Siempre fuiste Tú. Cuando el amor regresa tarde

Capítulo 38- El accidente que devolvió la memoria

El regreso a Tokio transcurría en un silencio extraño.

No era un silencio incómodo. Era uno de esos silencios que aparecen cuando las palabras ya no alcanzan para explicar lo que cada persona lleva dentro.

La noche cubría la autopista con un manto oscuro. Las luces de los vehículos dibujaban líneas interminables sobre el asfalto húmedo mientras el automóvil corporativo avanzaba con dirección a la ciudad.

Ren ocupaba el asiento delantero, junto al conductor.

Detrás de él viajaban Kaoru y Yoshiro.

Nadie hablaba.

Desde el aeropuerto, Kaoru apenas había pronunciado un par de palabras. Seguía mirando por la ventana sin realmente observar el paisaje. En su cabeza continuaban apareciendo imágenes inconexas del viaje a Kanagawa, de aquella sensación de conocer a Ren desde mucho antes de haberlo visto por primera vez en la empresa.

Era una inquietud que no lograba explicar.

Y eso comenzaba a desesperarla.

Yoshiro la observó de reojo.

—¿Todo bien?

Kaoru tardó unos segundos en responder.

—Sí… solo estoy cansada.

Él sonrió con ternura y tomó suavemente una de sus manos.

—Cuando lleguemos a casa deberías descansar.

Kaoru respondió con una leve sonrisa.

No quiso preocuparlo.

Ren alcanzó a ver el gesto reflejado en el espejo retrovisor.

Desvió inmediatamente la mirada hacia la carretera.

No había derecho a sentir celos.

Kaoru estaba comprometida.

Él había aceptado esa realidad.

O al menos eso intentaba convencerse cada día.

Sin darse cuenta, llevó una mano hasta el collar que colgaba bajo su camisa.

Lo sostuvo con fuerza durante unos segundos.

Como siempre hacía cuando necesitaba recordar por qué seguía adelante.

En ese mismo instante, Kaoru volvió a sentir aquella punzada en la cabeza.

Se llevó una mano a la sien.

Solo duró un segundo.

Pero fue suficiente para que el collar llamara nuevamente su atención.

¿Por qué ese colgante le resultaba tan familiar?

Ren soltó el collar.

El automóvil continuó avanzando.

Entonces ocurrió.

Una motocicleta apareció desde atrás a gran velocidad.

El conductor del vehículo la observó por el espejo lateral.

—Señor Nakamura…

Ren también la vio.

La motocicleta no adelantó el automóvil.

Se mantuvo exactamente a su lado.

Demasiado cerca.

Demasiado tiempo.

Algo no estaba bien.

Ren sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

El acompañante de la motocicleta levantó lentamente el brazo.

En su mano brilló el metal de un arma.

Todo ocurrió en una fracción de segundo.

—¡Agáchense!

El primer disparo destrozó la ventanilla delantera.

El estruendo hizo temblar todo el vehículo.

Los cristales estallaron sobre los cuatro ocupantes.

Kaoru apenas alcanzó a cubrirse la cabeza cuando otra ráfaga impactó el costado del automóvil.

—¡Agáchense! —volvió a gritar Ren.

El conductor aceleró con desesperación.

Intentó escapar.

La motocicleta permanecía pegada al vehículo.

—¡Voy a sacarlos de encima! —gritó el conductor.

Giró violentamente el volante intentando golpear la motocicleta.

Por un instante pareció conseguirlo.

La moto se abrió unos metros.

Pero regresó de inmediato.

El hombre volvió a apuntar.

Ren alcanzó a verlo.

No pensó.

Solo giró el cuerpo hacia atrás.

—¡Kaoru!

La segunda ráfaga atravesó el automóvil.

El conductor recibió un impacto.

Sus manos soltaron el volante.

El vehículo comenzó a zigzaguear violentamente.

Ren sintió un golpe seco atravesarle el pecho.

Luego otro.

El aire desapareció de sus pulmones.

La sangre llenó su boca.

Kaoru levantó la vista justo a tiempo para verlo inclinarse hacia atrás mientras seguía intentando cubrirlos.

—¡Ren!

El automóvil abandonó la carretera.

Golpeó violentamente la barrera de contención.

El impacto levantó el vehículo.

Después vino el primer vuelco.

Luego otro.

El mundo dejó de tener arriba y abajo.

Vidrios.

Metal.

Oscuridad.

Silencio.

Cuando Kaoru abrió los ojos, lo primero que sintió fue dolor.

Un dolor profundo que recorría cada parte de su cuerpo.

La cabeza le latía con fuerza.

Se llevó una mano a la frente.

Al retirarla, la vio completamente cubierta de sangre.

Respiró con dificultad.

El automóvil había quedado volcado sobre uno de sus costados.

La alarma seguía sonando.

El olor a gasolina impregnaba el aire.

Giró lentamente la cabeza.

—Yoshiro…

Él permanecía inconsciente.

Atrapado por el cinturón.

No reaccionaba.

El miedo comenzó a apoderarse de ella.

Entonces escuchó una voz.

Muy débil.

Casi un susurro.

—K… Kaoru…

Ella levantó la vista.

Ren seguía consciente.

Atrapado entre el asiento y el tablero completamente deformado.

Su camisa blanca estaba teñida de rojo.

La sangre seguía brotando lentamente desde su pecho.

Otra caía por la comisura de sus labios.

Aun así…

Él sonreía.

Una sonrisa apenas visible.

Dolorosa.

—¿Estás… bien?

Kaoru sintió que el corazón dejaba de latir.

—Ren…

Él volvió a toser.

Más sangre cayó sobre su camisa.

—Me… alegra…

Respiró con enorme dificultad.

—…que estés viva.

Kaoru rompió el cinturón con manos temblorosas y comenzó a arrastrarse entre los restos del vehículo.

No sentía el dolor.

No sentía los cortes.

Solo necesitaba llegar hasta él.

Cuando finalmente estuvo frente a Ren, tomó su rostro entre ambas manos.

Y entonces lo vio.

El collar.

Había quedado fuera de la camisa.

Pequeño.

Sencillo.

Cubierto de sangre.

En el mismo instante en que sus ojos se posaron sobre él…




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