Siempre fuimos nosotros

Capítulo 3

Emily

El rumor empezó como empiezan todos: bajito, mal dicho y con demasiadas ganas de crecer.

Yo lo escuché por primera vez en los vestidores, mientras me ataba las agujetas y las demás hablaban como si yo no estuviera ahí.

—Dicen que Ethan va a ir a la fiesta con Clara.

No levanté la mirada.

—¿Clara de tercero? —preguntó alguien.

—Sí. La que siempre lo mira.

Terminé el nudo con más fuerza de la necesaria. Me puse de pie, agarré mi mochila y salí antes de que alguien notara que me había quedado sin aire.

Clara.
Bonita. Segura. No era una sorpresa.

Ethan no me pertenecía. Nunca lo había hecho.
Eso era lo que me repetía mientras caminaba por el pasillo y lo buscaba sin querer.

Lo encontré junto a las taquillas, hablando con dos chicos del equipo. Reía. Una risa corta, sincera. Esa que no usaba con cualquiera.

Me acerqué.

—¿Vas a ir a la fiesta? —pregunté, como si no supiera la respuesta.

Me miró, confundido apenas un segundo.

—Pensaba ir contigo.

—Ah —dije. Demasiado rápido—. Escuché otra cosa.

—¿Qué cosa?

Me encogí de hombros.

—Nada.

Me sostuvo la mirada. Ethan siempre lo hacía cuando algo no cuadraba.

—Em.

—No importa —lo interrumpí—. En serio.

No insistió. Eso fue peor.

La fiesta era igual a todas. Música alta, luces que hacían parecer todo más importante de lo que era. Yo llevaba un vestido sencillo, ceñido, el tipo de ropa que hacía que la gente asumiera cosas.

Ethan llegó tarde.

Lo vi desde la cocina. Clara estaba con él. No demasiado cerca, pero lo suficiente como para que doliera.

Bebí más rápido de lo habitual.

Cuando la música bajó un poco, alguien me tomó de la mano y me llevó a bailar. Reí. Me moví. Fingí.

Sentí la mirada de Ethan antes de verlo. Siempre era así.

Me acerqué a la mesa donde estaba.

—¿Todo bien? —pregunté, inclinándome un poco para que pudiera escucharme.

—Sí —respondió—. ¿Y tú?

—Genial.

Mentí otra vez.

Más tarde, en el jardín, el aire era frío y necesario. Me apoyé en la baranda, respirando hondo.

Ethan apareció a mi lado.

—No tienes que hacer eso —dijo.

—¿Hacer qué?

—Actuar.

Lo miré.

—No sé de qué hablas.

Se pasó una mano por el cabello. Estaba tenso.

—Clara no significa nada.

—No te pregunté eso.

El silencio se estiró entre nosotros.

—¿Te molesta? —preguntó al fin.

La respuesta se me quedó atorada en la garganta.

—No —dije—. ¿Por qué habría de molestarme?

Me miró como si quisiera decir algo más. No lo hizo.

Nos quedamos ahí, uno al lado del otro, sin tocarnos, como si el espacio entre ambos fuera de repente algo frágil.

Cuando volvimos a entrar, su mano rozó la mía. No la aparté.

No la tomé.

Esa noche entendí algo simple y peligroso:

Que perder a alguien no siempre empieza cuando se va.
A veces empieza cuando deja de mirarte igual.

Y Ethan…
ya no me miraba como antes.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.