Siempre fuiste Tú. Cuando el amor regresa tarde

Capítulo 33- Miradas incómodas

Ren Nakamura apenas había dormido.

La madrugada se había consumido lentamente frente a la ventana de su pequeño departamento, mientras las luces de la ciudad permanecían encendidas al otro lado del cristal como si la ciudad tampoco supiera descansar. Había intentado cerrar los ojos más de una vez, pero cada vez que lo hacía volvía a escuchar aquella voz.

La voz de Kuno Iko.

Tranquila.

Educada.

Casi amable.

Y precisamente por eso inquietante.

Tres días.

Le había dado tres días para abandonar el proyecto Kanagawa.

Tres días para decidir cuánto valían años de esfuerzo.

Tres días para elegir entre un sueño y la seguridad de las personas que lo rodeaban.

Ren se pasó una mano por el rostro y observó la oscuridad de la habitación. Lo que más lo perturbaba no era la amenaza en sí. Era otra cosa. Algo que no lograba quitarse de la cabeza.

Kuno había estado allí.

No era un hombre escondido detrás de un teléfono.

Había estado en el edificio.

En la oficina contigua.

A pocos metros de Kaoru.

A pocos metros de Saori.

A pocos metros de todos.

Y eso significaba que sabía exactamente dónde encontrarlos.

Aquella idea le producía una sensación desagradable en el estómago. Porque por primera vez el problema había dejado de ser únicamente suyo. Si algo le ocurría a Kaoru, a Yoshiro o a Saori por culpa del proyecto, por culpa de su terquedad, por culpa de no haber entendido a tiempo hasta dónde podía llegar un hombre como Kuno, no habría explicación capaz de salvarlo de sí mismo.

Cuando el amanecer llegó, Ren abandonó el departamento sin haber encontrado respuestas.

Sólo preguntas.

Demasiadas preguntas.

Y ninguna solución.

Llegó a la empresa más temprano de lo habitual. Necesitaba trabajar. Mantener la mente ocupada. Pensar menos. Por eso terminó refugiándose en la cafetería del edificio antes de subir a su oficina.

Una taza de café se convirtió en dos.

Luego en tres.

Los documentos del proyecto descansaban abiertos frente a él, pero apenas conseguía concentrarse. Cada cierto tiempo las palabras desaparecían de las páginas y la voz de Kuno volvía a ocupar su lugar.

Sería una lástima que la directora Kaoru, el señor Adewaki o la señorita Saori se vieran involucrados en algún accidente.

Ren apretó la mandíbula.

No.

No podía permitir que aquello ocurriera.

Bajo ninguna circunstancia.

Aquella misma mañana, Kaoru Takahashi llegó a la empresa acompañada por su chofer, como todos los días. Por fuera mantenía la serenidad impecable que los empleados esperaban de ella. Por dentro era una historia completamente distinta.

Las fotografías encontradas en la caja.

La visita al hospital.

El apellido Takagi.

La confirmación de que alguna vez había sido otra persona.

Todo seguía girando dentro de su cabeza como piezas de un rompecabezas que alguien se había empeñado en romper años atrás. Intentó concentrarse en el trabajo. Revisó informes. Respondió correos. Firmó autorizaciones. Pero después de casi una hora descubrió que había leído el mismo documento varias veces sin comprender realmente lo que decía.

Terminó apoyándose contra el respaldo de la silla y cerró los ojos.

Necesitaba despejarse.

Necesitaba café.

Y quizás unos minutos de silencio.

Bajó a la cafetería del edificio esperando encontrar precisamente eso. Sin embargo, cuando recibió su taza y giró para buscar una mesa vacía, lo primero que vio fue a Ren.

Estaba sentado junto a una ventana.

Solo.

Frente a varias carpetas.

Con tres tazas vacías acumuladas a un costado.

Y una expresión que parecía más cansada que la mañana anterior.

Kaoru se quedó observándolo unos segundos. No porque quisiera. O al menos eso intentó decirse. Simplemente ocurrió. Había algo extraño en él. Algo que no encajaba. Como si estuviera cargando un peso que nadie más podía ver.

Pensó en regresar a su oficina.

Era lo lógico.

Lo correcto.

Lo profesional.

Pero terminó caminando hacia su mesa antes de tomar una decisión consciente.

Ren levantó la vista. La sorpresa apareció inmediatamente en su rostro.

—¿Directora?

—Buenos días.

—Buenos días.

El breve silencio que siguió resultó inesperadamente cómodo. Kaoru observó las tazas vacías. Después volvió a mirarlo.

—¿Eso es todo tu desayuno?

Ren pareció confundido por un instante.

—¿Perdón?

—Las tres tazas. No veo nada más.

Él miró las tazas. Luego sonrió apenas.

—Todavía sigo vivo.

—No parece.

Aquello provocó una risa breve. Pequeña. Pero auténtica. La primera de toda la mañana.

Kaoru tomó asiento frente a él sin pedir permiso. Y sólo cuando ya estaba sentada se dio cuenta de lo natural que le había parecido hacerlo.

—No sabía que los gerentes de proyectos sobrevivían únicamente con cafeína.

—Es una habilidad que desarrollamos con los años.

—Suena preocupante.

—Lo es.

Por alguna razón, aquella conversación absurda consiguió aliviar parte de la tensión que Ren había cargado durante toda la noche. No mucha. Pero suficiente para recordarle que aún existían momentos normales. Momentos sencillos. Momentos donde el mundo no parecía derrumbarse.

Kaoru lo observó con más atención.

Las sombras bajo sus ojos eran evidentes.

El cansancio también.

Y había algo más.

Algo que seguía sin lograr identificar.

—No dormiste bien.

La sonrisa desapareció apenas un poco.

—Estoy bien.

—Mentira.

La palabra salió antes de que pudiera detenerla.

Ren levantó la mirada.

Sorprendido.

Y por un instante ella misma se sintió incómoda. Porque aquella observación sonaba demasiado personal. Demasiado cercana.

—Sólo fue una noche complicada.

—¿Por trabajo?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.