Siempre fuiste Tú. Cuando el amor regresa tarde

Capítulo 18- Demasiado cerca

Ren no levantó la vista cuando la puerta se abrió. El sonido era reconocible. Ligero. Sin prisa. Como si no hubiera nada importante que decir.

—Así que te vas a Kanagawa —dijo Hiko, apoyándose en el marco sin pedir permiso—. Tres días.

Ren siguió mirando la pantalla. Un gráfico abierto. Números que ya había revisado dos veces antes.

—Trabajo.

Hiko dejó escapar una pequeña risa, más aire que sonido.

—Claro.

Se hizo un silencio breve. De esos que no incomodan… hasta que alguien decide empujarlos un poco más.

—Tres días —repitió, caminando dentro de la oficina—. Fuera de la ciudad. Sin el resto del equipo.

Ren cerró el archivo.

No fue un gesto brusco. Pero tampoco casual.

—¿Quieres decir algo?

Hiko se encogió de hombros, con una naturalidad que no era del todo inocente.

—Nada en particular.

Una pausa.

—Solo que… suena distinto cuando lo dices así.

Ren lo miró por primera vez.

Directo.

—No lo es.

Hiko sostuvo la mirada un segundo más de lo habitual. No sonrió esta vez.

—Si tú lo dices.

Se giró, como si ya hubiera terminado, pero se detuvo antes de llegar a la puerta.

—Igual… intenta no pensarlo demasiado.

Ren frunció levemente el ceño.

—¿Pensar qué?

Hiko lo miró por sobre el hombro, apenas.

—Exacto.

Y salió.

La puerta se cerró con un sonido suave, casi limpio.

Ren no se movió.

El silencio volvió a instalarse en la oficina, pero ya no era el mismo.

Tres días.

La frase regresó sola. Sin invitación.

No era el tiempo.

No era el lugar.

Era lo que implicaba estar ahí.

Demasiado cerca.

Desvió la mirada hacia la pantalla, pero no leyó nada. Las cifras seguían ahí, ordenadas, exactas, sin margen de error.

A diferencia de todo lo demás.

Apoyó los codos sobre el escritorio, entrelazando las manos con más fuerza de la necesaria.

No tenía sentido.

No había nada que analizar.

Nada que justificar.

Y aun así, algo no terminaba de encajar.

Exhaló lento.

—Es trabajo —repitió, esta vez sin voz.

Pero la palabra ya no alcanzaba para sostenerlo.

Encendió la pantalla de nuevo. No para revisar cifras. Para ocupar el tiempo que quedaba antes de que algo más lo obligara a moverse.

Alojamiento.

Era un detalle menor. Logístico. Sin peso real.

Y aun así, cuando abrió las opciones, algo en su cuerpo reaccionó antes que su cabeza. Recorrió los hoteles disponibles, uno por uno, leyendo ubicaciones, distancias, tiempos de traslado… pero deteniéndose, sin saber por qué, en algo que no estaba en los datos.

Habitaciones contiguas.

La posibilidad era obvia. Eficiente. Práctica.

La descartó.

No de forma consciente. No con una razón clara. Solo pasó a la siguiente opción, como si aquello nunca hubiera estado ahí.

Frunció el ceño apenas.

No debería importarle.

No era su estilo complicar lo simple.

Siguió revisando.

Dos hoteles distintos. Cercanos. Funcionales. Sin contacto innecesario fuera del trabajo.

Mejor.

Sí. Mejor.

Se quedó mirando la pantalla un segundo más de lo normal, como si esperara que algo dentro de él confirmara esa decisión.

No lo hizo.

—Debería dar lo mismo —murmuró, apenas audible.

Pero no le dio lo mismo.

Al otro lado del edificio, Kaoru cerraba la puerta de su oficina con cuidado, como si el ruido pudiera romper algo que ya estaba frágil.

El dolor de cabeza había vuelto. Más tenue que antes. Más constante.

Se llevó los dedos a la sien, presionando con suavidad, esperando que eso fuera suficiente para detener lo que no terminaba de entender.

Kanagawa.

El viaje se había decidido con demasiada facilidad. Como si no hubiera nada que cuestionar. Como si ella no hubiera sentido ese leve desajuste cuando escuchó su propio nombre dentro de la propuesta.

No era miedo.

No exactamente.

Era otra cosa.

Algo que no lograba nombrar sin que se deshiciera antes de tomar forma.

Se sentó lentamente, dejando el teléfono sobre el escritorio. La pantalla reflejaba su rostro, pero por un instante no se reconoció del todo en él. No en lo que había detrás.

Cerró los ojos.

Y ahí estaba otra vez.

No un recuerdo.

No una imagen clara.

Solo una sensación.

Movimiento. Ruido. Un golpe seco. Algo que se rompe.

Abrió los ojos de inmediato, como si quedarse un segundo más pudiera hacer que eso se volviera real.

Respiró hondo.

—Es solo cansancio —dijo en voz baja, ordenándose a sí misma más que convenciéndose.

Pero su mano no había dejado de temblar.

Ren revisó el itinerario por tercera vez cuando el mensaje llegó.

Kaoru: ¿Tienes un momento para ver la planificación antes de cerrar?

Leyó la notificación sin abrirla de inmediato.

Un segundo.

Dos.

No había razón para dudar.

Es trabajo.

Abrió el mensaje.

—Claro —respondió finalmente—. Estoy en mi oficina.

Envió el texto antes de poder cuestionarlo.

El silencio volvió.

Diferente ahora.

Más denso.

Se recostó apenas en la silla, mirando la puerta como si esperara que algo ocurriera antes de que ella llegara. Como si ese instante previo fuera más fácil de sostener que lo que venía después.

No entendía por qué.

Y eso era exactamente lo que empezaba a incomodarlo.

Porque no era el proyecto.

No era el viaje.

Ni siquiera era ella.

Era lo que pasaba cuando estaba cerca.

Y eso… no tenía un lugar claro donde encajar.

Cuando Kaoru cruzó la puerta unos minutos después, el aire volvió a cambiar.

No de forma evidente.

No para cualquiera.

Pero suficiente.

Suficiente para que ninguno de los dos lo ignorara del todo.




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