Ethan
Emily no se va.
Pensé que lo haría.
Cuando le dije que iba a quedarme, esperaba ver algo distinto en su cara: sorpresa, incomodidad, tal vez distancia.
Pero no.
Sigue ahí.
En el mismo pasillo blanco del hospital, apoyada contra la pared, mirándome como si estuviera intentando entender algo que todavía no tiene forma.
—No tenías que quedarte —dice finalmente.
Su voz es suave, pero firme.
—Lo sé.
—Ethan…
—No es por ti.
La frase sale demasiado rápido.
Ella levanta una ceja.
—No dije que lo fuera.
Bien.
Ahora parezco un idiota.
Paso una mano por mi cabello y miro el suelo un segundo antes de volver a verla.
—Mi mamá no puede con todo esto sola.
—Lo sé.
—Y mi papá…
No termino la frase.
No hace falta.
Emily asiente despacio.
El silencio entre nosotros no es incómodo.
Es denso.
Como si ambos estuviéramos pensando en las mismas cosas pero nadie quisiera ser el primero en decirlas.
—Lucas llamó —dice de pronto.
Levanto la mirada.
—¿Y?
—Preguntó si lo sigo eligiendo.
Algo se tensa en mi pecho.
—¿Y qué le dijiste?
Emily se queda en silencio unos segundos.
Demasiados.
—Que no me hiciera responder eso ahora.
No sé si eso debería tranquilizarme.
No lo hace.
—Eso suena a respuesta.
—Tal vez lo es.
Nos miramos.
Hay algo distinto esta vez.
No es la tensión habitual. No es la pelea constante de los últimos meses.
Es más peligroso que eso.
Porque ahora sabemos exactamente qué está pasando entre nosotros.
La puerta de la habitación de mi padre se abre detrás de mí.
Una enfermera asoma la cabeza.
—Solo puede quedarse un familiar esta noche.
Mi mamá sale unos segundos después, agotada.
—Ethan… ve a casa —dice—. Yo me quedo.
—No.
—Necesito que descanses.
Emily interviene antes de que pueda discutir.
—Puedo llevarlo.
Ambos la miramos.
—No es problema —añade.
Mi mamá asiente como si la idea fuera perfecta.
Y antes de que pueda objetar, Emily ya está caminando hacia la salida.
La sigo.
Afuera el aire de la noche es frío.
Su auto está al otro lado del estacionamiento.
Caminamos en silencio hasta llegar.
Cuando abre la puerta del conductor, la detengo.
—Emily.
Se gira.
Estamos demasiado cerca.
Las luces del hospital iluminan apenas su cara, sus pecas suaves, sus ojos color miel que no están huyendo de los míos.
—Si me quedo aquí —digo—, todo cambia.
—Lo sé.
—Nada va a ser como antes.
—Ethan…
Pero no termina la frase.
Porque en ese momento mi mano ya está en su cintura.
Y estamos a una respiración de repetir el error que llevamos años evitando.
#160 en Joven Adulto
#3406 en Novela romántica
amor desilusion encuentros inesperados, amor ciego, amor decisiones dolorosas
Editado: 05.03.2026