Siempre fuimos nosotros

Capítulo 45

Emily

Mi corazón se detiene.

O al menos lo siente así.

—¿Qué? —pregunto.

Mi madre me sostiene la mirada.

—Tu padre ya sabe.

No está alterada.

No está enojada.

Eso es peor.

Porque significa que viene preparada.

—¿Qué sabe exactamente? —pregunto.

—Que llevas semanas pasando más tiempo con Ethan del que deberías.

A mi lado, Ethan se queda completamente quieto.

—Mamá...

—Y que anoche no dormiste en casa.

Ahí está.

El golpe real.

Siento cómo el estómago se me hunde.

—No tienes derecho a seguirme.

—Soy tu madre.

—Eso no responde nada.

Su expresión se endurece apenas.

—Tu padre está esperando en casa.

Perfecto.

Justo lo que faltaba.

—No voy a irme ahora.

—Emily.

—No.

Mi voz sale más firme.

Más fuerte.

Algunas personas en el pasillo giran la cabeza.

No me importa.

—Ethan me necesita aquí.

Mi madre mira a Ethan.

Y durante un segundo veo algo extraño en sus ojos.

Culpa.

Pequeña.

Pero está ahí.

La misma culpa que aparece cada vez que algo tiene relación con su pasado.

Con el padre de Ethan.

Con todo lo que destruyó.

—Precisamente por eso —dice finalmente.

Aprieto los puños.

—No lo entiendes.

—Lo entiendo mejor de lo que crees.

Eso me hace reír.

Una risa corta.

Sin humor.

—No. No tienes idea.

Silencio.

Tenso.

Incómodo.

Mi madre exhala lentamente.

Como si estuviera intentando mantener el control.

—Tu padre está preocupado.

—Mi padre siempre me pregunta qué siento.

Tú me dices qué hacer.

La frase sale sola.

Y sé que duele.

Porque por primera vez, ella baja la mirada.

Solo un segundo.

Pero lo hace.

Después vuelve a levantarla.

—Emily, por favor.

Por favor.

Hace años que no le escuchaba decir eso.

—Ve a casa.

La miro.

Luego miro a Ethan.

Sigue observando todo en silencio.

Sin intervenir.

Sin empeorarlo.

Como siempre.

—Voy a hablar con mi padre —digo finalmente.

Mi madre asiente.

Aliviada.

Pero levanto una mano antes de que diga nada.

—Y después vuelvo.

Su expresión cambia.

—Emily...

—Después vuelvo.

Porque no pienso desaparecer.

No otra vez.

No ahora.

Mi madre entiende que no va a convencerme.

Y eso la molesta.

Pero asiente.

—Bien.

Cuando se aleja por el pasillo, el silencio regresa.

Miro a Ethan.

Él sigue observándome.

—¿Todo bien?

La pregunta es absurda.

Los dos lo sabemos.

Aun así, una pequeña sonrisa aparece en mis labios.

—No.

—Sí.

—Definitivamente no.

Por primera vez en todo el día, Ethan sonríe también.

Solo un poco.

Solo para mí.

Pero entonces su teléfono vibra.

Lo saca del bolsillo.

Lee la pantalla.

Y la sonrisa desaparece.

Por completo.

—¿Qué pasó? —pregunto.

Ethan no responde enseguida.

Sigue mirando el mensaje.

Como si estuviera intentando procesarlo.

—Es la universidad.

El aire vuelve a tensarse.

—¿Y?

Levanta la vista.

Sus ojos azules encuentran los míos.

Y por la expresión que tiene...

sé que lo que acaba de leer cambia absolutamente todo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.