Siempre fuimos nosotros

Capítulo 32

Ethan

No siento el café en la mano.

No siento el ruido del pasillo.6

Solo escucho la última frase del médico repitiéndose.

“No recupere la movilidad completamente.”

Mi mamá empieza a hacer preguntas. Muchas. Demasiadas. El médico responde, pero ya no estoy escuchando.

Porque todo se reduce a una sola cosa:

Nada va a volver a ser igual.

Emily aprieta mi mano.

Fuerte.

Eso es lo único que me mantiene presente.

—¿Puedo verlo? —pregunto.

El médico asiente.

—En unos minutos lo pasan a habitación.

Asiento.

No digo nada más.

Mi mamá se sienta otra vez, con los ojos llenos pero sin llorar. Como si no se permitiera hacerlo todavía.

Me paso una mano por el rostro.

Respiro.

No funciona.

—Voy por aire —murmuro.

Emily me suelta despacio.

—Voy contigo.

Niego.

—Quédate con mi mamá.

Ella duda.

—Ethan—

—Por favor.

Asiente.

Salgo.

El aire afuera está frío.

Golpea.

Pero no despeja nada.

Me apoyo contra la pared del hospital y cierro los ojos.

Por un segundo.

Solo uno.

Y entonces todo cae.

La universidad.

La beca.

La distancia.

Mi papá en una cama.

Emily.

Siempre Emily.

Aprieto los puños.

No puedo con todo al mismo tiempo.

No puedo.

Escucho pasos detrás de mí.

No tengo que girarme para saber que es ella.

—Te dije que te quedaras.

—Y te dije que no me preguntaras eso.

Emily se pone frente a mí.

Sus ojos están firmes.

No frágiles.

No dudosos.

—No tienes que cargar con todo solo.

—Alguien tiene que hacerlo.

—No tú solo.

La miro.

—¿Entonces quién?

Silencio.

—Tu mamá también está ahí —dice—. Y no está huyendo.

Eso me molesta.

—No estoy huyendo.

—Entonces no te encierres.

Doy un paso atrás.

Necesito espacio.

—No entiendes lo que está pasando.

—Sí entiendo.

—No —niego—. No entiendes lo que significa esto.

Mi voz sube un poco.

—Significa que todo cambia —responde—. Lo sé.

—Significa que no puedo irme.

Ahí está.

Por fin lo digo sin rodeos.

Emily se queda quieta.

—Y tampoco sé si quiero quedarme.

El silencio se rompe.

De verdad.

—¿Qué?

—No lo sé —repito, más bajo—. No sé si lo estoy haciendo por él… o por no perderte.

La frase queda en el aire.

Pesada.

Peligrosa.

Emily no responde de inmediato.

Pero esta vez…
no aparta la mirada.

Y eso hace que todo sea mucho más real.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.