Siempre Te Esperé #7

Prologo

MIA MASÓN.

Mia Masón no tiene donde caerse muerta.

Y es literal.

Hace 6 meses mis papás y mis dos hermanitos murieron en un accidente de coche. Volvían de comprarme una torta. Me quedé sola. Sin casa, porque la casa era alquilada. Sin plata, porque todo se fue en el entierro. Durmiendo en la pieza de arriba de una panadería que me prestan si limpio.

Solo me tengo a mí. Y a ellas.

Brenda. Vanessa. Irina. Olivia. Erin. Yasmin.

Mis amigas. Las Muñecas de porcelana. Así les dicen en el colegio, porque son perfectas, lindas, de familia bien. Pero para mí no son de porcelana. Son las únicas que me mandan mensaje de "¿comiste hoy, Mia?".

Brenda me dijo: "Mia, en la casa de los Sullivan necesitan mucama con cama adentro. Andá. Te juro que no te van a tratar mal".

Y por eso estoy acá. Parada frente a la mansión Sullivan, con mi mochila con 2 remeras.

Yo necesito dinero urgente. Ellas necesitan que no me muera de hambre.

Toco timbre. Me abre la señora Sullivan.

— ¿Vos sos Mia? ¿La amiga de las chicas? — me dice, y me abraza. Huele a rico—. Ellas me hablaron de vos. Me dijeron que sos un sol.

— Necesito el trabajo — le digo bajito—. No tengo donde quedarme.

— Ya lo sé, mi amor. Te quedás acá. Tu cuartito es al lado de la lavandería, con llave. Y nadie te molesta. Bueno... casi nadie.

— ¿Denver? — pregunto, porque Brenda me advirtió.

— Denver vuelve mañana de lo de sus abuelos. Es el séptimo. El más callado, pero cuando mira... — se ríe—. Digamos que nunca se fijó en nadie. Ni en las amigas de sus cuñadas. Pero vos sos distinta, Mia.

Me pongo el uniforme. Negro con delantal blanco.

A la noche vienen todas. Mis amigas. Las Muñecas de porcelana. Entran a mi cuartito chiquito al lado de la lavandería y se sientan en el piso conmigo, aunque tienen vestidos caros.

— Amiga, ¿estás bien? — me dice Brenda, abrazándome.

— ¿Comiste? — me dice Vanessa.

— ¿Te dieron frazada? — me dice Irina.

— Si Denver te dice algo, nos decís — me dice Yasmin, que es la que más me entiende, porque ella también llegó sin nada.

Y ahí, en mi cuartito de 1x1, con las 6 Muñecas de porcelana que son mis amigas de verdad, me siento por primera vez en 6 meses que no estoy sola.

Hasta que al otro día llega él.

DENVER SULLIVAN.

Vuelvo de lo de mis abuelos después de 3 meses. 18 años. Plata para tirar al techo. No me importa nada.

Entro a casa y escucho risas en la lavandería. Risas de mis cuñadas. Voy.

Y la veo.

Una chica flaquita, con uniforme de mucama que le queda grande, descalza, sentada en el piso de la lavandería, doblando ropa, con Brenda, Vanessa, Irina, Olivia, Erin y Yasmin alrededor, como si fuera una de ellas. Pero no es como ellas.

Ellas tienen de todo. Ella no tiene donde caerse muerta. Y aun así se ríe.

— ¿Quién es ella? — pregunto.

Todas se callan.

— Es Mia — dice Brenda—. Nuestra amiga. Se quedó a vivir acá. Trabaja acá.

Mia levanta la vista. Ojos marrones, ojeras, pelo atado mal.

No me mira con admiración como me miran todas. Me mira con "tengo que doblar 20 toallas y no tengo tiempo para vos".

Y por primera vez en mi vida, me fijo en alguien.

Mia Masón. La amiga de las muñecas de porcelana. La que no tiene nada.

Y yo, Denver Sullivan, que tengo dinero para tirar al techo, que jamás me fijé en ella, cuando vuelva de lo de mis abuelos voy a poner mucho más que mis ojos en ella.

Voy a poner mi mundo entero a sus pies.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.