Siempre fuiste Tú. Cuando el amor regresa tarde

Capítulo 21- La distancia más corta

El pasillo del hotel seguía suspendido en ese silencio extraño que queda después de las conversaciones que nunca terminan de ocurrir. Kaoru permanecía frente a Ren con una mano apoyada apenas contra la pared, respirando lento, como si el cuerpo estuviera intentando acostumbrarse otra vez a sí mismo. El dolor de cabeza había disminuido un poco, pero no desaparecido. Seguía allí, pequeño, insistente, latiendo detrás de los ojos como algo que esperaba el momento exacto para romperse.

Ren la observó en silencio.

No como un hombre que analizaba un problema.

Como alguien preocupado.

Y eso era peor.

—Deberías descansar.

Kaoru levantó apenas la mirada hacia él.

—Estoy bien.

La respuesta salió automática. Demasiado rápida. Ren lo notó de inmediato.

—Mañana tenemos reuniones importantes con los proveedores —dijo con calma—. Si no duermes, terminarás peor.

Ella sostuvo sus ojos unos segundos más de lo necesario. Había algo profundamente incómodo en que Ren Nakamura comenzara a notar detalles que nadie más veía. El cansancio. Las pequeñas pausas al caminar. La forma en que presionaba apenas la sien cuando creía que nadie estaba mirando.

Como si él estuviera aprendiendo a leerla sin permiso.

—Sólo necesito dormir un poco —murmuró al final.

Ren asintió.

—Entonces hazlo.

No fue una orden.

Tampoco un consejo.

Fue cuidado.

Y Kaoru descubrió que no sabía cómo reaccionar cuando alguien la cuidaba sin esperar nada a cambio.

Desvió la mirada primero. Luego caminó hacia su habitación intentando mantener intacta la compostura elegante que siempre la protegía. Antes de entrar, se detuvo apenas un instante, casi esperando escuchar la voz de Ren otra vez.

Pero él permaneció en silencio.

Cuando la puerta se cerró, Ren siguió allí unos segundos más, inmóvil en medio del pasillo vacío, observando el lugar donde ella había desaparecido.

La noche alrededor continuó tranquila.

Dentro de él, no.

A la mañana siguiente, Kanagawa amaneció cubierta por una lluvia suave que dejaba pequeñas líneas de agua deslizándose por los enormes ventanales del hotel. El comedor estaba lleno de conversaciones discretas, tazas de café humeantes y ejecutivos fingiendo haber descansado más de lo que realmente habían hecho.

Ren ya estaba sentado junto a la ventana revisando documentos cuando Kaoru apareció.

El cabello oscuro caía ordenado sobre sus hombros, aunque todavía existía un pequeño cansancio escondido bajo sus ojos. Llevaba un abrigo claro que contrastaba con la mañana gris y caminaba con esa elegancia natural que hacía parecer sencillo incluso el agotamiento.

Ren levantó la vista apenas ella se acercó.

—Buenos días.

—Buenos días.

Kaoru tomó asiento frente a él y dejó el bolso junto a la silla.

—¿Cómo estás? —preguntó Ren.

Ella tomó la taza de café antes de responder.

—Lo suficiente para trabajar.

Ren cerró lentamente la carpeta que estaba revisando.

—No pregunté eso.

La frase fue suave.

Pero encontró exactamente dónde golpear.

Kaoru no alcanzó a responder. Su teléfono vibró sobre la mesa y el nombre de Yoshiro apareció iluminando la pantalla.

Ren bajó la vista a los documentos otra vez.

Kaoru contestó.

—Buenos días.

Su voz cambió apenas.

Lo suficiente para notarse.

—¿Cómo amaneciste? —preguntó Yoshiro desde el otro lado.

—Mucho mejor.

La sonrisa apareció sola en sus labios. Pequeña. Cálida. Familiar.

Ren dejó de leer.

—Ayer parecías agotada.

—Estoy bien. Sólo necesitaba dormir un poco.

—¿Y Ren? ¿Te está cuidando bien?

Kaoru levantó la vista lentamente hacia él.

Ren seguía mirando los documentos.

Pero ya no estaba leyendo nada.

Entonces ella hizo algo que ni siquiera entendió completamente.

—Ha sido bastante atento conmigo.

La frase salió suave.

Casi íntima.

Y Ren la escuchó.

Kaoru también supo que la había escuchado.

Yoshiro soltó una pequeña risa.

—Eso esperaba. Dile que cuide bien a mi novia.

Kaoru sostuvo la mirada de Ren apenas un segundo antes de responder.

—Se lo diré.

Él volvió a bajar los ojos a los papeles.

Pero esta vez demasiado lento.

La conversación continuó unos minutos más hasta que Yoshiro habló nuevamente.

—Por cierto, contraté apoyo para ustedes. Una asistente llegará hoy al mediodía para ayudarlos con la coordinación del proyecto.

Kaoru frunció apenas el ceño.

—¿Una asistente?

—Sí. Con la presión que tendrán estos días, preferí reforzar el equipo. Se llama Saori Fujimoto. Es excelente.

—Entiendo.

—Se comunicará con ustedes apenas llegue.

Cuando la llamada terminó, el silencio entre Kaoru y Ren se volvió extraño otra vez.

Ella dejó el teléfono sobre la mesa.

Ren cerró el computador.

—Parece preocupado por ti.

—Yoshiro siempre exagera.

Ren asintió lentamente.

—Quizás tiene motivos.

Kaoru lo miró.

—¿Qué significa eso?

—Nada.

Pero ambos entendieron que sí significaba algo.

La reunión con los proveedores comenzó cerca del puerto de Kanagawa, en uno de esos edificios corporativos donde todo parecía demasiado limpio para ser completamente honesto. Las mesas brillaban bajo la luz fría, el café sabía caro y cada persona en la sala sonreía como si esconder información fuera parte del protocolo.

Ren dirigió la presentación con una tranquilidad impecable. Explicó plazos, procesos y proyecciones sin levantar demasiado la voz. No necesitaba hacerlo. Había personas que imponían autoridad desde la presión. Ren lo hacía desde la precisión.

Kaoru lo observó varias veces mientras hablaba.

Y comenzó a notar algo peligroso.

Ren pertenecía perfectamente a ese mundo.

No parecía alguien intentando demostrar valor.




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