Siempre fuimos nosotros

Capítulo 30

Ethan

No me gusta cómo suena la palabra “otra vez”.

Otra cirugía.
Otra espera.
Otra posibilidad de que algo salga peor.

Estoy de pie frente al quirófano, con los brazos cruzados, intentando no pensar en todo lo que puede salir mal.

Mi mamá está sentada, mirando un punto fijo. No ha llorado otra vez, pero se le nota en la forma en que respira.

—¿Ya viene? —pregunta sin mirarme.

—Sí.

No tuve que decir el nombre.

Sabe quién.

Emily llega unos minutos después.

Cabello recogido, cara cansada, misma ropa de ayer.

Directo hacia mí.

No duda.

No pregunta.

Solo se acerca y me abraza.

Fuerte.

Como si eso pudiera sostener todo.

Cierro los ojos un segundo.

Respiro.

Y por primera vez desde que estoy aquí… no me siento completamente solo.

—¿Qué dijeron? —pregunta al separarse.

—Que la primera cirugía no fue suficiente.

—¿Y ahora?

—Van a entrar otra vez.

Asiente.

No dice nada más.

Se queda a mi lado.

Mi mamá la mira un segundo.

—Gracias por venir —dice, en voz baja.

Emily asiente con una pequeña sonrisa.

No invade.

No intenta ser más de lo que es.

Pero tampoco se aleja.

Y eso… ayuda más de lo que esperaba.

Las horas pasan lento.

Demasiado.

El reloj en la pared parece avanzar por obligación.

En algún punto, Emily se levanta.

—Voy por café.

—No tienes que—

—Quiero.

Se va antes de que termine.

La veo alejarse por el pasillo.

Y justo en ese momento, alguien se acerca.

—Ethan.

Reconozco la voz antes de girar.

Mi padre.

No.

No puede ser.

Parpadeo.

No.

Es el hermano de mi padre.

Mi tío.

—¿Cómo está? —pregunta.

—En cirugía.

Asiente.

Se queda en silencio unos segundos.

Luego me mira con algo que no me gusta.

—Tu papá siempre fue así.

Frunzo el ceño.

—¿Así cómo?

—Orgulloso.

No entiendo a dónde va.

—No es el momento.

—Es el único momento.

Eso me tensa.

—¿De qué hablas?

Mi tío suspira.

—De que no es la primera vez que toma malas decisiones que terminan afectándolos a ustedes.

Aprieto la mandíbula.

—No empieces.

—Solo digo que tienes que pensar bien lo que vas a hacer ahora.

Ahí está.

—¿Quedarme?

—O irte.

Lo miro fijo.

—No es tu decisión.

—No. Pero es tu vida.

Silencio.

—Y créeme —añade—, quedarte por culpa nunca termina bien.

Eso me golpea más de lo que debería.

Porque no es completamente mentira.

Porque una parte de mí ya empezó a sentirlo.

En ese momento, Emily regresa con dos cafés.

Se detiene al notar la tensión.

—¿Todo bien?

Mi tío la observa un segundo.

—Supongo que tú eres la razón por la que está considerando quedarse.

El comentario cae pesado.

—No —respondo antes de que Emily diga algo—. No es así.

Pero ya lo dijo.

Ya lo puso en voz alta.

Emily me mira.

No dice nada.

Pero ahora también lo está pensando.

Y eso complica todo aún más.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.