Siempre Te Esperé #7

Capitulo 2

*MIA*

Esa noche no podía dormir. La lavadora de al lado de mi cuartito hacía ruido y yo no paraba de pensar en la cocina. En cómo Denver me agarró la muñeca.

A las 11 de la noche tocan mi puerta despacito. Tres toques que ya conozco.

Es Yasmin. En pijama de seda, descalza, con el pelo mojado.

- ¿Puedo? - me dice.

Claro que puede. Yasmin es la novia de Phoenix. Phoenix es el sexto Sullivan, el hermano justo anterior a Denver. Por eso Yasmin casi vive acá en la mansión, tiene hasta su cepillo de dientes en el baño de arriba. Por eso puede andar en pijama a las 11.

Se sienta en el piso de mi cuartito de 1x1 conmigo y me pasa una taza de té.

- ¿Qué hacés despierta? Phoenix se quedó dormido arriba y yo bajé a buscarte. Te vi con Denver hoy en la cocina.

- Fue raro - le digo.

Yasmin me mira seria. Ella es la que más me entiende porque ella también llegó sin nada a esta familia.

- Mia, te tengo que contar algo. Porque Vanessa no te lo va a contar. Vanessa es la novia del mayor, la que quiere que todos los Sullivan parezcan perfectos y felices. Pero vos tenés que saberlo para entender a Denver.

Tomo el té.

- Hace un año y medio Denver tenía un mejor amigo. Se llamaba Lucas. Eran como hermanos. Una noche volvían de una fiesta. Denver había tomado mucho. Él manejaba.

Se me corta la respiración. Auto. Accidente. Como mis papás y mis hermanitos.

- Se chocaron - sigue Yasmin bajito -. Lucas se murió en el momento. Denver se salvó con 20 puntos en la cabeza y una cicatriz enorme en el hombro. Desde entonces no es el mismo. No sale. No toma más. No maneja. No habla con nadie. Por eso lo mandaron 3 meses a lo de sus abuelos, porque acá se la pasaba encerrado en el cuarto sin comer. Su mamá dice que "nunca se fijó en nadie" porque desde lo de Lucas, él siente que no merece que le pase nada bueno.

Me quedo helada.

- ¿Por eso me preguntó por mis manos? Hoy me agarró la muñeca y se enojó.

- Mia, Denver no se enoja por cualquiera. Si se enojó por tus manos lastimadas es porque...

En ese momento escuchamos pasos descalzos en el pasillo.

Los dos nos callamos.

Por la rendija de mi puerta vemos pasar a Denver. Va a la cocina. Sin remera, con un short. Se le ve la cicatriz rosada y grande en el hombro.

Va a la heladera, saca agua y se queda parado con la cabeza apoyada en la heladera, como si no pudiera más.

Yo sin pensar me levanto. Yasmin me agarra del brazo.

- Mia, ¿qué hacés?

- Voy - le digo.

Salgo de mi cuartito.

*DENVER*

No puedo dormir. Nunca puedo.

Bajo a tomar agua y escucho pasitos atrás. Es ella. Mia. Con el uniforme todavía puesto, descalza.

- ¿Vos tampoco podés dormir? - me dice con su vocecita.

- No.

Me mira la cicatriz. Todos me la miran con lástima. Ella no.

- ¿Te duele? - me pregunta.

- A veces.

Se queda callada. Y dice algo que nadie me dijo en un año y medio:

- Mis papás y mis hermanitos también se murieron en un auto. Hace seis meses. Volvían de comprarme una torta por mi cumpleaños número diecisiete.

Me quedo congelado con la botella en la mano.

La miro. Ojos marrones con ojeras. Manos lastimadas. Sin donde caerse muerta.

- ¿Por eso no tenés donde quedarte? - le pregunto.

- Sí.

Nos quedamos los dos en silencio en la cocina enorme, a las 11 de la noche, descalzos.

Yo, que tengo plata para tirar al techo pero me siento culpable de seguir vivo.

Ella, que no tiene nada pero sigue doblando toallas y riéndose.

Desde mi cuartito se escucha a Yasmin que nos espía y grita bajito:

- ¡Denver Sullivan, ponete una remera que la vas a espantar! ¡Phoenix me va a matar si se entera que estás sin remera delante de Mia!

Mia se ríe. Se tapa la boca con la mano. Por primera vez se ríe conmigo.

Y yo, por primera vez en un año y medio, también me río. Bajito.

- Mia Masón - le digo -. Si no podés dormir, quedate acá en la cocina conmigo. Yo te cuido. Nadie te va a decir nada si estás conmigo. Ni siquiera Vanessa.

Ella se sienta en la silla de la isla, con las piernitas flaquitas colgando, tomando su té.

Y yo me siento enfrente.

Y por primera vez no pienso en Lucas y en el auto. Pienso en ella. En que la chica que no tiene donde caerse muerta, acaba de caerse justo en mi cocina. Y no quiero que se levante nunca más.




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