ANTUAN
El olor era denso, la sangre olía a metal oxidado y se estaba impregnando en mi piel, la sangre de mi hermana. Asesinada por una orden de su propio padre, nuestro padre.
Estaba perplejo, sin poder conectar con la realidad y mi entorno, me dolía, ella merecía vivir, seguir luchando. Pronto un frio interior se apoderó de mi cuerpo, y los temblores se me hicieron presentes, incontrolables, incluso comencé a chasquear los dientes. Mi cabeza revivía una y otra vez el momento, una y otra vez la forma en que su cuerpo caía al suelo sin vida. Apreté los ojos, cerrando los puños contra mis costados, tratando de contraer todo lo que ahora mismo estaba sintiendo, que se sentía como estar agonizando.
Recordé las palabras de mi madre:
"Sé fuerte, no derrames lágrimas. Fiscaliza tu poder, controla tu ira, respira despacio y en silencio, no bajes la guardia, no dejes que ningún tipo de dolor te controle, ni por muy grande que sea. Deja de pensar en ello, limpia tu sudor, oprímelo con fuerza en el pecho". "Porque eso, es lo que se debe hacer en un momento difícil"
El auto siguió andando hasta que la noche llegó, no miré a nadie, no los escuché y ni siquiera me percaté de cuál era el plan ahora, qué más daba, en este momento ya no quería ni siquiera seguir con vida.
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Editado: 18.03.2026