Siempre Fuimos

Se creyó explícito el punto final, cuando tácitos fueron los puntos suspensivos

 

Invertir mi tiempo en actividades simples y sin aplicar ningún esfuerzo, no fue tan bueno, como lo había pensado. Incluso morder una manzana o cambiar los canales de la televisión suponían un recuerdo lleno de vida, de Lusian.

Tres días ya habían transcurrido desde su partida, y lo único objetivo que podía sacar de toda la situación era que la gala de beneficencia fue todo un éxito.

Mi teléfono no dejó de sonar con notificaciones del banco, avisándome de nuevos depósitos. La recolección de cheques, de la cual no pude hacerme cargo personalmente ese día, por mi falta de disposición emocional, había superado las expectativas.

En cuanto a mi proyecto, todo parecía ir viento en popa.

De hecho, Raphael me envió un par de mensajes, después de que ignorara sus llamadas, felicitándome por mi gran trabajo y mencionando lo orgulloso que estaba de mí.

Necesitaba poner en orden mi vida, porque estaba hecha un desastre, del mismo modo que lucía mi departamento. Ni siquiera podía entrar a mi cuarto, porque toda la ropa que compramos para la estadía de Lusian, la dejé botada en la cama, tras un intento fallido de guardarla en una caja y enviársela a Farmington.

Dormir en la sala tampoco fue bueno, ya que su aroma persistía en la tela de las sabanas y las cobijas. Y por muy estúpida que me hiciera ver, a cada instante las olía, buscando y rogando que su aroma no se hubiese evaporado aún.

Para no variar, me sentí tentada de cubrir mi cocina con una cortina, para no imaginar a Lusian en ella, pero tampoco lo hice, porque era mucho mejor sentirlo por medio de los recuerdos, a quedarme en un mundo en el cual pretender que nunca existió.

Lo único que me dio medianamente ánimos, fue que hablé con Joshua varias veces al día por teléfono. Mi intuición me avisó que sabía que las cosas con Lusian salieron peor de lo que se esperaba, y lo supe porque nunca me preguntó nada al respecto, y ambos tratamos de evadir el tema, lográndolo efectivamente.

En mi cuarto día de depresión, me sentía peor que en los días pasados, porque fue inminente recordar que cuando perdí a Daniel, Lusian estuvo conmigo y no me dejó sola. Actualmente, debía superar mi crisis en soledad, porque no era posible superar a Lusian, con un Lusian a mi lado.

Sintiéndome libre con mi pijama de franela color vino y mi cabello desordenado, porque sinceramente no me había bañado y aún llevaba rastros de maquillaje del evento en los Ufizzi, me decanté por comenzar a revisar documentos importantes que requerían mi atención. Documentos que había dejado a un lado, por dedicar todo mi tiempo a Lusian Bennettt.

Necesitaba revisar las facturas del alquiler, de mi cuenta de teléfono móvil, de los materiales que se pidieron en una nueva orden para la reconstrucción de la villa en Montieri. También había unas cuantas cartas que revisar sobre presuntos profesores para el colegio y un mil de cuentas que hacer, para inventariar todo lo invertido en la casa hogar.

No es que yo fuese a hacerlo, pero debía mandarle a Raphael todos esos documentos, y él mismo le pagaría a Malcolm sus conocimientos como contador, para que lo hiciera, en secreto. Malcolm también fue una de los personajes a los que tuvimos que ocultarle la verdad detrás sobre ese trabajo, pero como Joshua ya sabía sobre mí, ya no tendría ningún problema en que el señor Bennett se lo revelara.

Saqué la caja llena de hojas, de debajo de mi cama, evitando mirar la ropa sobre esta, y arrastrando los pies, con mis lindas pantuflas de felpa, llevé la caja hasta la mesa, que por suerte estaba desocupada, porque ya no tenía compañero de desayuno, comida o cena.

Una hora después, únicamente me quedaba por revisar un par de documentos: la factura del alquiler, que supuse debió haberle llegado a Raphael por correo, después de que me fijé en la fecha y que muy probablemente ya habría pagado, porque si no, yo estuviera durmiendo en la calle; y una hoja solitaria, con letras escritas a mano.

El donador anónimo. Por una desconocida razón, leí esas palabras tres veces, porque existía algo en ellas que me aceleraban el corazón. De repente, supe cuáles eran las palabras exactas que me producían esa sensación: "Este mundo necesita más almas como la de usted"

"Este mundo necesita más almas como la tuya", me había dicho Lusian después de nuestro épico baile.

Me quedé sin aire. Mis latidos se aceleraron. Y mi estómago se hundió abruptamente dándome una sensación de vértigo inevitable.

Me arriesgué a admitirle a mi mente y corazón, que Lusian era ese donador anónimo. B.L. eran las iniciales y no se necesitaba ser muy astuto para adivinar que eran sus iniciales, empezando por su apellido. Además, le daba una razón lógica al porque Lusian pudo entrar al evento sin que le diera boleto. No me imaginaba a Lu usando sus encantos seductores para disuadir al guardia de seguridad que cuidó la entrada esa noche. No existía otra manera de entrar al Palacio, más que por el arco de entrada.

De un momento a otro me invadieron con fuerza unas ganas irrefrenables de verlo, de abrazarlo y besarlo. Quería que estuviera conmigo, aunque pusiera mi alma en riesgo. No todos los días encuentras a personas tan excepcionales como él, tan entregadas, hasta al punto de hacer algo por ti, sin hacerlo de tu conocimiento.

Ese había sido Lusian conmigo durante tantos años, siempre me dio, sin importarle recibir nada a cambio de mi parte. Mi corazón se hincho por el simple hecho de saberme amada por alguien tan increíble y especial.

El pasado tenía que quedarse atrás. Debía darme la oportunidad de amar a alguien y entregarme sin importar las consecuencias. Podía esperar un trágico desenlace, pero me quedaría con las manos vacías, si por lo menos no lo intentaba.

Me apresuré a enviarle un mensaje al señor Bennett, pidiéndole que me buscara el primer vuelo a Nuevo México.

Mientras esperaba su respuesta me di una ducha rápida, metí en una maleta las primeras prendas de vestir que encontré dentro de mi closet y guardé algunos productos de higiene personal, sin preocuparme lo suficiente si eran los aromas que quería o no.




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