La habitación del hotel estaba en silencio, pero Kaoru sentía que algo seguía haciendo ruido dentro de ella.
Había intentado leer los documentos de la reunión del día siguiente al menos tres veces. También intentó revisar correos. Incluso encendió la televisión unos minutos solo para apagarla inmediatamente después. Nada conseguía distraerla realmente.
Porque cada vez que el silencio regresaba, volvía a pensar en lo mismo.
Ren y Saori abajo.
En el bar.
Juntos.
Kaoru apoyó lentamente la cabeza contra el respaldo de la cama mientras sostenía el teléfono entre las manos sin mirarlo. Afuera, las luces de Kanagawa se reflejaban sobre los ventanales como pequeñas manchas doradas temblando en la oscuridad.
Ridículo.
Era completamente ridículo sentirse así.
Saori era parte del proyecto. Había sido eficiente durante todo el día. Inteligente. Profesional. Y Ren solamente estaba trabajando.
Eso era todo.
Entonces, ¿por qué seguía imaginando escenas que probablemente ni siquiera estaban ocurriendo?
La sonrisa de Saori.
La manera en que se acomodaba el cabello cuando hablaba con él.
Esa facilidad demasiado natural para acercarse.
Kaoru cerró los ojos un momento y soltó aire lentamente.
No le gustaba pensar así.
No le gustaba la incomodidad que aparecía cada vez que recordaba la mirada de esa mujer sobre Ren.
Porque no tenía derecho a sentir nada de eso.
Se levantó de la cama y caminó hacia la ventana intentando despejarse. Desde ahí podía verse parte del lobby iluminado varios pisos más abajo. El hotel parecía tranquilo. Elegante. Demasiado elegante para el desorden que tenía dentro.
Tal vez debía bajar.
La idea apareció de golpe.
Simplemente bajar, revisar algunos contratos, decir que quería confirmar detalles para la reunión con el gobernador y volver.
Nada extraño.
Nada personal.
Pero apenas imaginó la escena sintió algo todavía peor.
Interrumpirlos.
Como si realmente estuviera buscando algo.
Kaoru apretó levemente los labios.
No bajó.
Mientras tanto, en el bar ejecutivo del hotel, Ren sostenía una carpeta abierta sobre la mesa mientras repasaba nuevamente los últimos puntos relacionados con proveedores y tiempos de ejecución. Frente a él, Saori giraba lentamente una copa entre los dedos mientras observaba los documentos con una atención que parecía ir desapareciendo poco a poco.
—Si el gobernador aprueba los permisos mañana, podrán comenzar antes de lo previsto —dijo Ren sin levantar demasiado la vista.
—Mhm.
Saori lo observaba más a él que a los papeles.
Ren continuó revisando cifras sin notarlo al principio.
—También debemos asegurar el cierre de los contratos secundarios antes de regresar a Tokio.
—Trabajas demasiado.
Ren levantó apenas la mirada.
—Es parte del proyecto.
Saori sonrió suavemente.
Una sonrisa lenta. Elegante.
Después acomodó el cabello detrás de la oreja mientras inclinaba un poco el cuerpo hacia él.
—No hablaba del proyecto.
Ren volvió la vista a los documentos inmediatamente.
Ahí comenzó la incomodidad.
No era ingenuo. Entendía perfectamente el tono de esa conversación. Y eso le molestó más de lo esperado.
Porque él no había bajado para eso.
Saori apoyó la mano sobre la mesa, apenas rozando los dedos de Ren al mover una hoja.
El contacto fue breve.
Pero suficiente.
—Deberías relajarte un poco más, Ren.
Él retiró lentamente la mano y cerró la carpeta.
—Creo que ya avanzamos suficiente por hoy.
Saori lo observó unos segundos antes de sonreír otra vez.
—Eres difícil.
Ren no respondió.
Porque en realidad comenzaba a sentirse atrapado en una situación incómoda sin entender por qué le incomodaba tanto.
Subieron juntos en el ascensor minutos después.
El silencio entre ambos era extraño. Saori seguía tranquila, incluso parecía divertida. Ren, en cambio, mantenía la vista fija en los números digitales que marcaban los pisos.
Cuando las puertas se abrieron, él salió primero.
—Nos vemos mañana temprano en el desayuno —dijo con cordialidad.
—Perfecto.
Saori sonrió una última vez.
—Buenas noches, Ren.
—Buenas noches.
Las puertas se cerraron nuevamente.
Ren caminó por el pasillo lentamente, cansado. Aflojó apenas el cuello de la camisa antes de llegar a su habitación. Entró y cerró la puerta detrás de él.
Al otro lado de la pared, Kaoru seguía despierta.
Había permanecido acostada boca arriba, mirando el techo, intentando convencerse de que no estaba esperando nada.
Pero apenas escuchó la puerta de la habitación de Ren cerrarse, sintió algo extraño aflojarse dentro de ella.
Como alivio.
Pequeño.
Ridículo.
Pero real.
Cerró lentamente los ojos.
Y por primera vez en toda la noche, logró dormir.
—---
La reunión con el gobernador al día siguiente terminó siendo un éxito absoluto.
Los permisos fueron aprobados, los contratos quedaron cerrados antes del mediodía y hasta los proveedores parecían más relajados después de estos días de tensión. Saori manejó cada detalle con precisión impecable y Ren terminó resolviendo los últimos puntos técnicos antes de abandonar el edificio gubernamental.
Incluso Kaoru parecía más tranquila.
O al menos eso intentaba aparentar.
Como era la última noche en Kanagawa antes de regresar a Tokio, decidieron salir a cenar para celebrar el cierre del proyecto.
El restaurante elegido quedaba frente al puerto y Saori insistió en que debían cambiarse antes de ir.
—Dos horas —dijo sonriendo mientras caminaban por el lobby del hotel—. Y prometo escoger un lugar que realmente valga la pena.
Ren simplemente asintió, demasiado cansado para discutirlo.
Kaoru subió a su habitación en silencio.