidadosamente mi mejilla magullada.

     —Sí —contesté acomodándome el cabello, para no perder la dignidad que se veía casi extinta—. Es una loca y obvio que es una prostituta.

     —No sé qué sea, pero tiene algo que no me gusta, Ax... y mira que es un bombón.

     Le dediqué una muy mala mirada a mi amigo y rodé los ojos con frustración, colocándome el vaso frio de mi bebida en el pómulo que comenzaba a escocer por el golpe.




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