*MIA*
Después de que Denver dijo "¿Quién es ella?", nadie habló.
Fue Brenda la que me salvó.
"Es nuestra amiga, Denver. No te metas. Recién llegó".
Él no dijo nada más. Solo me miró una vez más, de arriba abajo, no como miran los tipos del colegio. Fue como si me estuviera sacando una foto con la cabeza. Después se fue. Sentí su perfume caro en toda la lavandería.
Cuando se fue, todas me miraron.
- No le hables mucho - me dijo Yasmin en voz baja -. Es el único Sullivan que es... peligroso. No porque te pegue ni nada. Sino porque nunca le importó nadie. Y cuando no te importa nadie, podés hacerle daño a cualquiera sin querer.
Yo asentí. Yo solo tenía que doblar toallas. Y trabajar. Necesitaba este trabajo.
Esa noche me quedé sola en mi cuartito. Mi cuartito de 1x1 al lado de la lavandería. Escuchaba la lavadora. Tenía llave. Por primera vez en 6 meses podía cerrar una puerta y que nadie entre. Me acosté con el uniforme puesto y abracé la foto de mis papás.
A las 5:30 de la mañana me despertó la señora Sullivan tocando despacito.
- Mia, mi amor, ¿podés hacer el desayuno? Los chicos se levantan a las 6.
Me levanté. Me lavé la cara. Me puse el delantal blanco.
La cocina de los Sullivan es más grande que toda la panadería donde dormía. Hay una isla en el medio con 8 sillas.
Estoy haciendo panqueques cuando escucho pasos.
Es él. Denver. Baja en pijama, descalzo, con el pelo todo revuelto. Sin remera.
No lo miro. Brenda me dijo: Regla número uno, Mia, no lo mires a los ojos. Si lo mirás, te enganchás.
- ¿Vos sos la nueva? - me dice con voz dormida.
- Sí - digo sin levantar la vista del sartén -. Soy Mia.
- Ya sé que sos Mia - me dice -. Anoche te presentaron 6 veces.
Me pongo roja.
Se sienta en la isla y me mira hacer panqueques. Siento su mirada en la nuca.
- ¿Cuántos años tenés?
- Diecisiete.
- Yo dieciocho - dice -. ¿Hace cuánto trabajás acá?
- Desde ayer.
- Se nota - se ríe, pero no de forma mala -. Estás quemando el panqueque.
¡Se me quemó! Lo tiro rápido a la basura. Qué vergüenza.
Él se levanta, abre la heladera como si nada, saca jugo y me lo pone al lado.
- Tomá. Para que no te desmayes. Mis cuñadas me dijeron que no comés.
No sé qué decir. Nadie me había servido nada en meses.
- Gracias - digo bajito.
Y ahí hace algo raro. Me mira las manos. Tengo las manos lastimadas de limpiar el horno de la panadería.
- ¿Eso qué es? - me pregunta y me agarra la muñeca. Su mano está caliente.
Le saco la mano rápido.
- Nada. Del trabajo de antes.
Me mira fijo. Por primera vez no tiene cara de aburrido. Tiene cara de enojado.
- ¿Quién te hizo eso?
- Nadie. Fue el horno.
En ese momento entra la señora Sullivan.
- ¡Denver! ¡Ponte una remera! ¡Delante de Mia!
Denver se ríe y se va. Pero antes de irse, se da vuelta en la puerta y me dice:
- Mia Masón, la que no tiene donde caerse muerta... - dice mi frase. La que dije ayer. Se ve que su mamá se lo contó -. Acá ya tenés donde caerte. No te preocupes.
Y sube las escaleras.
Yo me quedo ahí, con el panqueque quemado en la mano, con el jugo que él me sirvió, y con el corazón latiendo muy fuerte por primera vez en 6 meses.
No por amor. Por miedo. Porque Brenda tenía razón.
Ese pibe, cuando mira, mira de verdad.
*DENVER*
Mi mamá me dijo que venía una chica nueva. Que era amiga de mis cuñadas. Que necesitaba ayuda. Que no le rompa las bolas.
Yo le dije que sí, como a todo. No me importaba.
Pero cuando la vi ayer en la lavandería, descalza, doblando ropa, con mis seis cuñadas sentadas en el piso como si fuera su reina, algo me hizo ruido.
Todas las pibas que vienen a esta casa quieren que las mire. Se ponen escotes, se ríen fuerte. Ella no. Ella quería que me vaya.
Hoy bajé a propósito sin remera. Para molestar. Para ver si me miraba.
No me miró. Se puso roja y quemó el panqueque por mi culpa.
Y cuando le vi las manos todas lastimadas, me dieron ganas de romper algo.
No sé quién le hizo eso, pero no me gustó.
Mia Masón. Diecisiete. Sin nadie.
Mi mamá me dijo: "Denver, ni se te ocurra. Es una nena que sufrió mucho".
Pero mi mamá no entiende.
Yo no quiero hacerla sufrir. Quiero hacer todo lo contrario.
Quiero que esa piba que no tiene donde caerse muerta, por primera vez, quiera caerse en algún lado.
Y que ese lado sea conmigo.