Siempre fuiste Tú. Cuando el amor regresa tarde

Capítulo 23- El lugar equivocado

La noche en Kanagawa tenía esa clase de belleza silenciosa que parecía existir únicamente para personas demasiado cansadas como para disfrutarla. Las luces de la ciudad se reflejaban sobre los ventanales del hotel mientras el lobby mantenía esa calma elegante que los hoteles caros aprendían a fabricar: música suave, mármol impecable, conversaciones bajas y empleados sonriendo con una perfección entrenada.

Ren llegó primero.

Había subido a cambiarse después de la reunión con el gobernador, aunque la verdad era que necesitaba unos minutos a solas para despejar la cabeza. El proyecto había salido mejor de lo esperado. Los permisos avanzaban rápido, el gobernador había mostrado interés real y, por primera vez en semanas, la expansión a Kanagawa dejaba de sentirse como una apuesta peligrosa.

Saori apareció pocos minutos después.

Y durante un instante, Ren olvidó qué estaba pensando.

Ella caminó por el lobby con una elegancia natural, sin esfuerzo visible, como si hubiese nacido dentro de lugares así. El vestido oscuro se ajustaba con delicadeza a su figura, el cabello negro caía suave sobre sus hombros y el brillo tenue de las lámparas hacía que todo en ella pareciera cuidadosamente cinematográfico. No era una belleza agresiva. Era peor.

Era una belleza segura de sí misma.

—¿Estoy demasiado arreglada para una cena de trabajo? —preguntó con una sonrisa ligera.

Ren soltó una pequeña risa.

—No creo que exista algo como “demasiado arreglada” en este hotel.

—Eso fue casi un cumplido.

—Fue un cumplido.

Saori sonrió de verdad esta vez. Luego se acercó un poco más a él mientras revisaban la reserva del restaurante en el teléfono. La cercanía se volvió natural demasiado rápido. Cómoda.

Peligrosamente cómoda.

—Después de hoy nos merecemos celebrar —dijo ella—. Sobrevivimos al gobernador.

—Pensé que tú lo estabas disfrutando.

—Claro que sí. Pero tú parecías listo para pelear con cada pregunta técnica.

—Ese era el plan.

Saori rió y, antes de que Ren pudiera reaccionar demasiado, tomó suavemente su brazo mientras caminaban hacia la salida del hotel.

El gesto fue ligero.

Femenino.

Casi íntimo.

Y fue exactamente en ese momento cuando Kaoru apareció.

El sonido de sus tacones se detuvo apenas al verlos.

Solo un segundo.

Pero suficiente.

Kaoru Takahasi llevaba un vestido negro elegante, sencillo, perfectamente alineado con la imagen impecable que siempre proyectaba. El cabello oscuro caía ordenado sobre su espalda y sus ojos conservaban esa frialdad sofisticada que hacía sentir pequeños a la mayoría de los ejecutivos. Pero al ver la mano de Saori sujetando el brazo de Ren, algo cambió.

No alcanzó a esconderlo.

La expresión apenas duró un instante.

Una grieta breve.

Una incomodidad involuntaria.

Algo demasiado humano para alguien como ella.

Ren lo vio inmediatamente.

Saori también.

Y eso volvió el silencio mucho más incómodo de lo que debía ser.

Saori soltó el brazo de Ren con naturalidad elegante.

—Kaoru —saludó con suavidad—. Pensábamos que bajarías más tarde.

Kaoru recuperó el control demasiado rápido.

—Solo me retrasé un poco.

Su voz salió limpia. Correcta. Profesional.

Demasiado perfecta.

Ren sintió una incomodidad extraña en el pecho. Una sensación absurda de haber hecho algo incorrecto sin entender exactamente qué.

—¿Vamos? —preguntó él.

Kaoru asintió apenas.

Y caminaron juntos hacia el restaurante.

La ciudad nocturna de Kanagawa brillaba detrás de los ventanales del lugar donde cenaron. El ambiente era elegante, cálido, lleno de conversaciones suaves y copas delicadas chocando a la distancia. Saori se sentó junto a Ren antes de que la disposición pareciera decisión. Kaoru quedó frente a ellos.

Al principio hablaron únicamente del proyecto.

De los permisos.

De los tiempos.

De las posibilidades de expansión.

Saori estaba especialmente luminosa esa noche. Inteligente, refinada, cercana. Cada vez que hablaba con Ren parecía hacerlo desde una complicidad natural que incomodaba a Kaoru más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Y eso la irritaba.

Porque no entendía por qué le molestaba.

—La reunión fue mejor de lo esperado —comentó Saori mientras levantaba la copa—. Honestamente pensé que el gobernador haría más preguntas.

—Quedó conforme con la proyección regional —respondió Ren—. Aunque todavía debemos blindar bien los contratos de proveedores.

—Por eso eres importante en el proyecto.

Saori lo dijo mirándolo directamente.

Kaoru tomó agua.

No vino.

Agua.

Como si necesitara mantenerse completamente consciente para sostener algo dentro de sí misma.

—Aun así —continuó Saori—, creo que hoy podemos relajarnos un poco.

Ren apoyó apenas la espalda en la silla.

—O intentarlo. Probablemente tengo varios mensajes pendientes desde hace horas.

Saori sonrió.

—Eso suena triste.

—Es parte del trabajo.

Kaoru levantó apenas la mirada.

Saori apoyó suavemente el mentón sobre una mano antes de mirar a Kaoru.

—Por cierto… ¿Yoshiro ya tiene fecha para volver a Japón?

La pregunta cayó suave.

Pero Ren dejó de mover los cubiertos.

Kaoru lo notó.

—Aún debe cerrar algunos temas en Estados Unidos —respondió ella—. Probablemente vuelva pronto.

—Debe ser difícil mantener una relación así —comentó Saori—. Especialmente con tanta distancia.

Ren levantó la vista sin darse cuenta.

Pequeño.

Instintivo.

Pero real.

Kaoru sintió ese movimiento como si alguien hubiese rozado una herida invisible.

—Yoshiro sabe manejar bien sus tiempos —dijo ella—. Nunca hemos tenido problemas por eso.

La frase sonó impecable.

Demasiado impecable.

Ren bajó lentamente la mirada al plato. Había algo vacío dentro de esas palabras. Algo que no lograba explicar y que, aun así, le incomodaba escuchar.




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