Siempre fuiste Tú. Cuando el amor regresa tarde

Capítulo 26- Lo que empieza a doler

La oficina de Yoshiro Adewaki tenía una calma distinta aquella tarde. No era silencio. Era algo más pesado. Algo que se quedaba suspendido entre los muebles oscuros, las paredes de vidrio y el cielo gris de Tokio extendiéndose detrás de la ciudad.

Ren permanecía de pie frente al escritorio mientras Yoshiro revisaba unos documentos sin realmente leerlos. Se notaba cansado. No físicamente. Había otra clase de agotamiento en él. Uno que comenzaba detrás de los ojos.

Finalmente dejó los papeles a un lado.

—Debo viajar a Estados Unidos esta noche.

Ren asintió apenas.

—Hiko me comentó algo.

Yoshiro apoyó ambos codos sobre el escritorio y soltó aire lentamente.

—Hay temas importantes que cerrar antes de quedarme definitivamente en Japón… pero honestamente, no me gusta irme dejando las cosas así.

Ren entendió de inmediato que no hablaba solo del proyecto.

La expansión de Kanagawa seguía avanzando, sí. Los números cuadraban. Las proyecciones eran correctas. Los proveedores ya estaban prácticamente asegurados.

Pero la nota de amenaza había cambiado el ambiente.

Todos lo sentían.

Incluso cuando fingían no hacerlo.

—Kaoru está demasiado enfocada en terminar esto —continuó Yoshiro—. Cuando quiere algo… no se detiene hasta conseguirlo.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro, aunque apenas duró.

—Es testaruda.

Ren desvió la mirada un segundo hacia la ciudad.

Sí.

Ya lo había notado.

Había algo en ella que jamás retrocedía. Incluso cuando estaba cansada. Incluso cuando claramente algo la estaba quebrando por dentro.

Yoshiro volvió a hablar, esta vez más serio.

—Quiero pedirte algo mientras no estoy.

Ren levantó la vista.

—Cuídala.

La frase cayó simple. Directa.

Pero por alguna razón le golpeó más de lo que debía.

—Últimamente sus dolores de cabeza han empeorado —dijo Yoshiro en voz baja—. Ya los tenía antes… pero desde que llegó a Japón se hicieron mucho más frecuentes.

Ren frunció levemente el ceño.

—¿Fue al médico?

—Sí cuando estábamos en Estados Unidos, pero no encontraron nada concluyente.

Hubo una pausa breve.

—Y eso me preocupa.

Por primera vez desde que lo conocía, Ren vio inseguridad real en Yoshiro Adewaki.

No era miedo empresarial.

Era miedo de perder algo.

Ren acomodó apenas su postura.

—No se preocupe. Yo me aseguraré de que el proyecto salga adelante… y también estaré atento a Kaoru.

Yoshiro lo observó durante algunos segundos.

Como si intentara confirmar algo que ni siquiera él comprendía del todo.

Después asintió lentamente.

—Gracias, Ren.

Se levantó del escritorio y tomó su abrigo.

—Y pase lo que pase… infórmame.

—Claro.

Cuando Ren salió de la oficina, el movimiento del pasillo volvió de golpe. Ejecutivos caminando. Teléfonos sonando. Conversaciones lejanas.

Y entonces la vio.

Kaoru estaba al final del corredor sosteniendo una carpeta contra el pecho. Al verlo salir de la oficina de Yoshiro, frunció apenas el ceño antes de acercarse.

—¿Ocurrió algo?

Ren negó suavemente.

—Solo temas del viaje.

Ella iba a preguntar algo más.

Pero una voz apareció antes.

—Perfecto, te encontré.

Saori avanzó hacia ellos sosteniendo dos vasos de café. Su presencia siempre parecía demasiado elegante para cualquier oficina. El cabello oscuro cayendo sobre sus hombros. El perfume suave. La forma natural en que sonreía.

Le extendió uno de los cafés a Ren.

—Necesito que revisemos Kanagawa otra vez. Si queremos asegurar el inicio del proyecto, debemos viajar pronto.

Ren tomó el vaso por simple educación.

—Podemos verlo mañana.

—Prefiero hoy —respondió ella con una sonrisa tranquila.

Kaoru permaneció inmóvil apenas un segundo más.

Uno solo.

Pero suficiente para que algo incómodo se instalara bajo su pecho.

—Entonces los dejo —dijo finalmente.

La frase salió demasiado rápida.

Demasiado fría.

Ren la observó alejarse hacia su oficina mientras Saori comenzaba a hablarle sobre proveedores y permisos municipales.

Pero él apenas escuchó la mitad.

Porque, por alguna razón, la expresión de Kaoru acababa de quedarse atrapada dentro de su cabeza.

Cuando Yoshiro entró a la oficina de Kaoru más tarde, ella seguía mirando hacia el exterior a través del vidrio.

Abajo, en el área común, Ren y Saori conversaban sentados junto a la cafetería interna.

Demasiado cerca.

Demasiado cómodos.

Y eso le molestó más de lo que estaba dispuesta a admitir.

—Debo irme —dijo Yoshiro suavemente.

Kaoru reaccionó tarde.

—¿Hm?

Él sonrió apenas.

—Al aeropuerto.

Ella intentó acomodarse rápido.

—Lo siento… estaba pensando en la nota.

Yoshiro la observó en silencio.

Kaoru sostuvo su mirada apenas unos segundos antes de volver a bajar la vista hacia el primer piso.

Fue ahí cuando notó el gesto.

Ren acababa de tocarse el cuello.

Exactamente sobre el colgante.

Algo pequeño se tensó dentro de ella.

Un dolor breve.

Una sensación extraña atravesándole la cabeza.

Como una imagen intentando abrirse paso desde muy lejos.

Yoshiro siguió la dirección de su mirada.

La vio observando abajo.

Vio a Ren.

Vio a Saori.

Y entendió más de lo que Kaoru habría querido.

—Tómate las cosas con calma mientras no estoy —dijo él finalmente—. Y mantente en contacto conmigo.

—Claro.

Pero la respuesta salió vacía.

Sin la ternura habitual.

Sin esa calidez que antes aparecía sola entre ambos.

Yoshiro se acercó para despedirse. Kaoru sonrió apenas por compromiso.

Él la abrazó con suavidad.

Ella respondió tarde.

Demasiado tarde.

Y eso dolió más de lo que esperaba.

Al final de la jornada, la oficina comenzaba a vaciarse lentamente cuando Hiko apareció frente al escritorio de Kaoru sosteniendo unos documentos.




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