Siempre fuimos nosotros

Capítulo 22

Ethan

No debí hacerlo.

La idea aparece tarde. Demasiado tarde.

Porque Emily sigue entre mis brazos, respirando agitado, con las manos aún aferradas a mi camisa como si soltarme fuera una opción que no está considerando.

Y yo tampoco.

Apoyo la frente contra la suya.

—Emily…

Su nombre suena distinto ahora.

Más pesado.

Más real.

Ella no se aparta.

Al contrario.

Sus dedos se deslizan lentamente hasta mi cuello, como si quisiera asegurarse de que sigo ahí.

—No digas nada —murmura.

Pero no puedo.

Porque esto… esto lo cambia todo.

—Tienes novio.

Lo digo en voz baja, pero es suficiente.

Su expresión cambia apenas.

No de arrepentimiento.

De incomodidad.

—No hagas esto ahora.

—¿Cuándo entonces?

Ella suelta un suspiro frustrado y finalmente se separa un poco, aunque no lo suficiente como para romper del todo el contacto.

—No arruines esto —dice.

Eso me golpea.

Porque para ella esto es algo que puede arruinarse.

Para mí… esto llevaba años construyéndose.

—No lo estoy arruinando —respondo—. Estoy diciendo la verdad.

—La verdad es que no planeamos esto.

—Pero pasó.

Silencio.

El aire entre nosotros ya no es el mismo.

Ya no es solo tensión.

Ahora es consecuencia.

Emily se pasa una mano por el cabello, nerviosa.

—Lucas no es…

Se detiene.

No termina la frase.

—¿No es qué?

—No es esto.

No sé si eso debería hacerme sentir mejor.

No lo hace.

—Entonces termina con él.

La frase sale más directa de lo que esperaba.

Ella me mira, sorprendida.

—No es tan fácil.

—¿Por qué?

—Porque no todo es tan intenso como tú lo haces ver, Ethan.

Eso sí duele.

—¿Intenso?

—Sí —dice, ahora más firme—. Contigo todo es extremo. O nada. No hay punto medio.

Tal vez tiene razón.

Pero no sé querer de otra forma.

—Y tú prefieres algo… fácil.

—Prefiero algo que no destruya todo a su paso.

Nos quedamos en silencio.

El eco de lo que acabamos de hacer sigue ahí.

Entre nosotros.

Innegable.

—Te voy a llevar a casa —dice finalmente, abriendo la puerta del auto.

No discuto.

Subo.

El trayecto es corto, pero se siente eterno.

La música está apagada.

Las manos de Emily están firmes en el volante.

No me mira.

Cuando llegamos, no se detiene de inmediato.

—Esto no puede pasar otra vez —dice.

La miro.

—Va a pasar.

Ella niega.

—No.

—Sí.

Porque ahora ya sabemos lo que se siente.

Y eso no se borra.

Emily cierra los ojos un segundo.

—Ethan… no compliques más las cosas.

Salgo del auto sin responder.

Porque si me quedo un segundo más…

Voy a volver a besarla.




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