Siempre fuimos nosotros

Capítulo 25

Emily

No me sorprende verlo.

Tal vez debería.

Tal vez debería preguntarle qué hace aquí, por qué no se fue a dormir, por qué no dejó que todo se enfriara como siempre.

Pero no lo hago.

Porque en el fondo… sabía que iba a venir.

Doy un paso hacia atrás para dejarlo pasar.

Ethan entra sin decir nada.

Cierro la puerta detrás de él y el sonido parece más fuerte de lo normal.

Como si marcara algo.

Un antes y un después.

—Mis papás no están —digo, más por costumbre que por necesidad.

Él asiente apenas.

—Lo imaginé.

Silencio.

Estamos en la sala, uno frente al otro, con demasiadas cosas acumuladas entre nosotros.

No hay música.
No hay distracciones.

Solo esto.

—Terminamos —digo.

La palabra sale más fácil de lo que esperaba.

Ethan no reacciona de inmediato.

Pero lo veo en su expresión.

Algo se tensa. Algo se calma.

—¿Con Lucas?

Asiento.

—Hace unos minutos.

Otra pausa.

—¿Por mí?

La pregunta se queda suspendida.

Podría mentir.

Podría decir que no.

Pero ya no quiero seguir haciendo eso.

—No solo por ti.

Él da un paso más cerca.

—Pero sí.

Mi respiración se vuelve más lenta.

Más pesada.

—Emily…

Mi nombre en su voz suena distinto ahora.

Más cerca.

Más… permitido.

—Esto no es un error —digo antes de que pueda decir algo más.

Él me mira fijo.

—Lo sé.

Y eso cambia todo.

Porque ya no hay culpa en su tono.

No hay duda.

Solo certeza.

—Entonces deja de tratarlo como si lo fuera —añado.

Ethan no responde con palabras.

Responde acercándose.

Esta vez más lento.

Como si estuviera midiendo cada movimiento.

Como si quisiera asegurarse de que no voy a retroceder.

No lo hago.

Cuando su mano vuelve a mi cintura, no me tenso.

Me acerco.

Cuando su otra mano se pierde en mi cabello, cierro los ojos.

Y cuando me besa otra vez…

Es distinto.

No hay prisa.

No hay urgencia.

Solo algo más profundo.

Más peligroso.

Mis manos suben por su pecho, sintiendo cada respiración, cada pausa.

—Emily… —murmura contra mis labios.

—No te detengas.

No lo hace.

Retrocedemos sin separarnos.

Un paso.

Otro.

Hasta que mi espalda choca suavemente contra la pared.

El aire se vuelve más corto.

Más caliente.

Todo es demasiado.

Demasiado real.

Demasiado intenso.

Pero no me aparto.

Porque esta vez no hay nadie que nos interrumpa.

Nadie que nos encuentre antes de cruzar la línea.

Y por primera vez en años…

No quiero que eso pase.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.