La sala aún conservaba el eco de la reunión anterior, como si las decisiones no se hubieran ido del todo. El aire estaba más denso, cargado de algo que no se podía nombrar, pero que permanecía. Afuera, la oficina seguía funcionando con normalidad, ajena a lo que, en silencio, comenzaba a cambiar dentro.
Ren fue el primero en moverse.
Encendió la pantalla, proyectó los gráficos y dejó que los números hablaran antes que él. Era más fácil así. Más seguro. Kanagawa ocupó la sala completa en forma de proyecciones, curvas, estimaciones, tiempos. Todo ordenado. Todo bajo control.
—La expansión puede ejecutarse en un mes —dijo finalmente, señalando una de las líneas—. Los indicadores están dentro de lo proyectado. No deberíamos tener retrasos si iniciamos los permisos esta semana.
Su voz fue firme. Precisa. Sin espacio para dudas.
Kaoru estaba sentada al otro lado de la mesa. No lo interrumpió. No hizo preguntas de inmediato.
Solo observó.
No los gráficos.
A él.
Yoshiro se inclinó apenas hacia adelante, apoyando los codos con naturalidad, como si esa sala también le perteneciera.
—Se ve en orden —comentó, después de unos segundos—. No hay nada que indique lo contrario.
Ren asintió, aunque no estaba mirando a Yoshiro. Había algo en el ambiente que no terminaba de encajar, pero no sabía dónde ponerlo.
—Entonces lo lógico es avanzar —continuó Yoshiro—. Antes de mover cualquier cosa, alguien debería ir a Kanagawa. Ver el terreno. Asegurar permisos. Adelantar lo que se pueda.
Hizo una pausa breve.
—Ren debería ir.
No sonó como una sugerencia.
Ren levantó la mirada.
—No hay problema —respondió casi de inmediato.
Demasiado rápido.
Kaoru cerró la carpeta que tenía frente a ella con un movimiento limpio.
—Estoy de acuerdo.
Fue simple. Directo. Sin adornos.
Pero no terminó ahí.
—Tú también deberías ir —agregó Yoshiro, girando levemente hacia ella—. No es solo una expansión técnica. Hay variables que no aparecen en los informes.
El silencio que siguió fue corto, pero suficiente para que algo se tensara.
Kaoru sostuvo la mirada un segundo más de lo necesario.
—Está bien.
Aceptó.
Sin dudar.
Y, aun así… había algo en su voz que no estaba del todo ahí.
Yoshiro se recostó apenas en la silla.
—Tendrán que coordinar pronto —dijo, acomodándose apenas—. Yo me quedaré en Tokio mientras estén en Kanagawa.
Hizo una pausa breve, como si midiera lo que venía después.
—Después tendré que volver a Estados Unidos… cerrar algunos asuntos antes de instalarme definitivamente en Japón.
La palabra definitivamente quedó suspendida un instante en el aire.
Luego, como si recordara algo, miró a Ren.
—¿No tienes inconveniente en viajar con ella?
La pregunta era formal. Casi innecesaria.
—No —respondió Ren.
Y era verdad.
O eso creyó.
Yoshiro lo observó un segundo más. No con amenaza. No con desconfianza. Con esa serenidad que, precisamente por no levantar la voz, pesaba más.
—Kanagawa puede ser exigente —dijo.
Sus ojos pasaron apenas por Kaoru antes de volver a Ren.
—No la pierdas de vista.
La frase cayó con calma.
Demasiada calma.
Yoshiro añadió enseguida, como si hubiera querido devolverla al terreno correcto:
—En el proyecto.
Ren sostuvo su mirada.
—Entendido.
Pero algo en la respuesta le quedó incómodo.
No por Yoshiro.
Por él.
—Tranquilo —intervino Hiko desde un costado, con un tono más bajo de lo habitual—. Yo me encargo de las niñas.
Ren giró levemente la cabeza.
—¿Qué niñas? —preguntó Yoshiro, sin perder la curiosidad tranquila que lo caracterizaba.
Hiko sonrió apenas.
—Entrenamos vóley en el pueblo. Todos los días. Un grupo de niñas. Nada importante.
Nada importante.
La frase cayó ligera.
Demasiado ligera.
Y fue suficiente.
No hubo aviso.
No hubo transición.
Algo dentro de Kaoru se quebró sin pedir permiso.
Primero fue un sonido.
Seco.
Un impacto.
Después… el rebote.
Uno. Dos.
Rítmico.
Lejano.
Y, sin forma completa, algo intentó aparecer.
Una cancha.
Luz abierta.
El borde de una red.
Una silueta elevándose.
Un brazo tensándose antes de golpear.
—…
El aire se le cortó.
No de golpe.
Como si su propio cuerpo dudara antes de reconocerlo.
Llevó la mano a la sien.
El mundo no desapareció… pero dejó de ser estable.
Las líneas de la sala vibraron apenas.
Las voces se alejaron.
Y algo —alguien— estuvo a punto de decir su nombre.
No alcanzó.
El dolor llegó después.
Brusco.
Profundo.
Como si viniera desde un lugar que no conocía.
—¡Ah…!
El quejido escapó sin permiso.
Se inclinó hacia adelante, cerrando los ojos con fuerza, intentando sostener algo que ya no estaba.
El silencio en la sala cambió de forma.
Ren ya estaba de pie.
No recordó haberse levantado.
Solo sabía que estaba más cerca.
—¿Qué pasa? —preguntó, pero su voz no era la misma.
No era solo preocupación.
Y eso fue lo que más le incomodó.
Había algo en esa escena… que no era nuevo.
Y no tenía derecho a sentirse así.
Kaoru no respondió de inmediato.
Respiraba irregular.
El recuerdo… si lo había sido… se había deshecho antes de existir por completo.
No quedaba imagen.
Solo una ausencia demasiado presente.
Abrió los ojos lentamente.
—Estoy bien.
Pero no lo estaba.
Y ninguno lo creyó.
Yoshiro observó sin intervenir de inmediato. Sus ojos se movieron entre ambos, midiendo algo que no lograba encajar del todo.
—¿Te ocurre seguido? —preguntó al fin.
Kaoru negó suavemente.
—No.
La palabra quedó vacía.