Siempre fuiste Tú. Cuando el amor regresa tarde

Capítulo 28- El nombre que no recordaba

El olor del hospital era demasiado limpio.

Kaoru siempre había pensado que existían lugares capaces de borrar cualquier emoción humana apenas uno cruzaba la puerta. Los hospitales eran uno de ellos. Todo se volvía blanco, silencioso, distante. Como si el dolor tuviera que comportarse correctamente antes de entrar.

Estaba sentada frente al escritorio del médico con las manos entrelazadas sobre sus piernas. Afuera, la lluvia golpeaba suavemente las ventanas del edificio, desdibujando las luces de Tokio en pequeñas manchas grises.

El doctor observaba unos documentos mientras asentía lentamente.

—Entonces… estos dolores comenzaron hace muchos años.

Kaoru desvió la mirada apenas un segundo.

—Sí… desde pequeña, creo. —Su voz salió más baja de lo normal—. Cuando me fui a Estados Unidos… durante mi adolescencia… aparecían de vez en cuando. Eran fuertes, pero esporádicos.

El médico tomó algunas notas.

—¿Y desde cuándo empeoraron?

Kaoru tardó un instante en responder.

Porque la respuesta era evidente.

Desde que volvió a Japón.

Desde que comenzó a ver a Ren.

Desde que ciertos sonidos… ciertas miradas… ciertas sensaciones… empezaron a abrir algo dentro de ella.

—Desde que regresé —murmuró—. Últimamente son más frecuentes.

El doctor levantó la vista.

—¿Antecedentes familiares? ¿Migrañas hereditarias? ¿Algún historial neurológico?

Kaoru negó lentamente.

—No lo sé.

El silencio que siguió fue incómodo.

No porque el médico hubiera hecho algo incorrecto.

Sino porque Kaoru se dio cuenta de algo que nunca antes había pensado demasiado.

Ella realmente no sabía nada de su pasado.

Nada antes de Estados Unidos.

Nada antes del accidente que, según le habían contado toda su vida, simplemente había sido “algo traumático”.

El médico apoyó la espalda en la silla.

—Creo que sería prudente realizar algunos exámenes de rutina. Resonancia, análisis generales… descartar cualquier anomalía.

Kaoru asintió.

—No hay problema.

El doctor tomó una receta electrónica y comenzó a escribir en el computador.

—Necesito confirmar su número de identificación personal.

Kaoru se lo dictó sin problemas.

El sonido del teclado llenó la habitación.

Luego vino el silencio.

Uno extraño.

Demasiado largo.

Kaoru levantó apenas la vista.

El médico estaba inmóvil frente a la pantalla.

Sus ojos recorrían algo una y otra vez.

Como si intentara entenderlo.

—¿Doctor…?

Él no respondió inmediatamente.

Tragó saliva.

—¿Podría… repetir nuevamente su número, por favor?

Kaoru frunció levemente el ceño, pero volvió a dictarlo.

El médico escribió otra vez.

La pantalla cambió.

Y el color abandonó lentamente su rostro.

Kaoru sintió cómo algo frío le recorría la espalda.

—¿Pasa algo…?

El hombre permaneció observando el monitor algunos segundos más antes de girarse lentamente hacia ella.

Intentó mantener la calma profesional, pero incluso así había algo perturbado en sus ojos.

—Señorita… Takahashi…

Kaoru sintió un leve vacío en el pecho.

—¿Sí…?

El médico habló con cuidado. Como si cualquier palabra mal colocada pudiera romper algo.

—Al ingresar su número personal… se desplegó un historial médico registrado en el sistema nacional.

Kaoru parpadeó lentamente.

—Eso es normal… ¿no?

El doctor dudó.

Y esa duda fue suficiente para asustarla.

—El problema… es que el nombre asociado al registro no corresponde al que usted me indicó.

El corazón de Kaoru se detuvo un segundo.

—¿Qué…?

El médico volvió a mirar la pantalla.

—Aquí aparece otro nombre.

La lluvia golpeó más fuerte el vidrio.

—Su historial médico figura bajo el nombre… Kaoru Takagi.

El aire desapareció de la habitación.

Kaoru abrió los ojos lentamente.

Como si su cuerpo hubiese dejado de entender las palabras.

—No…

Su voz salió apenas rota.

—Debe haber un error.

El médico negó suavemente.

—El número coincide perfectamente.

Kaoru sintió un zumbido dentro de la cabeza.

Un ruido agudo.

Lejano.

Como una alarma escondida dentro de un sueño.

—Eso no puede ser… —susurró.

El doctor volvió a hablar con extrema cautela.

—Según el historial… usted sufrió un accidente automovilístico cuando era niña.

La respiración de Kaoru comenzó a acelerarse.

—No…

—En el informe aparece que viajaba junto a sus padres.

Una imagen cruzó su mente.

Lluvia.

Vidrio roto.

Una luz blanca.

Kaoru llevó una mano a su cabeza inmediatamente.

El dolor apareció de golpe.

Violento.

—Y… según el registro…

El médico hizo una pausa.

Porque incluso él parecía incómodo diciendo aquello.

—Sus padres fallecieron en el accidente.

El mundo se inclinó.

Kaoru sintió que el suelo desaparecía debajo de ella.

Un sonido metálico explotó dentro de su cabeza.

Entonces ocurrió.

Un fragmento.

Solo uno.

Una carretera mojada.

Una voz masculina diciendo su nombre.

“Kaoru.”

Los dedos de Kaoru comenzaron a temblar.

—No… no… esto es imposible…

Su respiración se quebró.

El médico se levantó de inmediato.

—Señorita Takagi…

—¡No! —La voz de Kaoru salió más fuerte de lo que esperaba—. Mi nombre es Kaoru Takahasi…

Pero incluso ella sintió la debilidad de esas palabras apenas las dijo.

Porque algo dentro de su pecho…

acababa de moverse.

Algo viejo.

Algo enterrado.

Algo que llevaba años esperando despertar.

El doctor intentó acercarse.

—Necesito que se calme—

Kaoru retrocedió lentamente en la silla.

Sus ojos estaban completamente perdidos.

Como si acabara de mirar una vida que no reconocía.




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