Emily
No me voy de inmediato.
Ethan cierra la puerta del auto y camina hacia su casa sin mirar atrás.
Yo me quedo ahí, con las manos aún en el volante, como si el cuerpo no entendiera que ya terminó.
Pero no terminó.
Nada terminó.
Apoyo la frente contra el volante y cierro los ojos.
Lo besé.
No fue un accidente.
No fue un impulso que se me escapó.
Lo elegí.
Mi teléfono vibra otra vez.
Lucas.
Lo miro.
Esta vez no dudo.
Contesto.
—Hola.
—¿Ya saliste? —pregunta.
Su voz suena normal. Demasiado normal.
—Sí.
Silencio.
—¿Estabas con él?
Cierro los ojos.
—Sí.
Otra pausa.
—Emily… necesito saber dónde estoy parado.
Aprieto el volante.
No quiero hacerlo así.
No por teléfono.
Pero tampoco puedo seguir alargando esto.
—Lucas…
Mi voz se quiebra apenas.
—No es justo para ti.
El silencio al otro lado se vuelve pesado.
—Eso no responde nada.
—Sí responde.
Respira hondo.
—¿Pasó algo?
No contesto de inmediato.
Y ese segundo es suficiente.
—Emily.
No es enojo.
Es certeza.
—Sí.
No doy detalles.
No hace falta.
Escucho cómo suelta el aire.
—¿Fue él?
No respondo.
—Claro que fue él.
Cierro los ojos con fuerza.
—Lo siento.
—No —dice, y ahora sí hay algo más en su voz—. No lo sientes. Solo no quieres sentirte culpable.
Eso también es verdad.
—No puedo seguir contigo si…
—Si sigo pensando en él —termino por él.
Silencio.
Largo.
Definitivo.
—Entonces ya está —dice al final.
Y ahí se rompe.
No con gritos.
No con reproches.
Solo con esa calma que duele más.
—Cuídate, Emily.
La llamada termina.
Me quedo mirando la pantalla.
Y por primera vez en mucho tiempo…
No hay un “plan B”.
No hay algo seguro esperándome.
Solo esto.
Solo Ethan.
Solo lo que sea que acabamos de empezar.
Levanto la mirada.
La casa de Ethan sigue con las luces encendidas.
Podría ir.
Podría arreglar esto ahora.
Podría besarlo otra vez.
Pero no me muevo.
Porque por primera vez…
no tengo idea de qué va a pasar después.
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Editado: 17.03.2026