El dolor de cabeza de Kaoru era intenso.
Demasiado.
Las palabras de Hiko seguían repitiéndose dentro de ella como un eco imposible de detener.
“Ren me dijo una vez que el volleyball le recuerda a alguien importante de su pasado.”
Alguien importante.
La frase había golpeado algo dentro de su pecho antes incluso de que ella pudiera entender por qué.
Y entonces comenzó el dolor.
Primero detrás de los ojos.
Después en la sien.
Y finalmente en toda su cabeza, como si algo estuviera intentando abrirse paso desde un lugar que había permanecido sellado durante años.
Hiko se asustó inmediatamente.
La taza de café había caído al suelo hacía apenas unos segundos y Kaoru permanecía inclinada sobre el escritorio, respirando con dificultad mientras una mano temblorosa sostenía su cabeza.
—¡Directora Takahashi!
Ella intentó responderle, pero las imágenes seguían apareciendo.
Fragmentos.
Pedazos de algo que no alcanzaba a comprender.
Una cancha iluminada.
Zapatillas deslizándose sobre madera.
El sonido de un silbato.
Una voz masculina riendo cerca suyo.
Lluvia.
Un colgante.
Kaoru cerró los ojos con fuerza.
—Estoy… bien…
La mentira salió rota.
Ni siquiera ella la creyó.
Hiko se acercó rápidamente.
Nunca la había visto así.
Kaoru Takahashi siempre parecía mantener el control absoluto de todo. Incluso agotada. Incluso bajo presión. Pero ahora parecía perdida.
Asustada.
Y eso bastó para que Hiko dejara completamente de bromear.
Sacó inmediatamente el teléfono.
—Voy a llamar a Ren.
Kaoru abrió apenas los ojos.
—No… no es necesario…
—Sí lo es.
La llamada duró menos de un minuto.
Y aun así, Ren regresó de inmediato.
Cuando llegó a la oficina, encontró a Kaoru sentada junto al escritorio. Seguía pálida. Una mano sostenía todavía su sien y los restos de la taza rota permanecían esparcidos sobre el suelo.
Ren sintió algo tensarse dentro de él apenas la vio.
Se acercó despacio.
—¿Sigues con dolor?
Kaoru intentó sonreír un poco.
—Ya pasó…
Mentía.
Se notaba demasiado.
Ren sostuvo su mirada unos segundos antes de hablar nuevamente.
—Vamos.
Ella frunció apenas el ceño.
—¿A dónde?
—A tu casa. Debes descansar.
—No necesito—
—Kaoru.
La forma en que dijo su nombre hizo que guardara silencio.
Hiko observó la escena desde un lado, cada vez más convencido de que algo extraño estaba ocurriendo entre ellos. Ren intentaba mantener distancia, pero reaccionaba demasiado rápido cada vez que Kaoru estaba mal. Y Kaoru… parecía bajar todas sus defensas únicamente frente a él.
Ren tomó el bolso de Kaoru y la ayudó a ponerse de pie.
Cuando ella apoyó la mano en su brazo, sintió una calma inexplicable.
Como si su cuerpo reconociera algo que su memoria todavía no podía alcanzar.
Abajo ya esperaba el vehículo de Kaoru.
El chofer abrió inmediatamente la puerta trasera al verla llegar en ese estado.
—¿Directora Takahashi… se encuentra bien?
—Solo es un dolor de cabeza —respondió ella intentando mantener la compostura.
Ren entró junto a ella antes de que pudiera discutirlo.
El vehículo comenzó a avanzar lentamente por las calles iluminadas de Tokio mientras el silencio se acomodaba entre ambos.
Kaoru mantenía la cabeza apoyada ligeramente contra la ventana.
El dolor seguía ahí.
Más leve.
Pero diferente.
Como si no quisiera desaparecer todavía.
Finalmente habló.
—Gracias…
Ren mantuvo la vista fija hacia el frente.
—No tienes que agradecer.
Ella sonrió apenas.
—Igual lo haré.
El automóvil se detuvo frente a un semáforo y la luz roja cubrió el interior con un tono tenue y cálido.
Kaoru bajó lentamente la mirada.
—Pensé que no volverías.
Ren frunció apenas el ceño.
—Hiko sonaba preocupado.
Ella guardó silencio unos segundos antes de preguntar:
—¿Viniste solo por eso?
La pregunta quedó suspendida dentro del vehículo.
Y Ren tardó demasiado en responder.
—Yoshiro me pidió que cuidara de ti mientras él está fuera.
Kaoru asintió lentamente.
—Ya veo…
Era una respuesta correcta.
Pero dolió más de lo que debería.
Porque una parte de ella esperaba otra cosa.
Algo menos lógico.
Algo más personal.
Volvió la vista hacia la ventana antes de que él pudiera notar la decepción en sus ojos.
Pero Ren la notó igual.
Solo que no supo qué hacer con eso.
Cuando llegaron al edificio, Ren la acompañó hasta la entrada del departamento.
—Descansa.
—Lo intentaré.
Ren dudó apenas un instante antes de agregar:
—Y ve al médico mañana.
Kaoru dejó escapar una sonrisa cansada.
—Eso sonó como una orden.
—Lo es.
Ella soltó una pequeña risa.
Muy breve.
Muy frágil.
Y Ren sintió algo extraño en el pecho al escucharla.
Esperó hasta verla entrar al ascensor antes de girarse para marcharse.
Pero apenas salió del edificio, el teléfono vibró.
Saori.
Ren respondió mientras caminaba hacia la avenida principal.
—¿Ocurrió algo?
La voz de Saori sonó seria.
—Encontré algo extraño en unos documentos del proyecto. Necesito que vengas… creo que esto puede ser importante.
Ren levantó la mano para detener un taxi.
Treinta minutos después estaba frente al departamento de Saori.
Ella abrió la puerta usando un vestido negro sencillo y elegante. El cabello oscuro descansaba sobre uno de sus hombros y un perfume suave llenó el ambiente apenas él entró.
Ren miró alrededor.
No había documentos.
Ni carpetas.
Ni nada urgente.
Solo dos copas servidas sobre la mesa.
Saori cerró lentamente la puerta.