Elena
—¡Por favor!— supliqué. Necesitaba que me escuchara —. No es lo que crees, te están mintiendo.
— ¿¡Que me están mintiendo!?— Su voz era un látigo de hielo. No había ningún rastro del hombre que me amaba, solo una rabia ciega que lo consumía todo—. Sé lo que vi, Elena. No me trates como a un idiota.
El mundo se volvió una mancha borrosa mientras las lágrimas me nublaban la vista. Sentía su indiferencia como un golpe físico.
— Quiero que te larges hoy de mi casa, no quiero volverte a ver— susurró. El tono grave de su voz vibró en mis huesos.
—Mi amor, por favor, no hagas esto…
—No me llames así. Esto se acabó aquí. Mi padre tenía razón contigo.
Me levanté empapada de sudor. Ese recuerdo no era un sueño, era una herida que se abría cada vez que bajaba un poco la guardia. Ese día me atormentaba cada cierto tiempo y siempre me dejaba con una sensación extraña. Habían pasado casi 7 años y aún recordaba cada detalle de ese puto día. Me di media vuelta para ver la hora en mi celular, aún eran las 4:50 am y me quedaba 1 hora antes de que sonara la alarma, intenté volver a dormir pero no pude. Luego de varios minutos decidí levantarme, como aún era temprano me preparé un poco de café y salí a mi pequeño balcón. Mi departamento no era lujoso pero si podiamos vivir comodos los tres, tenía lo básico tres habitaciones, una pequeña cocina con una encimera que ocupaba para comer y un sofá negro comodo con una pequeña mesa de centro y un televisor, habia decoracion en colores pasteles, no era lo que habia soñado cuando era adolescente pero era suficiente y todo lo que tenía lo habia comprado con mucho esfuerzo.
Los últimos años no han sido fáciles, me costó mucho volver a empezar pero ahora sentía que todo estaba un poco en orden.
Siempre me decía que los fantasmas no regresaban.
Que se quedaban donde pertenecen: en los recuerdos que aprendí a callar, en las noches en que el sueño no llegaba y en aquel nombre que me prohibía volver a pronunciar.
Quiero que te larges hoy de mi casa, no quiero volverte a ver
Quiero que te larges hoy de mi casa, no quiero volverte a ver
Estaba sumida en esas palabras cuando sentí una presencia tras de mí, Sofía, mi hermana pequeña, apareció aún adormilada y se sentó junto a mi apoyando su cabeza en mi hombro.
—Elita, qué haces despierta tan temprano— me pregunto luego de unos segundos en silencio.
—No podía dormir, estoy nerviosa por hoy— mentí, pero es que tampoco quería que se preocupara, ya bastante me ayudaba en mi día a día.
—No tienes de qué preocuparte, te irá excelente y muy pronto se darán cuenta que hicieron muy bien en darte el empleo.
Sof siempre encontraba la manera de levantarme el animo, no se que hubiera hecho si no hubiera decidido venir conmigo, acababa de terminar el instituto y tenía intención de estudiar en otra ciudad, pero luego de todo el escándalo que se armó en Sitges y los problemas que ocasionó con nuestra madre, decidió venirse a Barcelona conmigo y estaré eternamente agradecida con ella por no dejarme sola.
Luego de unos minutos contemplando el amanecer desde nuestro pequeño balcón y conversando acerca de los últimos acontecimientos, cada una comenzó a prepararse para sus respectivos trabajos. Sofía trabajaba en una galería como encargada luego de finalizar sus estudios de arte moderno y yo comenzaba mi nuevo empleo como encargada de finanzas en Elaris Group, una gran empresa multinacional de telecomunicaciones.
Me tomé el resto del café de un solo trago. No era momento de flaquear. Barcelona me había dado la oportunidad de reconstruirme y este empleo en Elaris Group era el último escalón para asegurar la estabilidad que tanto nos había costado conseguir. Había sido un proceso de selección largo y riguroso, pero finalmente lo logré: Encargada de Finanzas en una de las mayores multinacionales de telecomunicaciones del país.
El trayecto en metro fue corto, ya que no vivía tan lejos del centro donde se ubicaba la empresa. Al bajar en la parada, la imponencia de los edificios me recordó por qué amaba esta ciudad: aquí, yo no era "la chica de los Rossi que huyó de Sitges", aquí era una profesional con un futuro.
Cuando llegué frente a la torre de cristal de Elaris, me detuve un segundo a admirar la fachada. El sol se reflejaba en los ventanales, dándole un aspecto imponente. Me sentía orgullosa; nadie me había regalado este puesto.
—Buenos días, bienvenida a Elaris Group —me saludó la recepcionista.
—Buenos días. Soy Elena Rossi, hoy es mi primer día.
Pasé la mañana sumergida en contratos y balances. La Sra. Garrido, de Recursos Humanos, me dio la bienvenida oficial.
—Elaris es una empresa exigente, Elena. El CEO es un hombre joven pero muy estricto; no tolera los errores. Actualmente está de viaje de negocios en Madrid, pero volverá mañana. Te sugiero que tengas el informe del trimestre listo para su revisión.
—No se preocupe, Sra. Garrido. Estará perfecto —respondí con una sonrisa. Estaba agradecida de que el gran jefe no estuviera; me daría tiempo para aterrizar antes de conocer al "terrible" directivo del que todos hablaban con tanto respeto y un poco de miedo.
Para cuando salí de la oficina, el cielo de Barcelona empezaba a teñirse de violeta. El cansancio físico era real, pero la satisfacción me daba alas. Al llegar a casa, el olor a pasta con tomate que Sofía estaba preparando me recibió desde el pasillo.
—¡Ya estoy aquí! —anuncié dejando las llaves en la mesa.
Unos pasos rápidos y llenos de energía resonaron sobre el piso. Antes de que pudiera dejar mi bolso, un cuerpo pequeño se aferró a mis piernas.
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Editado: 03.05.2026