MELANIE
El auto se detuvo en un edificio totalmente deteriorado, con las letras medio caídas que formaban un hotel de cinco estrellas. Mi madre nos hizo caminar entre escombros y polvo. Las pisadas provocaban demasiado ruido, un ruido que era doloroso, y culposo; me mordí el labio, tratando de sostener el quejido que quería escapar de ellos.
—Deben quedarse aquí hasta que pueda arreglar lo que pasó — explicó mi madre, haciendo que nos detuviéramos en medio de lo que fue una recepción. Nadie dijo nada, y al juzgar por su rostro, ella esperaba que estuviésemos un poco animados para seguir con el plan.
—¿Y si Hatway murió? —Pregunté, mirándola—, ya no tiene sentido seguir con el plan.
—Él no está muerto, el suero enigmático lo curará de inmediato —Nos alertó, y miré mi pulsera brillante—; les pido tres días, solo eso. De nueva cuenta no hubo palabrería a lo que dijo, realmente a quién le importaba.
No me atreví a mirar a Antuan a los ojos, ni siquiera estar muy cerca de él, quizá si yo no hubiese salido, ellos tampoco, y todo esto, no estuviera pasando.
—Descansen todo lo que puedan, busquen una habitación no tan deteriorada, y me pondré en contacto para sacarlos de aquí —Mi madre, dicho eso, se retiró sin esperar ya nada.
Los vi darse la vuelta para comenzar a subir escalones. Yo también estaba cansada, y durmiendo me iba a olvidar de todo lo que habíamos presenciado hoy. Por otra parte, estaba decepcionada de que Hatway no haya muerto. Ahora sabría que fui yo la que intentó atentar con su miserable vida.
Las puertas en su mayoría estaban derribadas, todas mostrando habitaciones mal hechas, sucias y mal olientes. Seguimos subiendo, y subiendo hasta que algunas habitaciones decentes se tornaron frente a nuestros ojos.
Beth desapareció con Marcus en una después de que Antuan diera un portazo en otra. Perla se metió y Katherine la siguió en otra. Me quedé en el pasillo, mirando lo largo y polvoso que era; con los ojos grises de James mirándome a dos metros. Gimoteé y no tardó mucho en caminar a mí para sostenerme y abrazarme, acariciando mi espalda cada que un brinco inconsciente me hacía dar un suspiro de dolor.
—No fue culpa tuya —habló, como si supiera lo que estaba pensando—, no debimos salir todos tras de ti.
Negué, apretándome a su pecho.
—No debí ir, tuve que esperar como los demás, y dejar de ser tan terca...
Me hizo callar, colocando su dedo en mis labios, sosteniéndome con fuerza para llevarme dentro de una habitación y sentarme en el colchón polvoriento.
—Duerme un poco, lo necesitas —Me exigió, quitando mis botas y subiendo mis piernas al colchón.
Tomé la pose fetal, y dejé que James me abrazara, y su calor me ayudó bastante, afuera hacia demasiado frio, y mi culpa me iba a carcomer viva si estaba sola.
—Ya verás que él no te arrojará la culpa de nada —musitó cuando el sueño me trasladó.
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Editado: 18.03.2026